Check in del viaje al ajuste

Entre las enfermedades que le inventarán al futuro presidente, y el ajuste que los sindicalistas están tratando de justificar por anticipado, nos espera un largo viaje por delante.

Por Javier Boher
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¿Le gustan los viajes, amigo lector? Le pregunto porque estamos a más o menos un mes de empezar uno bastante largo, uno que nos va a llevar unos cuatro años.
Haga el intento de arrancar el periplo despojado de prejuicios, porque si no se le va a hacer complicado. “Relájate y goza” dijo el difunto Cacho Castaña antes de abandonar en forma física este mundo.
Para algunos lo que se viene es como una especie de tren fantasma, donde van a ver a los mismos monstruos de siempre que están listos para asustarlos. Se habla de varios exministros, exsecretarios o exfuncionarios que regresan a atormentar a los futuros opositores, como si alguno pudiese ser más perverso que una expareja de una mala experiencia.
Hay otros que se imaginan que el viaje que está por empezar va a ser tan lindo como el del trencito de la alegría, con todos los superhéroes y personajes que le alegran las tardes a los chicos. Habrá algún Spiderman trepando por el costado, algún Iron Man con cara de chapa y capaz también esté la Viuda Negra; todos los Vengadores favoritos de los infantes que siguen creyendo en esos argumentos de fantasía.
Por eso le digo, estimado, que lo mejor es sacarse los prejuicios y prepararse para un viaje largo y de futuro incierto. Le soy sincero, lo que más me preocupa es la salud del Capitán Beto. Ojo, no creo que tenga nada más que ganas de conducir. Digo que me preocupa porque desde todos lados están tratando de enfermarlo, unos para confirmar lo que siempre pensaron (que hay un plan urdido por la Aforada de Recoleta para sacarlo del medio) y otros para confirmar lo que siempre desearon (que hay algo preparado para que la Jefa agarre las riendas del gobierno). En algún punto, cerca del 70% del electorado está esperando que pase algo para que ella se haga cargo.
Por ahí viene lo del viaje largo, porque Alberto tiene menos ganas de correrse que Ricky Martin cantando María, que iba un pasito pa’lante y un pasito pa’trás pero nunca un pasito pa’l costado. Y que él no quiera no alcanza como para que dejen de romper los quetejedi con todo esto. Piense en todos los presidentes y verá que no abundan los irresponsables que hayan fallecido en el cargo, así que no hayotivos para pensar que sería el primero en 45 años.
Por lo pronto Nelson Castro ya escribió su columna desempolvando el título de médico para decir que el Capitán -al igual que Gatricio y la Aforada- tiene Síndrome de Hubris. Voy a empezar a pensar que eso está en la letra chica de la ley como requisito para acceder a la presidencia, sino no se entiende la insistencia del hombre con el tema.

Del dicho al hecho
Hay algo tan viejo como los dibujitos animados que no le gustan a Alberto: cuando los personajes van cruzando por el desierto, a lo lejos se ve un oasis que los hace apurar el paso para llegar al agua. Todas las veces, inexorablemente, termina siendo un espejismo.
Esta semana salió la vanguardia revolucionaria justicialista de la clase obrera combativa a decir que el oasis no llegaría después de diciembre, sino que habría que caminar un poco más para efectivamente encontrar la sombra de las palmeras y el agua fresca de la vertiente. El sindicalismo peronista dejó en claro que el futuro es con todos, pero no necesariamente ahora mismo.
Héctor Daer, uno de los triunviros de la CGT, fue bastante claro al respecto. “Nadie puede pensar hoy que dentro de un mes van a aumentar un 35% los salarios”. ¿Así que el 11 de diciembre no me van a subir el sueldo? Voy a tener que pedir que me devuelvan la seña de la heladera que reservé en la compraventa porque todo indica que no me la van a llenar antes de las fiestas. Voy a empezar a convencer a mi prole de que será otra navidad con imaginación.
Por supuesto que una golondrina no hace verano, así que por las dudas tomamos lo que dijo Hugo Yasky, titular de la CTA. El líder de la próximamente póstuma central obrera pidió un congelamiento de precios y salarios para que la gente pueda llegar a fin de mes. Quizás hoy no están congelados, Hugo, pero seguro que los sueldos están bastante más fríos que los precios, como dejaron en claro el día del polentazo del monaguillo piquetero Grabois. Cómo será que el sueldo está congelado que el otro día uno de los chicos se golpeó la cabeza y para que no le salga un chichón le apoyé el recibo en la frente.
Igual hay que estar tranquilos, porque el coordinador de Bariloche devenido en Secretario General de Suteba, Roberto Baradel, dejó en claro que las clases van a arrancar en tiempo y forma en Buenos Aires, porque los chicos son una prioridad. Solo le faltó decir que los docentes ganan fortunas y son vagos con tres meses de vacaciones. Capaz se le hizo tan fácil panquequearse porque está tan redondo que girar sobre el eje horizontal es lo más fácil para hacer.
Ya le digo, amigo lector, que gobernar este manicomio no es nada fácil, menos cuando de todos lados te inventan más enfermedades que propiedades a la palta. Eso será parte de lo que veremos en nuestro próximo viaje.
No hay dudas de que todo se simplifica mucho cuando les compañeres sindicalistes salen a militar el ajuste que se viene, independientemente de que todavía muchos crean ver el oasis al frente. A esto ya lo hemos dicho antes y no es nada nuevo. Desde hace un tiempo ya sabíamos que, ganara quien ganara, la cosa se viene como con los precintos plásticos: la única posibilidad es ajustar.
Por eso le digo, prepárese para el viaje que estamos a punto empezar, porque todo indica que por algún tiempo no veremos mucho más que arena en el desierto.