Después de la caída

Al derrumbe del muro de Berlín, del que se acaban de cumplir 30 años, remite la muestra “Manifiesto”, del artista cordobés Elian Chali, que quedó inaugurada hace algunas semanas en Casa Naranja y que incluye instalaciones, intervenciones, fotografías, bocetos y textos.

Por J.C. Maraddón
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Los acontecimientos históricos que señalan un quiebre en la evolución de la humanidad tienen, necesariamente, un correlato en las manifestaciones culturales, donde eso que pasó o está pasando se refleja de forma más o menos explícita. De hecho, algunos de los movimientos artísticos más trascendentes han aparecido en épocas clave, como por ejemplo las vanguardias del siglo veinte, que no por casualidad toman vuelo en el periodo de entreguerras; o el rock, que se hace notorio después de la Segunda Guerra Mundial, cuando el baby boom fructifica en una generación de adolescentes que busca encontrar su disfrute en medio de una plena expansión de la economía.
Más cerca en el tiempo, el atentado contra las Torres Gemelas, al que algunos historiadores señalan como el verdadero inicio del siglo veintiuno, ha impregnado las últimas dos décadas de una sensación apocalíptica que remite a la pesadilla nuclear tan propia de la Guerra Fría. Si añadimos a este menú la paranoia de los algoritmos que anticipan nuestros pasos en la web y al control que, en pos de nuestra supuesta seguridad, se ejerce a través de cámaras y micrófonos que reportan nuestras palabras y acciones, quedamos a un paso de caracterizar cuál podría ser el estado del arte en estos tiempos.
Pero se ha registrado este fin de semana el aniversario de otro de esos sucesos que torció el rumbo de las cosas, podría decirse que al mismo nivel de los que hemos enumerado en los párrafos anteriores. La caída del Muro de Berlín, ocurrida el 9 de noviembre de 1989, ha sido considerada como el punto de no retorno para el derrumbe de ese mundo bipolar que nació en 1945, cuando las dos potencias triunfantes, Estados Unidos y la Unión Soviética, se repartieron áreas de influencia que luego ninguna de las dos iba a respetar.
Aunque el desmembramiento de la URSS recién se verificaría un par de años después, la liberación del paso entre los sectores oriental y occidental de Berlín fue tan simbólico, que podría decirse que todo lo demás vino por añadidura. Y que la humanidad se quedara sin la clásica rivalidad entre capitalismo y comunismo, para entregarse en exclusiva al primero, se tradujo en fenómenos sociales y políticos a gran escala, que tuvieron su lógica traslación al campo de la cultura. Sin ir más lejos, empezaron a relajarse las críticas a la mercantilización del arte, que habían llenado las páginas de los ensayos más conspicuos.
Hacia aquella encrucijada de la que se acaban de cumplir 30 años, remite la muestra “Manifiesto”, de Elian Chali, que quedó inaugurada hace algunas semanas en Casa Naranja y que incluye instalaciones, intervenciones, fotografías, bocetos y textos. Fueron algunos tramos de ese muro de Berlín, reapropiado por los ciudadanos, un enorme lienzo sobre el que los grafiteros pintaron lo que sentían ante un hecho de semejante magnitud. Y era Elian, quien arrancó en Córdoba como exponente del arte urbano, el más indicado para reactualizar la epopeya berlinesa y conjugarla en los términos del más estricto presente.
Entre los diversos soportes que ha elegido para esta exposición, se destaca un escrito de grandes dimensiones, donde el autor sincera qué lo motivó en la construcción de una obra que ubica su trayectoria en otra dimensión dentro de las artes visuales. Es decir, apela a la palabra como vehículo para comunicarse; y lo hace a través de un manifiesto, que fue el formato elegido en su momento por muchos de los que deseaban compartir su compromiso político. Pero este mensaje desafiante y explícito, tiene como escenario un espacio perteneciente a una empresa comercial. Allí, en el desprejuicio de esa paradoja, se evidencia cuánto ha cambiado todo después de aquel noviembre de 1989.