Alberto se topó con el techo K de Córdoba

Por Bettina Marengo
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Sin el apoyo formal del PJ cordobés y con el gobernador Juan Schiaretti prescindente en la elección, Alberto Fernández sufrió los efectos del consolidado antikirchnerimo cordobés y de la confusión de la oferta electoral del albertismo en la provincia e hizo en Córdoba la peor elección del país, con el 29,24% de los votos.
A ese escenario hay que sumarle el crecimiento de Mauricio Macri en casi todo el país, que en Córdoba lo llevó a una elección record superior a los 60 puntos. En esa tensión entre el tope de Alberto y la ampliación de límites de Macri se juega la explicación de los comicios en Córdoba.
El presidente electo cayó más de un punto respecto de las Paso y quedó en este distrito treinta puntos por debajo de Mauricio Macri, que sacó el 61,32% y mejoró más de 13 puntos porcentuales desde el 11 de agosto. El voto del electorado cordobés tuvo también un rasgo regional: se comportó en forma similar al del resto de la Región Centro. En Entre Ríos, Santa Fe, San Luis y Mendoza (además de Capital Federal), la fórmula Alberto Fernández-Cristina Fernández no logró imponerse, pero Córdoba lideró esa posición anti K.
De esta manera, el segundo distrito electoral del país volvió a quedar enfrentada a la tendencia nacional: le dio a Alberto apenas el 5% de los 12 millones de votos que sacó en total. A Macri, Córdoba le entregó el 14% del caudal de 10,2 millones con que se quedó. Sin el apoyo oficial del PJ provincial ni del Gobierno provincial, y sin disponer de su aparato para la campaña, a la fórmula de los Fernández no le alcanzó el respaldo de la profusa dirigencia peronista que jugó con el senador Carlos Caserio, ni la incorporación a la campaña de Natalia de la Sota, ni los esfuerzos de la lista propia para mejorar los resultados de agosto. Fue más fuerte el techo del peronismo K. Con todo, hay que destacar que en Córdoba se repitió el estancamiento que tuvo la dupla FF a nivel nacional, solo que con veinte puntos menos.
El amesetamiento de Alberto en Córdoba se replicó también en la lista de diputados nacionales, donde el espacio volvió a sufrir el corte de boleta de casi ocho puntos. La lista “larga” sacó el 22% de los votos, algo menos que en las Paso (23%), y mantuvo las dos bancas en la Cámara de Diputados que tenía “preadjudicadas”. Eduardo Fernández y Gabriela Estévez (que renueva) ganaron sus bancas, pero el gremialista Pablo Chacón, tercero de la boleta, quedó afuera pese a que estaba a dos puntos del Congreso.
Con estos resultados, Alberto Fernández no sólo no logró acercarse al récord histórico de Cristina Kirchner, que en las elecciones presidenciales del 2011 ganó en Córdoba con el 37% de los votos, sino que prácticamente repitió los resultados de Daniel Scioli en el balotaje de noviembre de 2015, donde obtuvo el 28,48%.
En la ciudad Capital, el nivel de rechazo que tuvo la opción FF fue muy profundo. El Frente de Todos apenas logró el 24,32% de los votos, cuarenta y dos puntos menos que Juntos para el Cambio, que finalizó un récord absoluto del 66,32%: una verdadera capital macrista y antikirchnerista que en mayo eligió como próximo intendente a peronista con buenos vínculos con Alberto.
En el análisis territorial, en el interior cordobés le fue mejor al nuevo jefe de Estado, donde en promedio llegó al 35%, con picos del 41,5% en departamentos del norte como Ischilín.
En público, el resultado fue calificado como “positivo”, pero en privado los referentes admitieron con desilusión que esperaban una mejora de tres a cinco puntos, aunque con el correr de los días esa expectativa se diluyó y en el búnker de la calle México se resolvió que Alberto no volviera a Córdoba. En cambio, el todavía candidato utilizó los días previos a la veda electoral para exhibir su malestar con la posición prescindente de Schiaretti.

Desorganizados y confusos
El primer análisis indica que, además del enraizado voto anti K que fue tomando volumen con los días, y de no contar con el apoyo del dirigente más votado de la provincia -Schiaretti- el Frente de Todos pagó el costo de la desorganización y la superposición de la oferta electoral, que promovió la confusión del elector que no es núcleo duro de ningún espacio.
En la campaña de Córdoba convivieron peronistas que militaron la candidatura de Alberto F combinada con la boleta de diputados de Hacemos por Córdoba, junto a otros que sumaron a esa opción la oferta Macri-Hacemos por Córdoba, más peronistas albertistas que ofrecieron indistintamente la boleta del Frente de Todos completa o junto a la de los diputados de Schiaretti, más la dirigencia kirchnerista y cristinista que trabajó la lista completa del Frente de Todos.
A este escenario hay que agregar que el Frente de Todos hizo una campaña electoral de baja visibilidad, casi sin acciones conjuntas de los candidatos a diputados y que el espacio sufrió, ni bien pasaron las primarias, la imputación por supuesta corrupción de uno de sus candidatos a diputados, el sindicalista Franco Saillen.
En el mejor resultado que se produjo en el interior (donde, como se vio, a Alberto lo votaron porcentualmente unos diez puntos más que en Capital) se puede computar la acción de los intendentes del PJ y de la estructura territorial que se sumó al senador Caserio.