En campaña, mejor no tomarse en serio las promesas económicas

Reaccionar ante cada dicho de un candidato no tiene lógica si se toma la experiencia argentina. Si la elección se define en la primera vuelta, lo mejor serían definiciones concretas para no alargar la agonía que arrastra la economía desde hace 18 meses.

Por Gabriela Origlia

candidatosEl Fondo Monetario Internacional (FMI) confirmó lo que ya se sabía: esperará los resultados de las elecciones para avanzar en las negociaciones con la Argentina. Su directora gerente, Kristalina Georgieva, aseguró: “Será muy interesante ver qué marco político tendremos”. Hubo reunión con el ministro Hernán Lancunza, pero no se aflojarán los US$ 5400 millones que están pendientes desde setiembre.

Hasta ahora el FMI giró un total de US$44.867 millones; restan US$ 11.000 millones para completar todo el acuerdo. Georgieva sostuvo que esperan las reformas macroeconómicas necesarias para redirigir la economía argentina “lleven a una mejor vida para sus habitantes”.

Según sus últimas proyecciones, presentadas la última semana, la economía local se contraerá “aún más” este año debido a una menor confianza, una mayor inestabilidad política y condiciones de financiación externa más estrictas. Los cálculos apuntan a que la Argentina decrecerá 3,1% este año y 1,3% en 2020.



La definición de Fondo coincidió con la mayor reunión empresaria del país, el tradicional Coloquio de IDEA, donde sólo 23% de los encuestados definió al período que termina como positivo; sólo uno de cada cinco entrevistados para la encuesta de expectativas hizo una evaluación positiva de 2019. Antes de las PASO estaba la impresión de una posible mejoría de la economía; se acabó después de la devaluación.

Hacia adelante, el 61% cree que habrá suba de impuestos y 62% supone que habrá mayor presión sindical; sin que lo explicitaran es lo que los empresarios creen que pasará si Alberto Fernández se impone en las elecciones generales. Las previsiones incluyen una caída de inversión en 2020, como también una disminución de ventas y de empleo.

Todos los agentes económicos esperan que los candidatos de más precisiones sobre el rumbo económico que tomarán; buscan definiciones y reclaman consensos. Por ahora, no obtienen nada. No hay respuestas. Sólo promesas -en los actos, en los debates presidenciales- pero ningún avance de cómo harían lo que proponen.

La experiencia argentina muestra que lo mejor, en campaña, es no tomarse en serio lo que dicen los postulantes porque después en la mayoría de los casos no lo concretan. El economista Juan Carlos de Pablo lo graficó: “En campaña no le doy bolilla ni a Alberto Fernández ni a Mauricio Macri”.

El mayor problema -si hay definición el 27 de octubre- es que si Fernández resulta ganador no de precisiones hasta el día que asuma. Es mucho tiempo para un país que navega en la incertidumbre y cuya economía se va descascarando con el paso de los días. Si ganara Macri y forzara una segunda vuelta, hay más pistas; viene repitiendo “lo mismo pero más rápido”. Es cierto que desde después de la derrota de las PASO ese “mismo” no es igual a las políticas de antes de agosto.

La negociación por la deuda es una de las principales fuentes de dudas: Fernández se mostró inclinado a un modelo “a la uruguaya” (en realidad, lo mencionó después de que el economista del Ieral Marcelo Capello se definiera por ese lado). Esto implica alargamiento de plazos sin quita. La mayoría de los analistas y de los fondos de inversión que ya acercan propuestas van en dirección a la quita.

Lacunza insiste en que la Argentina “debe recobrar el acceso a los mercados voluntarios de deuda” y en su presentación de los números sugirió dos ingredientes: la renegociación debe ser rápida y voluntaria. No descartó la posibilidad de incluir quita: “El resultado tiene que ver con la trayectoria scal: la negociación puede ser más hostil o amigable, según sea la trayectoria que se decida”.

Planteó que la variación de la deuda es una sumatoria del déficit. “Hay que elegir entre un mayor ajuste o menor deuda”, planteó. “Ese dilema no lo resuelve el Poder Ejecutivo. Es una interacción de fuerzas políticas”, defendió.