Déficit fiscal: ¿Y si se intentara bajando impuestos?

Un informe privado plantea que el Consejo Económico y Social que impulsa Fernández puede ser el “ideal para definir un sistema tributario que genere las bases para un proceso de desarrollo económico sostenible”.

Recesión económica con alta carga tributaria para quienes operan formalmente, junto con altos incentivos a evadir y a competir deslealmente y con una pérdida importante de recursos fiscales. Ese es el diagnóstico del Iaraf, el instituto que dirige Nadín Argañaraz, quien entiende que el camino no debería ser el habitual, de subir impuestos. “Debería darse una discusión de ideas tendientes a bajar la carga o a crear incentivos transitorios que promuevan la generación de base imponible”, señala.
Plantea, por ejemplo, que se puede incentivar transitoriamente el uso de ahorros personales para financiamientos productivos, la realización de determinadas inversiones, la contratación formal de mano de obra, etc. “El camino de la baja de carga tributaria debería llevar a incorporar a la base imponible que hoy está oculta, disminuyendo paralelamente los incentivos a la competencia desleal hoy existentes -agrega-. El resultado de este proceso debería ser: menores alícuotas, menos competencia desleal y más base imponible”.
En ese contexto indica que el presidente electo Alberto Fernández tiene un enorme desafío por delante. En materia tributaria una opción posible sería que conjuntamente con la reestructuración de la deuda y la definición de la política de gasto público, se discuta y defina una reforma de nuestro sistema tributario. Para el Iaraf el ámbito de un Consejo Económico y Social puede ser el “ideal para definir un sistema tributario que genere las bases para un proceso de desarrollo económico sostenible”.
“De este Consejo puede surgir el proyecto de ley o los proyectos de ley que luego trate el Congreso de la Nación. Serían dos instituciones clave para avanzar, sin parches, en un nuevo sistema tributario. Se podría fijar un plazo de seis meses para la definición y sanción de leyes que definan la política tributaria. La clave sería partir de la visión integral de la reforma, teniendo como base el nivel y composición de la carga tributaria actual, y el cómo se espera desarrollar económica y socialmente a nuestro país”, propone.
Este año cerrará con un desequilibrio primario que es del orden del 1% del PIB; la proyección de la consultora es que si se toma un sendero razonable de recaudación y de gasto público ajustable por movilidad para 2020, es esperable un déficit primario de al menos 2% del PIB el año que viene. Esto hace muy difícil pensar en tener superávit primario, lo que en principio sería lo más lógico para demostrarle a los acreedores una capacidad de pago razonable de la deuda.
El reporte insiste en que para cerrar el agujero fiscal en general se analiza subir impuestos existentes o crear nuevos con carácter transitorio. Así, hay 163 tributos contando los niveles nacional, provincial y municipal (además hay que sumar todos los regímenes de recaudación anticipada que tienen varios de ellos). Existe una verdadera maraña de impuestos, tasas y contribuciones que generan un costo de cumplimiento que se suma al ya elevado costo del impuesto definido en las respectivas normativas.
El Iaraf subraya que es esencial tener en claro qué carga tributaria recae sobre aquel que opera en blanco dada la compleja estructura de nuestro esquema tributario. Entre 2011 y 2015 la carga tributaria fue creciente pasando del 49% en 2011 al 53,2% en 2015. A partir de 2015 se inició un descenso, llegando este año a ser del 49%. Este año la carga tributaria, luego de haber crecido durante cuatro y bajado durante otros cuatro, es igual a la de 2011, que ya tenía un nivel elevado.
Cuando se está en la formalidad, la carga tributaria está en el orden del 50% del ingreso, un nivel que genera altos incentivos a evadir y por esa vía una creciente competencia desleal entre quien paga todo lo que corresponde y quien no paga todo. “La competencia desleal deriva en crecientes ineficiencias en la asignación de los recursos, ya que la evasión pasa a ser uno de los pilares de rentabilidad de un negocio”, describe el informe.
Una evidencia concreta de que efectivamente existe una elevada evasión tributaria en Argentina lo brinda el nivel de recaudación del IVA que se pierde anualmente. Según la AFIP), su evasión del impuesto ascendía en 2018 al 33%. Considerando la importancia del IVA, con estos niveles de evasión se pierde de recaudar cada año un 3% del PIB.