Rehenes de la evolución

Con la única intención de estar apto para ingresar en la carrera por la entrega de los premios Oscar, hoy se estrena en salas el largometraje “The Irishman”, de Martin Scorsese, que una vez transcurrida su única semana en cartel, estará disponible en Netflix a partir del miércoles 27 de noviembre.

Por J.C. Maraddón
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A lo largo del siglo veinte, que ha sido la centuria en que los cambios tecnológicos adquirieron una velocidad descomunal, se verificaron en diferentes momentos competencias feroces entre artefactos, soportes o formatos. Y en varias ocasiones esas compulsas han terminado en una convivencia consensuada, donde una innovación, tras un lapso de reinado, debía aceptar de manera resignada lo que venía a reemplazarlo, aunque en vez de quedar fuera de escena definitivamente, subsistía por la preferencia de un segmento del mercado en el que seguía siendo favorita.
Estas idas y vueltas han sido una constante en la industria del entretenimiento. Y de forma cada vez más vertiginosa. En su momento se creyó que la televisión aplastaría al cine y a la radio, cuando irrumpió con potencia arrolladora y se hizo cargo de la diversión desde un lugar preferencial dentro de los hogares.
Sin embargo, no pudo liquidar el encanto de ese ritual que consistía en salir para ir al cine y ver las películas en grandes pantallas, que incluso se hicieron más grandes justamente para amplificar sus ventajas comparativas.
Las empresas productoras aprovecharon ese artilugio para ofrecer filmes de romanos, de cowboys, de guerra o de aventuras, que sacudían a los espectadores como nunca lo podría hacer la TV. La radio también presentó batalla y, pese a los pronósticos agoreros, resistió hasta hoy, sobre todo gracias a la virtud que representa su esencia: puede acompañar al oyente sin exigirle que ponga toda su atención en los contenidos que se están emitiendo. A diferencia de la tele y el cinematógrafo, que obligan a posar la vista en ellos, la radiofonía solo pide que le prestemos oídos, mientras desarrollamos cualquier otra tarea que no nos condene a una escucha exclusiva. Así, los tres prodigios tecnológicos siguen vigentes, más allá de que todo indicaba que uno de ellos iba a borrar a los otros dos.
El cine se vio también compelido a medir fuerzas años más tarde con rivales que parecían destinados a quitarle su cetro. El videocasete se le plantó al frente con ímpetu desafiante y la TV por cable ayudó a rodear el vetusto invento de los hermanos Lumière hasta dejarlo al borde del colapso.
Sin embargo, los complejos multisala y la proliferación de las películas en cartel a que eso dio lugar, abrieron una salida elegante que sostuvo el crecimiento de la industria y que capturó la voluntad del público desde distintas perspectivas. Ahora,sin embargo, el séptimo arte se pertrecha ante una posible batalla final.
El streaming le ha asestado una embestida furiosa, cuyas consecuencias son imprevisibles por el momento, pero que presagian lo peor para la fábrica de sueños. Ante ese ataque, desde Hollywood han decidido defender su terreno con uñas y dientes y buscan acorralar a Netxflix y a todos los demás en una categoría que los deje fuera del concepto de cine. Y, por ende, procuran que los productos manufacturados con el fin de ser vistos por los usuarios de esas plataformas, no tengan entidad para participar en la entrega de los Oscars.
Con la única intención de estar apto para ingresar en esa carrera, hoy se estrena en salas el largometraje “The Irishman”, de Martin Scorsese, quien reclutó un elenco encabezado por Robert De Niro y Al Pacino. Una vez que haya transcurrido su única semana en cartel, la película estará disponible en Netflix a partir del miércoles 27 de noviembre, en una absurda réplica contra sí misma.
Caprichos de un soporte que no quiere perder sus privilegios y otro que aspira a llevarse todo por delante. Y en el medio, los espectadores como rehenes de una evolución que se parece demasiado a una batalla mortal.