Albertismo amarillo

Contener a los múltiples peronismos triunfantes es el principal desafío para Alberto Fernández, que quizás pueda aprender algo del sistema de Macri para conducir a sus heterogéneos.

Por Javier Boher
[email protected]

Algunas veces evita hacerse evidente, pero en otras ocasiones sale rápidamente a la luz. Aunque José Luis Espert haya popularizado “kirchnerismo de buenos modales” para hablar despectivamente del macrismo, lo cierto es que los que ahora abandonan el poder pudieron aprender algo de los que finalmente van a volver.
Hace cuatro años la futura vicepresidenta dejaba la Casa Rosada convocando a una masiva marcha de despedida, antesala del papelón posterior de negar el traspaso de los atributos de mando. Cristina le hablaba a su militancia, a su núcleo duro. Sabía que los cuatro próximos años iban a ser difíciles, por eso se había anticipado poniendo a dirigentes leales en las listas. La inexperiencia de muchos no era más importante que mantener la pureza del espacio.
Esa minoría ruidosa le permitió convertirse en el aglutinante del peronismo opositor, allanando el camino para la victoria de hace diez días. Sin embargo, el esfuerzo significó ganarse una heterogeneidad poco compatible con la conducción. Aunque no los une el amor, sino el espanto, parece que eso tal vez no sea suficiente.
Por el lado del macrismo, la acción parece calcada del periplo kirchnerista de 2015, una lección que algunos decidieron aprender. Sabiéndose en retirada, con una derrota casi asegurada, el ala menos pragmática de Cambiemos optó por forzar la pureza de sus listas. Muchos lamentaban los pocos espacios para “el ala política” de Monzó, Frigerio y compañía.
La derrota en las urnas dejó, sin embargo, la noticia de que la futura oposición tendría control de la Cámara de Diputados por ser la primera minoría. Una minoría de bloqueo en el Senado completa el panorama. Eso sólo sería posible si los legisladores de Juntos por el Cambio se mantienen dentro del espacio.
Si bien algunos ya anunciaron su probable salida, la mayoría de los que integran la bancada cuentan como virtud su alineamiento incondicional con su espacio, algo similar a lo que le permitió al kirchnerismo sobrevivir mientras duró su penitencia. Quizás el sector de Monzó, Massot y demás sea demasiado político como para mantenerse orgánico, lo que le valió el desplante.
Las medidas paliativas para surfear la crisis hasta las elecciones, las marchas y los discursos, todo apuntó a consolidar un mañana, un futuro que en la previa parecía mucho menos prometedor para una coalición electoral que logró llevar su experimento hasta el final del recorrido.
Ahí aparece la posibilidad de más similitudes, pero para eso los que se preparan para gobernar debería aprender de los que se están yendo. La victoria demandó un esfuerzo considerable por parte de un peronismo hiper fragmentado, que genera la potencialidad para el conflicto. La coincidencia fundamental era que se fuera Macri: ahora que se les cumplió deben empezar a buscar coincidencias perdidas en el olvido, como esos matrimonios que ven partir a los hijos una vez que son adultos.
La capacidad de mantener en pie la alianza de gobierno fue una de las mayores virtudes del gobierno saliente. Hoy parece un dato menor, pero es el primer caso exitoso en nuestro país, acostumbrado a los grandes partidos que ya no significan nada. La experiencia de 1999-2001 dejó en claro que hace falta más que un acuerdo electoral para sobrevivir al ejercicio del gobierno.
Juntos por el Cambio logró contener a una rupturista crónica como Carrió -junto a su espacio-, a un partido urbano más conservador como el PRO y a un radicalismo muy diverso, desde el progresismo de Capital, patagonia y Buenos Aires hasta el conservadurismo de las provincias del norte.
Fueron cuatro años de una convivencia con tensiones pero sin quiebres ni abandonos, en un contexto económico que podía servir de excusa perfecta para abandonar el barco.
Hoy el contexto económico que recibe a Alberto Fernández también es muy delicado, con el crédito internacional suspendido, el bajo precio de commodities y una inflación que hace imposible pensar en emitir. Esa debilidad inicial se suma a una coalición que hasta ahora ha dado resultado en las urnas, pero que permanece como un enigma a futuro.
No es fácil contener a todos, desde el piqueterismo combativo de Grabois hasta el liberalismo de Nielsen, pasando por los sindicatos o las organizaciones empresarias, los presos por la corrupción, los sectores religiosos o el feminismo ortodoxo. Todos decidieron apostar a un proyecto para vencer a Macri, pero sin tener en claro de qué forma iban a resolver las cuestiones si prosperaban.
Tal vez los inventores de la política, los que saben más que los chetos de capital y los trolls de call center deban fijar parte de la atención en los mecanismos con los que sobrevivió el macrismo al gobierno. No se puede tener el orgullo de que sólo se está para enseñar; algunas veces también toca aprender.