Aquella generación intermedia

Sergio Schmucler, quien falleció el domingo pasado en la ciudad de Córdoba a los 60 años, integró ese lote de talentos que se vieron compelidos a transitar entre el terruño natal que los había expulsado por razones políticas y el destino adoptivo que los había recibido en el peor momento.

Por J.C. Maraddón
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El imperio del aparato parapolicial antes del golpe de 1976 y el macabro plan de exterminio desplegado luego por la dictadura, han marcado por lo menos a tres generaciones de argentinos, algunos de los cuales encauzaron después esas terribles experiencias en obras artísticas. De esta manera, es sencillo detectar las huellas de esa tragedia en la producción cultural argentina de los últimos cuarenta años, tanto en las expresiones más populares como en los géneros que tienen una circulación más restringida. Canciones, poemas, películas, puestas teatrales, pinturas y novelas han reflejado ese derrotero que ha quedado como sello de nuestra identidad. Quienes atravesaban su juventud durante esos años, sufrieron más que nadie ese régimen represivo que no daba respiro y que, así como se materializó bajo la forma de un genocidio, obligó a muchos a someterse al exilio interno, en tanto que otros se vieron forzados a abandonar el país con lo puesto. Ese éxodo, que se extendió hasta bien entrados los años del retorno de la democracia, también forma parte del magma cultural argentino, con los intercambios que se verificaron entre aquellos que vivieron en el exterior añorando volver, y los que se quedaron y tuvieron que disfrazar sus mensajes para poder manifestarse. En los años noventa, el panorama artístico asimiló el aporte de los hijos de aquellos que en la década del setenta habían sido las principales víctimas del terrorismo de estado. Aunque habían pasado dos décadas desde los años de plomo, nuevas voces rescataron esa rememoración y la dotaron de una actualidad que se trasuntó en el arte. La escena de fines del siglo pasado y comienzos del actual, se impregnó de un compromiso histórico que se aferró a la memoria como llave para que el daño consumado no cayera en el olvido y para que su recuerdo impidiera que pudiese repetirse. Sin embargo, entre estas dos franjas generacionales existió una camada intermedia que también dejó su impronta, como una especie de bisagra entre la etapa oscura de la historia y la consolidación de las instituciones democráticas. Y, dentro de ese colectivo tan heterogéneo, hubo un grupo trascendente de creadores que, siendo adolescentes, en los años setenta acompañaron a sus familias, cuando debieron buscar refugio en algún lugar del mundo donde no corrieran peligro. El desarraigo, sufrido a una edad tan sensible, condicionó esas vidas, que a partir de entonces buscaron una brújula que las ayudara a encontrar la dirección correcta. Sergio Schmucler, quien falleció el domingo pasado en la ciudad de Córdoba a los 60 años, integró ese lote de talentos que se vieron compelidos a transitar entre el terruño natal que los había expulsado y el destino adoptivo que los había recibido en el peor momento. Cineasta, escritor e impulsor incansable de proyectos colectivos, empuñó la imaginación como arma para cambiar el sino de su existencia. Y lo hizo con el compromiso social y político que su época exigía, a sabiendas de que abrir caminos muchas veces no reporta tantas gratificaciones como merecería. En el trazo de su trayectoria, jalonada por iniciativas que hubiesen saturado la capacidad emprendedora de cualquier otra persona, se vislumbra el espanto de los hechos históricos cuyas consecuencias todavía están muy lejos de prescribir. Con su deceso, se pierde a un cabal representante de ese segmento de hacedores de cultura que aprendió a construir su obra desde la tierra arrasada que habían dejado los militares, hasta dar forma a un legado testimonial para que quienes vienen por detrás tengan una base firme sobre la cual empezar a edificar sus propuestas. No en vano expresaron dolor por su partida, además de sus contemporáneos, los jóvenes que supieron apreciar el valor de una contribución tan activa.