Mutar para reinar

En la programación de la edición 2020 del Cosquín Rock, que fue presentada el martes, es notoria la presencia de varios de los que este fin de semana actuarán en el Complejo Ferial Córdoba como parte de festival La Nueva Generación, que busca ofrecer una alternativa frente al establishment rockero.

Por J.C. Maraddón
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El mecanismo de evolución de la cultura rock ha sido, desde sus orígenes, una maquinaria casi perfecta que ha sabido combinar, en dosis clínicas, la rebeldía que tanto prende entre los adolescentes con un aparato comercial que durante más de medio siglo no ha hecho sino maximizar ganancias. Al amparo de consignas antisistema o mediante formatos que asomaban como desafiantes frente a lo establecido, se edificó un imperio que ha tenido como referentes visibles a los artistas, aunque desde las sombras haya sido la ambición empresaria la que manejaba con métodos despóticos los destinos de un movimiento que supo ir mucho más allá de lo musical. Como herramienta indispensable de su dinámica, el rock desarrolló la capacidad de asimilar todo lo que se oponía, incorporándolo a su propio bagaje de influencias y domesticándolo hasta volverlo inofensivo. Han sido varias las décadas que ha sobrevivido gracias a esta artimaña, que lo ha convertido en un estilo camaleónico cuyos límites y características esenciales se difuminan a medida que sigue capturando bajo su órbita a cada vez más subgéneros, cuyo origen en muchos casos no tenía nada que ver con la catequesis rockera, pero que a la fuerza han debido adaptarse a esas formas rituales. Ejemplos sobran de este tipo de procedimientos, que ya han sido naturalizados porque se repiten de manera periódica. Y por eso mismo es que la palabra “rock” se usa de manera indistinta para englobar todas las músicas contemporáneas de distintas raíces, que confluyen en una escena panorámica, entre cuyos extremos es muy difícil encontrar alguna similitud. Sin embargo, la convivencia sonora entre ellos no suele generar conflictos, ya que comparten premiaciones, grillas de festivales y artículos en revistas y portales, donde todos los habitantes de ese universo musical tan extenso parecen sentirse a gusto dentro del mismo catálogo. Este fin de semana, se realizará en Córdoba la sexta edición del festival La Nueva Generación, que (como su nombre lo indica) desde un primer momento se posicionó como una vidriera para aquellos solistas y bandas que, por su propuesta innovadora, quedaban relegados a los horarios y escenarios más incómodos en los grandes eventos rockeros. El acierto de haber lanzado esta apuesta en el momento oportuno, se dimensiona en el crecimiento que tuvo el encuentro a lo largo de los años, hasta transformarse en una marca reconocida que concita la atención de un público juvenil que no se sentía contenido por las otras convocatorias. Sin duda, La Nueva Generación ha nucleado desde su arranque una paleta de nombres alternativa, sobre todo si la comparamos con las grillas históricas de los Cosquín Rock, que aunque han ido evolucionando y tomando un cariz más renovador, se amparan siempre en las figuras más populares del género como números centrales. También el festival GRL PWR ha operado en un sentido similar, al exponer las carencias que tenía el emprendimiento de José Palazzo en cuanto al cupo de género, y aprovechando ese vacío para imponer una propuesta focalizada en artistas que adhieren a las luchas del feminismo. Pero, como ha venido sucediendo desde los años cincuenta hasta el presente, aquello que representa la tradición rockera termina asumiendo como propia la postura de los que pretenden apropiarse de la bandera de la novedad. Y así, en la programación de la edición 2020 del Cosquín Rock, que fue presentada el martes, es notoria la presencia de muchos de los que entre el sábado y el domingo actuarán como parte de La Nueva Generación. Si a eso le incorporamos un incremento de la proporción de mujeres en la grilla, se completa la sensación de que una vez más el rock muta… sólo para seguir reinando.