El reparto del poder en Congreso impacta en Córdoba

Suenan Máximo Kirchner como jefe del interbloque oficialista en Diputados (en lugar de Rossi) y Oscar Parrilli como presidente provisorio en Senado. Las relaciones con el gobierno y el PJ provincial en ese escenario.

Por Bettina Marengo
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La reunión entre Alberto Fernández y Cristina Kirchner que se produjo el lunes pasado, un día después de que la vicepresidenta electa regresara al país, era una de las cumbres más esperadas en mucho tiempo en la política argentina. No porque sus protagonistas estuvieran en conflicto y necesitasen el téte- a-téte para resolver una crisis, sino porque de esa conversación dependían acuerdos para el funcionamiento del nuevo oficialismo nacional. Y que lógicamente tendrán repercusiones en todo el organigrama del Frente de Todos, incluido el acápite Córdoba.
Más que una novedad, fue un dato que el diputado nacional Máximo Kirchner haya participado de ese encuentro. Cuando finalizó, trascendió que el hijo mayor del matrimonio Kirchner podría convertirse en el jefe del interbloque del Frente de Todos (o como se llame) en la Cámara de Diputados de la Nación que desde diciembre presidirá Sergio Massa. Hasta ahora se hablaba de Agusín Rossi para el interbloque. El actual jefe de bloque de Unidad Ciudadana es K pero no pertenece a La Cámpora, organización que lidera Máximo y que en la división del trabajo político con Alberto Fernández confeccionó las listas legislativas.
Si estos cambios se confirman, significará que Cristina Fernández y el kirchnerismo tradicional se quedarán con el manejo de los bloques parlamentarios del oficialismo en Diputados, además de con todo el poder en el Senado. En la cámara alta será la presidenta natural y quien definirá qué senador o senadora ocupará la Provisoria. Comenzó a sonar para ese rol el nombre de Oscar Parrilli, senador por Neuquén, ex secretario General de la Presidencia y dirigente absolutamente fiel a Cristina. La historia de la relación entre Parrilli y el gobierno de Córdoba es mala; fue el funcionario a quien José Manuel de la Sota acusó de negarse a enviar la gendarmería a Córdoba cuando se produjo el levantamiento policial de diciembre de 2013.
Mientras cada vez queda más claro que en el Senado habrá dos bloques oficialistas (ayer volvió a decirlo Carlos Caserio), uno del PJ con los senadores que responden a los gobernadores y otro que reporta directamente a Cristina. Todavía no se sabe si funcionarán por separado o como interbloque (como en Diputados) con una jefatura puesta por Cristina. Las versiones ubican en ese lugar a la mendocina camporista Anabel Fernández Sagasti, también muy cercana a la exmandataria.
Si este es el esquema de poder en el Congreso, amerita lecturas para Córdoba, más allá del viejo encono entre Parrilli y el gobierno provincial.
La diputada nacional Gabriela Estévez, quien logró su reelección en octubre, es la principal referencia de La Cámpora en Córdoba. De movida, la jefatura del interbloque Frente de Todos en manos del diputado Kirchner es una muy buena noticia para Estévez: se trata de su jefe político más directo.
En el caso de los otros dos diputados cordobeses del Frente de Todos, la relación con el hijo de la expresidenta es menos entusiasmante. Pablo Carro, con mandato hasta el 2021, está hoy recostado políticamente en el esquema Caserio del albertismo cordobés. Y Máximo fue el dirigente que llamó a Córdoba aquella noche de abril, horas antes de que venciera el plazo legal para presentar las listas, y dio la orden de bajar la candidatura de Carro a la Gobernación de Córdoba. Si bien fue una decisión de Cristina Kirchner para dar una señal al gobernador Juan Schiaretti y para evitar una elección menor a los dos dígitos en la provincia, el pedido concreto provino del diputado nacional.
En tanto, Eduardo Fernández tiene su propio partido, el Solidario, que a nivel nacional conduce el banquero Carlos Heller. Heller tiene buen vínculo con CFK y de hecho el primer lugar de Fernández en la lista de diputados por Córdoba fue un tributo al CEO del Credicoop que acompañó a los Kirchner casi desde los inicios en el gobierno nacional.
Por lo demás, los diputados del albertismo-kirchnerismo cordobés no tienen una relación fuerte con Massa, el presidente del cuerpo, cuyo vínculo con Córdoba pasa por el peronismo delasotista y concretamente con Natalia de la Sota.
En cualquier caso, los votos no le sobrarán a Alberto Fernández en la cámara baja. Para Máximo, si finalmente desplaza a Rossi, significará la necesidad de contener a todos: camporistas, no camporistas, renovadores y evitistas.
La necesidad que tendrá el nuevo oficialismo de tejer alianzas para llegar al quórum hace prever también cómo será la relación con los cuatro diputados de Hacemos por Córdoba que no se sumarán al albertismo sino que se mantendrán en Córdoba Federal. Son parte de un grupo de diputados “de los gobernadores” que los operadores parlamentarios del futuro presidente considera muy importante tener de amigos.
Si bien Alberto Fernández y el kirchnerismo paladar negro están molestos con el gobernador Juan Schiaretti por el resultado de las elecciones en Córdoba, y la relación de éste con CFK siempre ha sido muy distante, fuentes cercanas al Centro Cívico opinaron que Máximo “ha crecido mucho” políticamente hablando. Es decir, que lo ven como un interlocutor correcto. En todo caso, las necesidades son mutuas: necesidades políticas del oficialismo nacional y de apoyo económico por parte del gobierno provincial. Todo un capítulo que todavía no comenzó a escribirse.