Caserio y Parte, primeros en la consideración del albertismo

Aunque Fernández aún no se ha avocado personalmente a repartir fichas entre sus armadores cordobeses, altos mandos del albertismo aseguraron desde Buenos Aires que el senador nacional Carlos Caserio y el partido Parte contarán con los espacios necesarios para construir en la provincia. El resto quedaría más atrás en la consideración del presidente electo.

Por Felipe Osman
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Desde que las elecciones -y un extenso análisis de sus resultados- quedaron atrás, el sistema político se ha dedicado casi por exclusivo a dos asuntos: los derrotados, a ajustar cuentas internas y disputar los lugares que cada uno ocupará en la escena política que empezará a configurarse a partir del 10 de diciembre; y los vencedores, a pelear por asegurarse un puesto de poder dentro del futuro gobierno, una plaza que les asegure los recursos necesarios para construir políticamente, al menos, durante los próximos cuatro años.
Este último es el caso de quienes impulsaron la candidatura de Alberto Fernández y Cristina Fernández de Kirchner en Córdoba, un distrito disonante en el mapa nacional, refractario como ningún otro a la proliferación del kirchnerismo, en el que el presidente electo -se presume- optaría por cultivar algo distinto al kirchnerismo duro apostando, a la vez, por una reconciliación entre el electorado cordobés y el peronismo nacional.
Ante esta composición de lugar, hay dos sectores que cobran protagonismo en Córdoba. Por un lado, el armado que lidera el senador nacional Carlos Caserio, detrás del cual se encolumnan dirigentes justicialistas de distintas partes de la provincia, entre los que se cuentan importantes referentes territoriales como Walter Saieg, Rodrigo Rufeil, Tania Kyshakevych, Carlos Presas y el intendente villamariense Martín Gill, aunque este último trabaría una relación sin intermediaros con el albertismo a nivel nacional.
En segundo término, también ganaría centralidad en los planes del albertismo para Córdoba el partido Parte, sello que representaría los intereses del presidente electo en la provincia en lo que hace a una construcción política identificada directamente con su figura.
Esta “escala de prioridades”, desde luego, no implica la marginación de otros referentes en el reparto de espacios, pero sí una preeminencia de los primeros. Y esto se habría visto reflejado en una serie de reuniones mantenidas entre dirigentes cordobeses que motorizaron la campaña del Frente de Todos y actores de primera línea del albertismo radicados, por estos días, en las oficinas que en Puerto Madero sirven de base de operaciones a los equipos de Fernández.
Desde Capital Federal Claudio Ferreño (presidente del partido Parte a nivel nacional) y Santiago Cafiero (muy probablemente el próximo Jefe de Gabinete de la Nación) dejaron entrever estas definiciones en las referidas juntas.
Ferreño aseguró que Parte contará con el respaldo de Fernández para construir no sólo en Córdoba, sino en todas las provincias. Léase por respaldo a lugares dentro de la administración que permitan al armado desarrollarse territorialmente en todo el país.
Cafiero, por su lado, adelantó que Caserio también tendrá un lugar central en la consideración del futuro presidente al momento de asignar recursos.
Sin embargo es mucho lo que queda por definirse, y dentro de estas incógnitas hay una que destaca entre las demás: ¿quién llevará la voz de mando a la hora de abordar la construcción política en Córdoba?
Por peso propio, parece claro que Caserio debería ocupar ese lugar. Sin embargo también se baraja la posibilidad de que se constituya una mesa política en la que el presidente del bloque justicialista en el Senado tenga cierta preeminencia, aunque sin quedar el resto de los sectores subordinados a él.
Estos son los primeros indicios que empiezan a bosquejar un escenario cordobés complejo que no quedará definido hasta que el propio Fernández -por estos días comprometido con otros asuntos- se avoque a precisar.