Los tiempos difíciles no se acabarán en el mediano plazo

En un país como la Argentina, la transición -por más ordenada que sea en fotos- implica que hay una autoridad formal que toma decisiones pero el país mira al que le seguirá.

Por Gabriela Origlia

Está claro que Mauricio Macri es el Presidente hasta al 10 de diciembre pero desde el domingo las miradas sólo siguen al electo Alberto Fernández quien, en realidad, concentraba toda la atención desde su victoria en las PASO. Desde la primaria hasta la primera vuelta la economía caminó al borde del precipicio y hay decisiones que son urgentes. Sigue sin despejarse cuál será el rumbo económico que tomará el país. Lo clave es recuperar la confianza.
En un país como la Argentina, la transición -por más ordenada que sea en fotos- implica que hay una autoridad formal que toma decisiones pero el país mira al que le seguirá. Los temas urgentes en la agenda económica son la deuda (hay que reperfilar y renegociar con el Fondo Monetario Internacional), el tipo de cambio (hay consenso de que se iría a un desdoblamiento) y la emisión monetaria (vinculada con el gasto, el déficit y la inflación).
Respecto a la evolución posible de las cuentas fiscales, por el ajuste por el acuerdo con el FMI habría un déficit primario de 0,48% del PIB, del que se pueden descontar ciertos gastos en rubros sociales y de capital. Según estas proyecciones, los ingresos tributarios que vinieron creciendo un 45,7% nominal en el acumulado enero-septiembre deberían acelerarse al 56,3% en el último trimestre del año (de modo que sólo caerían un 0,05% del PIB respecto a 2018). Por su parte, los recursos no tributarios finalizarían el año un 0,21% del PIB por encima del año pasado. Siguiendo las proyecciones oficiales, al cierre del año, el gasto primario resultaría un 1,68% del PIB inferior al del pasado año.
El Iaraf entiende que ese escenario es difícil de alcanzar y que el más probable debe considerar una menor velocidad de crecimiento nominal para los recursos tributarios que van a las arcas nacionales. Si los ingresos tributarios y de la seguridad social crecieran un 40,8% interanual en el último trimestre, redondearían una suba para todo el año del 44,4%, por lo que medidos en términos del PIB mostrarían una caída de 0,51 puntos del producto respecto al año pasado.
Este escenario alternativo encuentra apoyo, por ejemplo, en la evolución mostrada por la recaudación de impuestos nacionales durante septiembre, último dato disponible, que mostró un crecimiento interanual del 42,6%, cuando hasta agosto venía creciendo un 47,2% nominal acumulado. Así el resultado primario anual equivaldría a un déficit del 0,93% del PIB (unos $100.000 millones más que la perspectiva oficial).
Ese será el punto de partida de Fernández; en esa área es mucho mejor que el que tuvo Macri aunque hay que sumar el déficit financiero. El frente fiscal es un tema crucial para el reperfilamiento de deuda que el electo Presidente planteó: dijo que se inclinaba por el modelo de Uruguay.
El país no tiene margen para emitir deuda y las posibilidades de financiarse en los organismos multilaterales están agotadas. Hasta el Banco Central dispuso que las entidades financieras puedan utilizar sus encajes para prestarle al sector público. En ese contexto, cualquier ampliación del gasto -sino es acompañado por un recorte equitativo en otro sector- implicará emisión monetaria lo que trae atado el riesgo de que se espiralice la inflación.
La Argentina hoy no tiene moneda. Recuperarla llevará tiempo y el primer paso es conseguir confianza. Pasar del casi 60% de inflación a la mitad (un nivel extremadamente alto para cualquier país del mundo) no será fácil. Hay consenso de que la inflación se moverá entre tres y cuatro por ciento por lo menos hasta fin de año.
Sobre los precios regulados, la expectativa es que transporte, electricidad y gas crezcan por debajo; se van a atrasar en términos reales respecto al nivel de fin de año. Eso implicaría un alza importante en los subsidios como relación del PIB.
Fernández ya viene “abriendo el paraguas” sobre lo que viene; alerta sobre las dificultades hacia adelante. Una manera de bajar las expectativas que los distraídos puedan tener sobre los próximos meses del país.