Retrato local por un viajero chileno, 1890 (Primera Parte)

En su Diario de Viaje por la Argentina, el diplomático Abraham König ofrece apuntes valiosos sobre la vida cotidiana cordobesa que pudo apreciaren la década final del siglo XIX.

Por Víctor Ramés
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Retrato del político y funcionario chileno Abraham König.

En enero de 1890, Abraham König se aprestaba a viajar de San Luis a Córdoba en tren:
“He determinado ir a Córdoba, i como la estación se halla lejos del pueblo, he salido del hotel a las siete i tres cuartos de la mañana, quince minutos antes dela hora en que debe llegar el tren. Dan las ocho, las nueve, las diez i el tren no asoma.Es verdad que se trata del ferrocarril del Oeste, que tiene fama por su mal servicio; pero, aun sabiendo a punto fijo que lasdemoras i atrasos son frecuentes, el mal humor me invade.”
Se cita literalmente el texto del autor quienprescindía de la “y griega” y presenta otras particularidades ortográficas, similares a las de Vicuña Mackenna y el propio Sarmiento. La partida de Königse produce, finalmente, a las once. El tren pasa por Villa Mercedes y por la estación Chaján, ya en la provincia de Córdoba. Pasa por Sampacho yarriba a Río Cuarto, donde baja a comer. Es “una estación vastísima, mui superior en elegancia i comodidad a todas las que he visitado. El pueblo queda a alguna distancia de la estación, i solo se alcanzan a divisar las luces de una de sus calles.” Al seguir la marcha, “las estaciones pasan en medio de la niebla, sin despertar interés. Oigo gritar sus nombres no mas: Chucul, Jeneral Cabrera, Vélez Sarsfield.” Próximo a Villa María, König se entera de que pese a haber comprado boleto directo en coche cama a Córdoba, deberá hacer transbordo a un siguiente tren que pasará cuatro horas más tarde.
Por fin, el viajero vislumbra la ciudad de destino:
“Un cordobés que tengo al lado, me dice que me aproxime a las ventanas para ver el aspecto de la ciudad, que es mui pintoresco, porque se la mira desde la altura de donde parece que el tren se precipita para alcanzarla. Córdoba está situada en un vallecito estrecho i hondo, rodeado de colinas. El tren llega serpenteando por una de las alturas que la circundan; de repente se ve la ciudad de un golpe con su vecindario estendido al pié de los altos campanarios que la denominan; un minuto después, no se divisa mas que una pequeña parte, o apenas el estremo de uno de sus barrios apartados.”
En Córdoba no había un cuarto libre de hotel,debido a la visita de los ministros de Relaciones Exteriores de la Argentina y del Brasil, en el marco de un acuerdo limítrofe entre ambos países. Exhausto y sin tener dónde dormir, König se pasea por el centro cordobés:
“Las calles rebosan de animación, i aquellas por donde debe pasar la comitiva oficial, atestadas se ven de la muchedumbre i del gran número de trabajadores que arreglan apresuradamente los arcos de verdura o con inscripciones que han de adornar el tránsito.”
Ya alojado, al día siguiente, el viajero chileno refiere sus primeras descripciones urbanas de la capital cordobesa:
“Recordaré siempre la impresión que esperimenté cuando, caminando por la calle de San Jerónimo, Hegué a la plaza principal, llamada hoi de San Martin, i pude abarcar de una ojeada el singular panorama que tenia delante. En frente, la catedral, con sus dos torres jemelas, estilo del renacimiento, i su alta, inmensa, indescifrable i atrayente cúpula, que, como una montaña, parece que aplasta el edificio, i que, sin embargo, sube al cielo cargada de adornos churriguerescos i lijeros. Al norte, i a pocas cuadras, el graciosísimo templo de la Merced, con sus tres torres cubiertas de azulejos i que brillan con claridad a la distancia. No es una ciudad americana la que presenta semejante vista; es una ciudad vieja la que se contempla, con sus grandes i hermosímos templos, producto de la fé i la piedad de jeneracionesestinguidas, que dejaron allí, en medio de la pampa i de la soledad, obras colosales para su época, bellísimas creaciones del arte, que la edad moderna no ha podido superar.”
El viajero amplía el panorama de los templos cordobeses vistos por él:
“San Francisco, la Merced, Santo Domingo, son templos que ocuparían lugares distinguidos en cualquiera otra ciudad del continente; pero en Córdoba no llaman la atención siquiera, salvo la Merced, que es hermosísima. Está rodeada de un claustro sombreado por árboles frutales, por naranjos i limoneros, que crecen allí al lado de las paredes del templo, i que embalsaman con su fragancia las altas i esbeltas naves.
¡Qué sin número de iglesias! Junto a la catedral, i separada apenas por una estrecha callejuela, está Santa Catalina; tres cuadras al norte se levanta la Merced; una media cuadra al sur se halla Santa Teresa; una cuadra mas allá la Compañía, i a dos o tres cuadras de distancia, en la calle de la Paz, abre sus puertas la iglesia de Santo Domingo.”
Hay apuntes ricos en detalles vivenciales de sus recorridos por la ciudad:
“Tomo un tranvía para recorrer la ciudad por donde me lleve. Hai tres líneas i al parecer ninguna tiene una dirección fija. Quiero llegar a mi alojamiento, i el carro que allá debe conducirme toma un rumbo opuesto, atraviesa casi toda la ciudad, para volver en seguida al punto de partida i continuar en la dirección que debió hacerlo desde el primer momento. No es este un inconveniente para un viajero que no tiene obligaciones que atender, pero no sé cómo se entenderán los habitantes de la ciudad para alcanzar en pocos minutos la casa o calle que buscan. I hai que recurrir a los tranvías por la fuerza, porque los coches de servicio son poquísimos i caros. Por andar dos o tres cuadras piden un peso; por una hora, un peso cincuenta centavos.”
La agitación urbanaque percibe asombra a König:
“Desde las ocho de la noche la ciudad es un hormiguero. Millares de personas invaden la estación i las calles que debe recorrer la comitiva oficial que se espera. Se han iluminado con bombillas de gas, cubiertas de globos de diversos colores, que en forma de arco van de pared a pared, la calle de San Jerónimo, la plaza de San Martin, i así todo el trayecto hasta el hotel en que debe alojarse el señor Bocayuba. Banderas italianas, arjentinas, brasileras, francesas, españolas, flotan en mástiles o adornan las casas. Por mas que miré con atención, no vi ninguna bandera chilena.”