La marca histórica que deja el resultado electoral

Después que entregue el poder, Mauricio Macri no pasará al desván de la política como sus predecesores no peronistas, con la salvedad de Alfonsín, quien siguió siendo un político muy activo –incluso fue senador nacional-, de protagonismo decisivo en la Convención Constituyente de 1994 y, también, en la caída de su correligionario De la Rúa.

Por Gabriel Osman
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El presidente Mauricio Macri recibió esta mañana al mandatario electo Alberto Fernández en la Casa Rosada, en la puesta en macha de la transición tras el triunfo del candidato del Frente de Todos en los comicios de ayer.

Toda está dispuesto para que el 10 de diciembre se verifique una marca histórica de más de 70 años: por primera vez un presidente no peronista cumplirá su mandato completo. Esto no sucede en Argentina desde la irrupción del peronismo, en 1945: Arturo Frondizi, Umberto Illia, Raúl Alfonsín y Fernando de la Rúa debieron renunciar antes.
Esto es muy conocido, pero mucho menos otra marca no solo para el libro de los records: después que entregue el poder, Mauricio Macri no pasará al desván de la política como sus predecesores no peronistas, con la salvedad de Alfonsín siguió siendo un político muy activo –incluso fue senador nacional-, de protagonismo decisivo en la Convención Constituyente de 1994 y, también, en la caída de su correligionario De la Rúa.
Su cosecha de votos en los comicios del domingo lo dejaron con el 40% de los votos, un capital electoral nada desdeñable para mantener aspiraciones de alzada, incluida la pretensión de volver al Sillón de Rivadavia. Claro, siempre y cuando no prospere alguna del centenar de causas judiciales en su contra, la mayoría de poca seriedad pero otras más consistentes. Otra de las peripecias de la política argentina de las que nadie se ha salvado desde la renacida democracia de 1983, con un solo invicto en la materia: Alfonsín.
Cambiemos logró imponerse en el corazón productivo -agropecuario e industrial- del país, con excepción del distrito bonaerense, pero si se desagregara el conurbano bonaerense, el resto de la provincia de Buenos Aires diría otra cosa. Ese interior profundo del más grande distrito argentino, junto a la CABA, Entre Ríos, Santa Fe, Córdoba y Mendoza, es la matriz económica del país que asiste redistributivamente al resto de la Argentina.
Allí ganó el macrismo; el Gran Buenos Aires le dio los votos a Alberto Fernández. Es un resultado donde impactan de pleno las reformas constitucionales de 1994: derogación del Colegio Electoral que amortiguaba su ahora decisiva potencia política, más la ayuda del “balotaje a la argentina” que acordaron en el Pacto de Olivos Raúl Alfonsín y Carlos Menem: un 45% de tope decisorio y aún menos, siempre que opere en este caso una diferencia mayor al 10% entre el primero y segundo.
Este “sobreviviente” político de la jornada dominical tiene la misma edad que su rival, 60 años. Sus pretensiones políticas no aparecieron en 2007 cuando ganó el gobierno de la ciudad de Buenos Aires. Lo había intentado en 2003 y había perdido a manos de Aníbal Ibarra. Pero tampoco fue cuando incursionó en la política de clubes allá por 1995, llegando a la presidencia del popular club Boca Juniors. Se remonta a 1991, cando a instancias del ex gobernador peronista Ramón Puerta, hoy embajador en España, sacó domicilio en la ciudad misionera de Apóstoles. La intención era presentarse como candidato a senador nacional por aquel distrito, propósito del que finalmente desistió. No fue la única tentación. En 2002 había desechado la invitación de Eduardo Duhalde de competir por la Presidencia, pero advirtió el ardid: el “Negro”, como le dicen al ex presidente, quería con esta maniobra restarle votos a Carlos Menem.
Nada hace presumir que tras batirse en las grandes ligas y sobrevivir políticamente, repliegue su vocación. Menos con el resultado de ayer. Que aspire y que lo logre son cuestiones muy distintas. Antes debe sobreponerse a Comodoro Py. O a alguna consideración especial de la voluntad presidencial, equivalente a la que espera CFK.