Fernández quemó puentes con el aborto

Hace pocos meses sostuvo que no era un tema urgente, pero ahora dijo que habrá proyecto (y de su autoría) “cuanto antes”. El Vaticano ya pasó factura.

Hasta mayo, el posicionamiento de los candidatos sobre el aborto no resaltó en la agenda política, más allá de las campañas que comenzaron (y cerraron) prácticamente basadas en el embanderamiento verde o celeste, según el caso.
Sin embargo, las declaraciones de Alberto Fernández sobre el asunto lo introdujeron nuevamente en el debate público; especialmente, por su tenor.
Desde Río Gallegos, el por entonces precandidato presidencial sostuvo que la legalización de la práctica no era urgente e, incluso, se inclinó por la conveniencia de la despenalización.
“Es un tema que parte a la Argentina en dos y todos los temas que dividen a la Argentina no son buenos”, afirmó.
El tono moderado de Fernández no evitó que el tópico se instalara. Captar votos era imperativo y era necesario borrar de la memoria del electorado pro vida el súbito cambio de parecer de la senadora Cristina Fernández de Kirchner, quien militó y sumó su voluntad para que saliera la polémica ley que se discutió el año pasado. También era necesario eliminar del archivo de los votantes pro aborto la opinión original de la ex mandataria, quien se pronunció en reiteradas ocasiones en contra del aborto y no impulsó ni respaldó propuesta alguna tendiente a legalizarlo o a despenalizarlo mientras estuvo en el poder.

Bondades de la grieta
Pasaron los meses y el ahora mandatario electo revaluó las bondades de la grieta: el fin de semana, anunció que luego de asumir le enviará “cuanto antes” al Poder Legislativo un proyecto sobre Interrupción Voluntaria del Embarazo. Y no se trata de un texto cualquiera, ya que será de su autoría.
“Quisiera que el debate no sea una disputa entre progresistas y conservadores, entre revolucionarios y retrógrados, es un problema de salud pública que debemos resolver y hay que asumirlo así”, manifestó.
Las repercusiones de semejante adelanto entre los referentes cercanos al Papa y, por elevación, aliados del presidente electo, no se hicieron esperar. Un caso es el del arzobispo de La Plata, Víctor “Tucho” Fernández. “Si yo pudiera hablar con Alberto le preguntaría si vale la pena comenzar su mandato con un tema que tanto divide a los argentinos y que tanta tensión ha provocado. Pero me preocupa más otra cosa: yo le escuché decir, antes de las elecciones, que no consideraba que este tema fuera una prioridad o una urgencia, que dividía al país y que había que analizarlo bien y con tiempo. Muchos le votaron confiando en estas palabras”, disparó el religioso.
“Podemos estar codo a codo defendiendo los derechos sociales, buscando un país productivo e inclusivo, pero es mi derecho decir lo que pienso sobre este tema, aunque sé que también me expongo a una nueva catarata de descalificaciones”, acotó.
La Santa Sede también acusó recibo y peligra la visita de Alberto Fernández a Francisco en Santa Marta, que se planificaba en el marco del viaje a Francia e Italia que emprenderá en los próximos días.
Se desconoce si el texto que Alberto Fernández prepara prevé la legalización o la despenalización.
Cabe recordar que en 2018, mientras naufragaba en la Cámara Alta el proyecto para legalizar, se pusieron en marcha gestiones para discutir la alternativa más suave que, probablemente, será la que reflote el próximo titular del Ejecutivo: despenalizar.
La idea comenzó a definirse ante el escenario de derrota que se presentaba. El presidente del PRO a nivel nacional, Humberto Schiavoni, intentó sumar voluntades dentro del oficialismo, pero no tuvo éxito y se consolidó la grieta interna entre verdes y celestes.
Sin embargo, los partidarios de “sacar algo” durante la sesión no desistieron. Al inicio, los senadores Omar Perotti (PJ-Santa Fe) y Lucila Crexell (Movimiento Popular Neuquino) pidieron que se tratara una iniciativa que habían presentado al respecto.
En el recinto, Perotti promovió la estrategia como una manera efectiva para avanzar en el camino hacia una eventual legalización suprimiendo el castigo para las mujeres que decidan interrumpir sus embarazos, pero el por entonces jefe del bloque Justicialista, Miguel Pichetto, se inclinó por el todo o nada y frenó las tratativas, que tampoco contaban con el visto bueno de los representantes del FpV.

Salud pública
Aunque Alberto Fernández promueve bajar el nivel de confrontación, acudió al argumento “salud pública”, que suscitó y suscitará polémica.
Se trata de la premisa que sostiene que los abortos clandestinos representan la primera causa de mortalidad entre las mujeres, una afirmación que fue desmentida por el Observatorio de los Derechos del Varón y del Niño, vía estadísticas que reflejan que representan el 0,025 por ciento del total de defunciones femeninas, sin diferenciar entre provocados y espontáneos, precisando que durante el 2016 los decesos fueron 43.
El arzobispo platense “Tucho” Fernández no ahorró palabras para criticar ese fundamento. “Si se dice que se trata sólo de un tema de salud pública, entonces estamos queriendo agarrar al chancho por la cola, o poniendo el carro antes que el caballo. Porque de las muertes maternas que hay en el país, una pequeña parte es por aborto procurado. Más del 80 por ciento de estas mujeres se mueren por llegar al parto desnutridas”, enfatizó.