Hacemos por Córdoba no resigna la segunda banca

A pesar de que no pudo crecer entre las primarias y las generales, el oficialismo hace una primera lectura positiva de la elección: el resultado nacional obligará a Alberto Fernández a negociar con los gobernadores y quienes se plantaron en la interna del PJ frente a Schiaretti no lograron resultados para presumir ante el presidente electo. El control del PJ cordobés sigue en las manos del gobernador.

Por Felipe Osman

Aunque en los despachos del Centro Cívico aún se analizan y desmenuzan los resultados que dejó atrás la elección del domingo y se estudian los números logrados en cada localidad, en cada seccional y en cada sub circuito para afinar conclusiones, ya se animan a realizar una lectura general de los comicios, y es positiva.
Es verdad, admiten, que el espacio no logró el crecimiento que se esperaba entre las primarias y las generales, y que el objetivo -excesivamente optimista- de empardar el rendimiento del Frente de Todos en una elección nacional polarizada y con una boleta amputada, sin candidato presidencial, no fue alcanzado, pero si se hace un análisis global de los resultados, el oficialismo provincial tiene por qué festejar.
En primer lugar, se sorteó una elección nacional que puso al gobierno provincial en una encrucijada sin salidas fáciles. El Panal optó, en una jugada casi obligada, presentar una boleta sin tramo presidencial, para no desairar a buena parte del electorado que en mayo acompañó al gobernador y que, en gran medida, avaló el domingo la candidatura de Mauricio Macri a la reelección. Hacer lo contrario -respaldar a una fórmula que contenía a CFK en su segundo término- podría haber sido leído por esos electores como poco menos que una traición.
Pero además, los costos de esa jugada podrían ser incluso menores a los que Hacemos por Córdoba imaginaba el domingo apenas después de las 21, cuando se empezaron a conocer los resultados. Ahora, con el 99 por ciento de las mesas escrutadas, el Centro Cívico cree que sus chances de acceder a la segunda banca siguen vigentes. De lograrlo, Juan Schiaretti vería indemne su representación en la Cámara Baja, reponiendo las dos bancas que se pusieron en juego.
Desde El Panal apuntan que el oficialismo quedó apenas a 1600 votos de sentar en Diputados a un segundo representante, y peleará por esa banca -que según los números del recuento provisorio estaría en poder de Juntos por el Cambio- en el recuento definitivo.
Pero más allá de este apartado, en absoluto menor, Hacemos por Córdoba atiende al análisis de otros resultados para concluir que el balance es positivo.
Alberto Fernández se impuso claramente sobre Macri en el agregado nacional, pero lo hizo por una diferencia mucho menor a la lograda en las PASO. En agosto el Frente de Todos cosechó el 49,49 por ciento de los votos en todo el país, mientras Juntos por el Cambio logró apenas el 32,93 por ciento. Hubo casi 17 puntos de diferencia. En las generales, esa distancia se recortó a menos de 8 puntos (48,10 a 40,38).
Esto implica un significativo cambio en las relaciones de fuerza y, por lo tanto, un Alberto Fernández que necesitará más de los gobernadores (y de los diputados que esos mandatarios provinciales controlan en la Cámara Baja) para llevar adelante su gestión.
Las acciones de Schiaretti suben frente a un presidente electo que deberá negociar, y que ya no deberá hacerlo sólo por los condicionamientos internos que encontrará dentro del espacio que lidera, sino también por ostentar una posición menos predominante puertas afuera del Frente de Todos.
Esto es vital, máxime si se considera que la relación Schiaretti-Fernández atravesó más de una turbulencia durante una campaña electoral en la que el gobernador negó al candidato el respaldo expreso del PJ local.
Por otro lado, el estancamiento del Frente de Todos en Córdoba también fortalece la posición del mandatario provincial, no sólo en su relación con Fernández, sino más aún en la interna del PJ local.
Fernández tiene por concluir que el techo del Frente de Todos está hoy señalado en Córdoba por el profundo anti-kirchnerismo del electorado cordobés, y si en estos momentos hay alguien necesario para metabolizar un futuro cambio en la imagen de ese armado nacional en la provincia, seguramente es Schiaretti, cultor de un peronismo que cuaja entre los cordobeses y actual líder del partido justicialista de Córdoba.
Adicionalmente, la del domingo no fue una jornada positiva para los armadores y referentes del PJ que comprometieron su respaldo con Alberto Fernández. El estancamiento del espacio liderado por el nuevo “acreedor” del sillón de Rivadavia entre las PASO y las generales deja entrever que los esfuerzos fueron infructuosos, y la posición de quienes -dentro del PJ- se pararon en la vereda de enfrente del gobernador no quedó fortalecida tras los comicios.