El control de cambios terminará afectando a provincias exportadoras

En este período el dólar está más alto que cuando el cepo se impuso en 2011, por lo que al inicio el efecto sobre las ventas externas es menor. En este lapso las jurisdicciones más golpeadas serán las norteñas.

El control cambiario impuesto por el Gobierno estabiliza el precio del dólar pero, en una economía inflacionaria, se perjudica la actividad exportadora intentando proteger al consumo. Es decir, no se resienten tanto las ventas en el mercado interno. El economista Jorge Day del Ieral indica el cepo actual es menos restrictivo que el de 2011 y el precio del dólar es “más realista”. A su entender es clave lo que pase después del 10 de diciembre, aunque la mayoría de los especialistas descarta que vuelva el dólar libre.
Day sostiene que si el control se mantiene o se intensifica, podría pensarse en impactos similares a los observados durante el periodo anterior. Una diferencia es que el dólar estará más caro, lo cual no necesariamente afectarán tanto a las exportaciones en el inicio. Otra diferencia es que las finanzas del gobierno continuarán complicadas, y con poca probabilidad de conseguir financiamiento ¿Se recurrirá a la emisión monetaria?
“Deberán ser cuidadosos con la inflación, por lo que es una decisión muy difícil. Todo esto adelanta que la expansión del gasto público debería ser mucho más moderada que la observada en el periodo del cepo”, señala y aclara que desde una perspectiva regional, en la actualidad es más notoria la contracción del mercado interno, con gobiernos con problemas financieros, por lo cual es esperable que en estos meses las regiones norteñas se vean más afectadas. Posteriormente, si se mantiene el control cambiario, el impacto negativo lo afrontarían las regiones más exportadoras, aunque por el dólar alto, inicialmente a un nivel más leve que hasta 2015.
Entre 2011 y 2015 el cepo se caracterizó por el estancamiento de la economía y del empleo privado. Hubo un leve incremento en el consumo pero cayeron la inversión y, en mayor porcentaje, las exportaciones. Esto en el contexto de un fuerte aumento del gasto público.
En aquella etapa las exportaciones ser vieron muy perjudicadas porque el tipo de cambio oficial se atrasó, pero los costos para producir adquirieron dinámica propia. Por ejemplo, los costos de logística subieron un 15% en dólares en el período y los laborales lo hicieron un 25%.
En ese lapso las provincias del NEA y del NOA tuvieron una performance superior al promedio por la incidencia del gasto público. Sin embargo, la región pampeana y Cuyo atravesaron un período de estancamiento. La Patagonia, hacia el fin de la etapa, se vio beneficiada por la actualización del precio de petróleo en el mercado interno.
Plantea que en la Argentina, las diferencias regionales se explican principalmente por sus distintas estructuras productivas. La región pampeana -donde están las tres economías provinciales más grandes del país- es la más exportadora, y dada la relevancia de su sector privado, es menos dependiente de los fondos nacionales (en neto aportan más de lo que reciben).
En cambio, el norte es menos exportador (el NEA principalmente) y las provincias de esa región son más dependientes del sector público. La patagónica tiene características similares a las norteñas, pero con la gran diferencia de contar con petróleo, que genera altos ingresos. Así, el cepo hasta 2015, fue más beneficioso para las más dependientes del sector público.
No a todos los sectores les fue mal en ese cepo, indica Day. La administración pública fue el con mejor desempeño (mayor gasto público); también lo fue el suministro de Electricidad, Gas y Agua. Aumentó su demanda, no tanto porque la economía crecía, sino porque seguía rezagándose sus tarifas con respecto a la inflación (por ser más baratas, se consumió más energía). Hasta 2013 hubo un impulso en el sector financiero (más préstamos y depósitos, netos de inflación, pero luego cayeron en 2014 vinculado con la devaluación).
Entre los más afectados, estaba la industria (principalmente autos), y el comercio (especialmente luego de la devaluación 2014). Construcción se estancó con sus vaivenes. Y minería tenía tendencia decreciente (por petróleo).
Por el cepo, el exportador se vio perjudicado al recibir un dólar más barato, o sea, sufrió un incremento en los costos para exportar; los de logística aumentaron un 15% en dólares, mientras que el costo laboral lo hizo en un 25%. Salvo excepciones, en la mayoría de los productos exportados desde Argentina no se observó que sus precios internacionales aumentasen en esos porcentajes, lo cual perjudicó la dinámica de las ventas al exterior.
Por tal razón, se desalentaron las ventas externas. Desde una perspectiva regional, todos los rubros empeoraron sus ventas al exterior en el periodo en que rigió el cepo. El peor sector fue el petróleo, especialmente en 2015, luego de una fuerte caída en su precio internacional (se redujo a un tercio en dólares).