Numismática albertista

Ahora resulta que algunos quieren volver a cambiar los billetes, una excusa perfecta para volver a definir la lista políticamente correcta de próceres que veríamos a la hora de comerciar.

Por Javier Boher
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¡Buen día, amigo lector! Ya estamos en el último tirón del año, así que hay que armarse de paciencia y soportar lo que nos queda. El 8 de diciembre va a ser feriado, así que espero que haya disfrutado este fin de semana largo que nos dio algo de aire hasta que llegue el 10 de diciembre.
Lo estuve meditando mucho a lo largo de estas jornadas de ocio contemplativo y he tomado una decisión: Alberto Fernández no puede ser más el Capitán Beto. Muchas cosas me hicieron rever el apodo, pero definitivamente la tira de cómic que algún groupie kirchenrista publica en redes terminó de inclinar la balanza.
No le voy a mentir, algo tiene que ver el hecho de que Spinetta me parece muy aburrido y digno exponente de la intelectualidad del kirchnerismo: todo muy floreado, adornado con palabras complejas y con una pretensión de ubicarse por encima del resto. No le resto mérito artístico (como tampoco le resto mérito político al kirchnerismo), pero simplemente me parece exagerado y lejos de la plebe.
Además, un grado militar no pega con el nuevo referente del kirchnerismo. Aunque son muy de admirar a los comandantes o subcomandantes en ropa de fajina, “capitán” no suena muy revolucionario como para acompañar un proceso de transformación radical como el que quieren arrancar ahora.
Pensando en cómo lo podía reemplazar, la respuesta siempre estuvo ahí, más fácil que encontrar a Wally en la Bombonera. Por toda la rosca que le han dado a su trayectoria docente en la UBA, Alberto no puede ser otra cosa que “El Profesor” Fernández, así que a partir de ahora quedará rebautizado.

Numismática del cuarto período
El tema de las nominaciones es fundamental en el mundo. A todo es necesario ponerle nombre, ¿o nunca escribió el propio en el banco de la escuela, o en un auto tapado con tierra? Es tan importante que en una entrevista a Página/12 se pronunció sobre los animales en los billetes, que preferiría cambiar por próceres o personajes argentinos destacados.
Hay que darle la derecha porque aclaró que antes tiene otras cosas más urgentes para hacer, aunque a muchos de sus adherentes les parezca fundamental restituir a Evita por la Taruca, Rosas por el Guanaco o a Sarmiento por el Cóndor. Hay que reconocer fino humor inglés de la elección, con Sarmiento calvo como el Cóndor y la taruca cornuda como… Roca, seguro que como Roca.
Así de la nada, algunos se pusieron a pensar en quiénes podrían llegar a integrar los nuevos billetes. Si dependiera del kirchnerismo duro, seguramente el “Che” Guevara estaría en algún billete, seguro algún color tipo naranja o rojo, para que no se pierda en la selva.
Alguno es capaz de pedir a Facundo Quiroga o a Felipe Varela, porque les encantan los caudillos que defendían la barbarie del interior. No me extrañaría que además pongan a Güemes y Juana Azurduy, parte del staff más o menos estable de Zamba en Paka Paka.
El peronismo ortodoxo lo quiere si o si al General Perón, y en un acto de magnanimidad capaz aceptan un Yrigoyen para dejar conformes a sus primos radicales, con los que comparten el gen movimentista. Esa rama peronista seguro prefiere poner a Maradona, Gardel, Bonavena y todas esos ídolos paganos.
Resulta casi imposible pensar a alguien pidiendo a los premios Nobel Argentinos de verdad, los de ciencias, porque Pérez Esquivel podría llegar a andar (aunque por el valor de sus opiniones sobre el periodismo yo no le dejaría mucho más que una moneda de esas que después con la inflación se devalúan al punto que conviene perforarlas y usarlas de arandelas).
La decisión salomónica la tiró en twitter @falsoboris, siguiendo los pasos de la dialéctica: “Tesis: billetes con próceres. Antítesis: billetes con animales. Síntesis: billetes con caras de próceres y cuerpo de animales. ‘¿Tenés cambio de un Rocaguareté?’”. Mi propuesta, sin embargo, sería hacer más estética esa lógica, evitando llenar los billetes de iconografía egipcia inconducente.
La propuesta es simple: próceres o políticos con apodos de animales, para que se cumpla la síntesis pero manteniendo una imagen presentable para los inversores extranjeros que no quieren que les den papeles con imágenes de casos testigo de Chernobyl.
Hay algunos que irían de cajón: Roca era el zorro e Illia la tortuga. Yrigoyen, el peludo. Habría algunos problemas con presidentes a los que el bronce les queda grande, como Macri u Onganía -el gato y la morsa- y seguramente de Néstor -el pingüino- muchos digan lo mismo.
Otro que hubiese quedado muy bien en los billetes -aunque sin cargo presidencial- hubiese sido el Bisonte Alende, al que le debería tocar un billete de baja denominación y tendiente al olvido por la inflación, como su Partido Intransigente.
Los cordobeses sólo tuvimos un burrito, con Juárez Celman, porque el Chancho sólo llegó a Ministro del Interior. Eso sí, si quisieran contener al mal llevado pueblo cordobés, el único animal sagrado en estas tierras sería la Mona, aunque no sea político.
¿Quién le dice, amigo lector? En una de esas, con la nueva oleada nacional y popular que arranca en diciembre deciden empezar a cerrar un poco la grieta que nos separa. Elijamos creer.