Riquelme, el pacificador. ¿Y presidente?

El ídolo “xeneize” juega un papel crucial en las inminentes elecciones de diciembre en el club de la Ribera. De opositor manifiesto, pasó a conciliador y de paso, sugiere entre líneas la chance de ser cabeza de algún proyecto político, si hay unidad.

Por Federico Jelic

Juan Román Riquelme luce con moderadas declaraciones después de su filosa lengua explosiva, fiel a su sello personal, en un claro “reperfilamiento” diplomático discursivo, habida cuenta de su gran influencia en el elector de Boca Juniors. El domingo 8 de diciembre es la fecha para elegir o renovar autoridades, y el exenganche juega un papel crucial no solo por el magnetismo que genera su figura, sino también porque a ciencia cierta, nadie entiende desde qué posición emite sus postulados, ni con qué intención.
Esta vez, sin el fuego del opositor empedernido y declarado acérrimo rival de la conducción actual de Daniel Angelici, Riquelme tomó la palabra con algunos apuntes que llamaron poderosamente la atención. Y lo que más conmovió o sorprendió, fue su reconversión a un asceta pacificador estilo Gandhi, pidiendo unidad electoral y política, justo en el contexto más adverso, con otra eliminación consumada en instancias decisivas a manos del enemigo deportivo eterno, River Plate, por Copa Libertadores de América. Mientras todos piden hoguera para la comisión actual, el ídolo levanta la bandera blanca.
Y más allá del nuevo estilo en onda zen de Riquelme, hubo algunos que quedaron perplejos dentro del espectro político del club de la Ribera, ya que casi a modo de auto-postulación implícita, pero maquillado como “sugerencia”, anunció su intención de llegar a la presidencia de Boca.
Pero primero, mensajes pacificadores, llamando a la unidad en la institución, sin dejar de coquetear con ningún candidato. Solo que siguiendo su historia, hay contradicción, en el sentido de que siempre se proclamó contra Angelici, aunque hoy luce más cerca del oficialismo que en otra fuerza política, a pesar de que mantuvo conversaciones con todos los círculos íntimos en las arenas.
Y en eso, ya casi con la investidura de dirigente y dejando de lado los botines, los pantalones cortos y la camiseta azul y oro, comienza a calzarse el nuevo traje. Por primera vez se abrió a la posibilidad de ser presidente de Boca, pero puso una condición: que haya una lista de unidad. Riquelme, entonces, no juega para nadie. O, en todo caso, lo hace para el propio Riquelme.

Riquelme de todos
La especulación general que reinaba en el mundo Boca era que Román apoyaría a la lista que encabezan Jorge Amor Ameal y Mario Pergolini. Después de todo, Ameal le abrió las puertas del club cuando heredó la presidencia tras la muerte de Pedro Pompilio, y sobre todo, para marcar la cancha en contra de Angelici, presidente que precipitó su salida de Boca y el retiro de la actividad profesional. La relación entre ambos se mantuvo fluida en los últimos años. Con una oposición atomizada (además de Ameal se postulan José Beraldi, Víctor Santa María, César Martucci y Horacio Paolini) y un oficialismo que buscó otros candidatos antes de decidirse definitivamente por Christian Gribaudo (actual secretario general), la carta Riquelme es lo más parecido a un as de espadas en el truco en la última mano.
Angelici sabía que el nuevo Riquelme actuaría en son de paz. Se rumoreaba que podría ser vicepresidente de Ameal, que podría estar cercano a Crespi (candidato a Vice del oficialismo) y esa opción no parecía descabellada. El talentoso enlace se paró muy cerca de la fuerza que administra la institución desde 2011. ¿Qué pasó en el medio?
La conducción actual le abre la puerta, aspirando a que Riquelme termine en sus filas, sobre todo después de su mutación de acérrimo rival a pacificador: “Yo creo que va a ganar Angelici, con todo lo mal que hizo. Tiene a todos comprados”, había acusado antes de la elección de 2015. Ahí se manifiesta otra característica del discurso del exenganche: elige con oportunismo cuándo declarar. Y siempre lo hace antes de algún acontecimiento importante. ¿Qué pasó ahora que no fustigó con fuego como en otras ocasiones contra Angelici y compañía?
Claro, a no olvidar que Riquelme el 14 de diciembre tendrá su homenaje en La Bombonera, con presencia de importantes figuras históricas, sobre todo los contemporáneos de los años dorados con Carlos Bianchi. Todo esto, cuatro días después de los comicios más peleados y polémicos del nuevo milenio.
¿Y la unidad? Sería casi requisito excluyente para que Riquelme acepte ser presidente, aunque eso no parece prioridad para estos escrutinios, sino posicionarse primero dentro del club. Pero si se logra la concordia entre todos los sectores políticos, el panorama ya cambia.
“Tomo lo que dijo Román y voy a convocar a todos para la próxima semana. Van a venir las 15 agrupaciones que están en el club para ver si existe voluntad de unirse. Puede que esté Riquelme en la reunión. Hablaré con los presidentes de las agrupaciones para tomar un café, y si no sale la unidad, hablaremos de cómo será el acto eleccionario”, adelantó Angelici después de inaugurar, también ayer, el Parque Social y Deportivo Boca.
Pavada de rol se juega Riquelme dentro de este tablero político. Cruzó de filas opositoras a dar un guiño para el oficialismo, aunque de fondo subyace una apetencia política no del todo blanqueada. De manager a asesor, de vicepresidente a presidente. Todo eso genera Riquelme en un diciembre demasiado intenso en la agenda de Boca, que sigue puntero en la Superliga junto a Lanús y Argentinos, pero igual el hincha sigue descontento con el equipo ycon Angelici; y lo hace notar.