Cristina sigue en Cuba y se demoran definiciones para Córdoba

Desde el reparto de los cargos nacionales con sede en la provincia, hasta la estrategia en Diputados y Senado, pasando por lugares para cordobeses en la FAM o en el propio gabinete ampliado de Alberto Fernández, las distintas vertientes del albertismo provincial aguardan definiciones. La crisis regional y los primeros 100 días tienen prioridad.

Por Bettina Marengo
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Cristina Kirchner extendió una semana más su regreso al país desde Cuba, donde está acompañando la recuperación de su hija, y esa sola decisión demora definiciones de operatividad política en distintos niveles que dependen del acuerdo entre la expresidenta y Alberto Fernández. De hecho, el Instituto Patria, búnker porteño-nacional del cristinismo, estuvo cerrado algunos días de la semana pasada, situación que comprobaron los cordobeses que integraron la lista de dipuados nacionales del Frente de Todos (y no ingresaron a la cámara de Diputados) cuando viajaron a Buenos Aires a escuchar directivas o a solicitar apoyo o reconocimiento.
La vicepresidenta electa iba a volver ayer de La Habana, pero pidió permiso a la Justicia para regresar el 17 de noviembre, jornada en la que se conmemora el Día del Militante.
El miércoles próximo, en el Congreso, está prevista la consagración de la fórmula presidencial Alberto Fernández-Cristina Kirchner, trámite para el que no es necesario que la futura jefa del Senado esté presente.
Los albertistas cordobeses, tanto del PJ y de espacios peronistas como de los sectores denominados “progresistas” empiezan a impacientarse y a desconfiarse unos con otros.
Hay lugares a definir en Córdoba y aunque son muchos, los realmente cotizados son minoría: Anses, Fadea, Desarrollo Social, por ejemplo. Hay cargos en el propio Ejecutivo Nacional que se espera Alberto destine a representantes de las provincias, como parte del cumplimiento de su promesa de construir un gobierno federal. También está en la mira la Federación Argentina de Municipios (FAM), actualmente a cargo de la todavía intendenta de La Matanza, la peronista Verónica Magario, que asumirá como vicegobernadora de la provincia de Buenos Aires junto al gobernador Axel Kicillof. Si bien en ese cargo sería para otro intendente bonaerense ligado a Alberto (se menciona a Juan Zabaleta, de Hurligham), un intendente cordobés podría integrar la conducción.
Así como algunos dirigentes viajaron a Capital Federal y no pudieron conversar con los referentes del Patria, otros chocaron con la realidad cuando intentaron algun contacto con Alberto Fernández: el presidente electo está ocupado de la cuestión regional y de los primeros cien días de gobierno. En cualquier caso, a esta diada se suma el armado político para el futuro Congreso de la Nación. Córdoba, los cargos, los repartos y los “pagos”, no están en la lista de prioridades.
De hecho, Bolivia tuvo muy preocupado al futuro jefe de Estado desde mucho antes del golpe de estado militar-policial que se desencandenó el domingo pasado en el vecino país y que derivó en la renuncia obligada de Evo Morales. Así se lo hizo saber a cordobeses que pidieron hablar con su mesa chica.
Lo concreto es que las fuentes que hablaron con este diario aseguran que la competencia por los cargos ya se tornó casi bélica, aunque claramente algunos tienen más espaldas que otros con qué pelear.
La lista de los sectores y dirigentes que están anotados para ubicar a su gente es amplia y va desde el Partido Solidario, que acaba de instalar a Eduardo Fernández como primer diputado nacional del Frente de Todos (asumirá el 10 de diciembre), a Parte, el partido sin personaría política que conduce el ex legislador Enrique Asbert, que quiere convertirse en la cara de Alberto Fernández en Córdoba, pasando por el sector del senador Carlos Caserio, el principal referente de Alberto Fernández en la provincia, La Cámpora, que representa a Cristina Kirchner y que tiene a la reelecta Gabriela Estévez como su principal referencia y Natalia de la Sota, la dirigente que busca posicionarse como puente entre Alberto Fernandez y el gobierno y el PJ provincial. Como se ve, la lista es larga y reúne a actores de primera y de segunda línea.
Algunos suman al propio gobierno de Juan Schiaretti, que empieza a generar canales de diálogo con el futuro poder político nacional y que podría tallar en algunas designaciones locales o del gabinete ampliado de Alberto.
En tren de posicionarse, los actores empiezan a preguntarse qué hizo cada uno y cuántos votos ayudó a juntar de los 658 mil votos que sacó el Frente de Todos en esta provincia el pasado 27 de octubre. Y allí comienzan los reproches que incluyen al propio Alberto, porque se considera que no entendió que Córdoba es una provincia muy demandante y, al no hacer suficiente campaña, facilitó el amplísimo triunfo de Mauricio Macri.
Por eso, la vuelta de Cristina al país es considerada clave para que comience a fluir información y decisiones sobre los planes políticos de Alberto, incluidos los que repercutirán en la desconcertante Córdoba. Todo lo que provenga del Senado nacional (bien lo sabe Caserio) está vinculado a la exmandataria. También gran parte de lo relacionado con Diputados, donde será una figura clave su hijo Máximo. Cristina y el cristinismo no confían en Sergio Massa, el casi seguro futuro presidente de la Cámara, y eso puede notarse en la conformación del interbloque o bloque unificado del oficialismo en la Camara baja, con las ulteriores implicancias en la alineación de los diputados cordobeses.