El indulto de Bergoglio

La teoría del lawfare basada en la doctrina conspirativa sobre la connivencia entre jueces, medios de comunicación y corporaciones económicas para perseguir a los líderes populistas en la región que Alberto Fernández pacto con Cristina Fernandez, ya tiene la bendición papal para explicarle a la sociedad argentina que las causas por corrupción de los presos por corrupción K van a desaparecer por mandato divino.

Por Jorge González Schiavi

Decía Guy Sorman, el gran filosofo francés, cada vez que voy a la Argentina, desembarco en Ezeiza y no sé con qué país me voy a encontrar. Continua Sorman: “Argentina no es un país razonable. Si fuera una mujer —metáfora fácil pero que en este caso se ajusta perfectamente— no sería una esposa sino una amante. Irresistible, insoportable. Amante exigente, lunática, onerosa, traidora… pero a cuyos brazos resulta imposible no volver.
Cada elección en la Argentina abre una puerta a lo desconocido. El nuevo gobierno de Alberto Fernández que comienza el 10 de diciembre nos impone el interrogante de que nos espera en esta nueva etapa del peronismo en el poder. A casi 72 años del hito fundacional del peronismo, el movimiento político sigue despertando pasión y fuertes polémicas en el pueblo argentino. ¿Cómo se puede explicar su supervivencia y legitimidad en la actualidad?, pero en especial si los que vuelven son los mismos que gobernaron 12 años.
El populismo será entonces la forma de un Estado que dice fundar su legitimidad en la asunción de las aspiraciones populares y que, más que una estratagema desde el poder, resulta ser una organización del poder, que da forma al compromiso entre masas y Estado. Aunque en la historia argentina han existido otros Gobiernos —nacionales y locales— de carácter peronista y siguen surgiendo nuevas vertientes que adaptan la ideología a las necesidades de cada momento, la mayoría de las agrupaciones que hoy lo sostienen comparten rasgos comunes con la intención de base del justicialismo originario, en definitiva una nación habituada a la llegada de líderes populistas que reactivan la economía mediante estrategias keynesianas de corto plazo.
Pero si ello no fuere suficiente, el Papa Francisco les bendice con un perdón por vía procesal de los detenidos por casos de corrupción al nuevo gobierno que comienza. La teoría del lawfare basada en la doctrina conspirativa sobre la connivencia entre jueces, medios de comunicación y corporaciones económicas para perseguir a los líderes populistas en la región que Alberto Fernández pacto con Cristina Fernandez, ya tiene la bendición papal para explicarle a la sociedad argentina que las causas por corrupción de los presos por corrupción K van a desaparecer por mandato divino.
El Papa Francisco se refirió a los “abusos del poder punitivo” de las prisiones preventivas, horas después de que el kirschnerimo en el Congreso trata de poner un límite a las prisiones preventivas. Esa aplicación legal proclamada por el kirschnerismo desde hace tiempo pondría en libertad a todos los presos por corrupción que todavía no han sido juzgados por culpa de la responsabilidad de la corporación judicial, y por supuesto a mas de 8000 presos comunes que se benefician con el indulto pontificio.
Para el Papa Bergoglio el peronismo encarna la saludable conjugación entre pueblo y nación en la defensa de un orden temporal basado en los valores cristianos, e inmune a los liberales. En pocas palabras, el Papa Bergoglio es hijo de una catolicidad embebida de antiliberalismo visceral, que se erigió a través del peronismo en guía de la cruzada católica contra el liberalismo protestante, cuyo ethos se proyecta como una sombra colonial en la identidad católica de América latina.
¿Entonces Bergoglio es populista? Absolutamente, a condición de que ese concepto sea entendido como se debe. Llámese peronismo o de otra manera, los rasgos ideales del populismo antiliberal son siempre los mismos. En efecto, el populismo del Papa no tiene nada original, salvo la proyección global que su cargo le confiere. Para Francisco la pobreza le confiere al pueblo una innata superioridad moral.
En los barrios populares, dice el Papa, se conservan la sabiduría, la solidaridad, los valores evangélicos. Allí está la sociedad cristiana, el depósito de la fe. El Papa Francisco nunca escondió su predilección por los movimientos políticos y sociales populares y su rechazo a las clases medias. Así son las cosas para el Papa: la medida de la legitimidad del orden social es su fidelidad o no a la identidad religiosa del pueblo, entendido como lo entiende el populismo.
El hecho es que los modelos económicos populistas a los que alude Francisco nunca dieron buenos resultados: ni en términos de creación de riqueza para distribuir, ni en la reducción estructural de las desigualdades. Las economías populistas fabricaron pobreza en nombre del pobre y su herencia suele pesar sobre las generaciones futuras ¿Francisco suscribiría la famosa frase de Olof Palme, “Nuestro enemigo no es la riqueza, sino la pobreza”? Frente al riesgo de que con la pobreza desaparezcan las virtudes cristianas del pobre, ¿prefiere entonces un mundo de pobres