No hay sitio en donde no esté

El primer concierto de la gira “Fuerza natural” de Gustavo Cerati, que arrancó en Monterrey, es el eje de un documental dirigido por Diego Álvarez, que fue estrenado ayer en distintas ciudades (incluida Córdoba), como conmemoración de los diez años transcurridos desde esa noche extraordinaria.

Por J.C. Maraddón
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Hasta los comienzos de la década del ochenta, el rock en la Argentina era un fenómeno de cabotaje, que se había dado a conocer en el extranjero por obra de exiliados en México (Litto Nebbia), Estados Unidos (Gustavo Santaolalla, Aníbal Kerpel) o Europa (Moris, Miguel Abuelo, Miguel Cantilo y otros).

Por mucho talento que expusieran en su trabajo los artistas nacionales, les resultaba casi imposible trascender más allá de las fronteras, porque los vértices del rock internacional se encontraban desde sus orígenes en el hemisferio norte. Demasiado lejos para quienes habían resuelto incursionar en ese género desde estas latitudes australes. Fue tan grande el impulso que recibieron esos pioneros cuando se promovió la difusión de música en castellano durante la Guerra de Malvinas, que coparon el mercado local, donde antes se los marginaba, y al poco tiempo salieron a la conquista de los países vecinos, para luego protagonizar una escalada continental.

Después de que los ecos de ese suceso llegaron hasta México, el mercado latino estadounidense quedó a un paso y bandas como Soda Stéreo, Los Fabulosos Cadillacs o Los Enanitos Verdes consiguieron arribar al epicentro de la industria discográfica mundial, cuyo acceso hasta ese momento parecía imposible para los rockeros argentinos. Tal vez uno de los abanderados de esa actitud expansiva haya sido Gustavo Cerati, quien siempre supo combinar en sus composiciones las tendencias globales de vanguardia con un toque exquisito de color autóctono. Y cuando le tocó salir a reencontrarse con sus fans de otros países en calidad de solista, cosechó el fervor que había sabido ganarse junto a Soda Stéreo y multiplicó esa apuesta a través de un repertorio que tenía muchísimas aristas personales, pero que se entroncaba a la perfección con la obra de aquel trío, del cual no en vano había sido el principal mentor.



En 2009, al momento de grabar y salir a defender en vivo el que iba a ser su último disco de estudio, “Fuerza natural”, se rodeó de un seleccionado de músicos que representa lo más granado de la aristocracia rockera de los últimos 40 años. Para empezar, sumó dos guitarras a la propia: la de su eterno socio Richard Coleman, ícono ochentoso del grupo Fricción, y la de Gonzalo Córdoba, que en los noventa tocó en banda Suárez. En batería, el infaltable Fernando Samalea, otro héroe de Fricción que también brilló con Clap, Metrópoli y el mejor Charly García. En bajo, un ex Illya Kuryaki, Fernando Nalé. Y en teclados, Leandro Fresco, compañero de aventuras de Cerati en el nuevo siglo. Junto a la corista Anita Álvarez de Toledo, esta es la formación que acompañó al cantante durante la gira de presentación de ese disco, que se iba a interrumpir abruptamente, cuando Gustavo Cerati sufriera un ACV el 15 de mayo de 2010, después de un show en Caracas.

El primer concierto de ese tour, que arrancó en Monterrey el 19 de noviembre de 2009, es el que registra un documental dirigido por Diego Álvarez, que fue exhibido ayer en distintas ciudades (incluida Córdoba), como conmemoración de los diez años transcurridos desde esa noche. Por más que en diciembre de 2009 se verificó el paso del mismo recital por el Orfeo Superdomo, este filme le otorga a ese espectáculo un realce notable. La calidad del sonido y la cercanía con los intérpretes que otorgan las cámaras, alimentan otra perspectiva de ese recuerdo que se agiganta hoy, tras la muerte de Cerati en 2014.

La virtud de esta película es que da acceso, en poco más de dos horas, al testimonio directo de por qué el rock argentino rompió las barreras geográficas y de cuánto tuvo que ver en eso el líder de Soda Stéreo.