Un método vergonzante

Seis años después del éxito del tema “Blurred Lines”, su autor principal ha reconocido que se arrepiente de haber compuesto aquellos versos y que, viéndolos a la distancia, entiende que comportaban un contenido sexista y que podría interpretarse como que avalaban una violación.

Por J.C. Maraddón
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El 22 de junio de 2013, apenas tres meses luego de su aparición, se acomodaba en el primer puesto del Hot 100 de la revista Billboard “Blurred Lines”, una canción que era interpretada por el cantante Robin Thicke, a quien acompañaban el rapero T.I. y también Pharrell Williams, que además se hizo cargo de la producción artística. Sobre una rítmica contagiosa, el tema era interpretado en tono de falsete por los vocalistas, y relataba la historia de una seducción en la que el chico intentaba convencer a la chica, aunque ella no se mostrase del todo dispuesta a consumar la relación. Nada que no se hubiese escuchado antes den un hit de moda.
Hasta ese momento, Thicke no había logrado jamás semejante repercusión, pese a que había iniciado su carrera musical en la adolescencia, y ya contaba con 36 años al tiempo de grabar ese single que lo transformó en un fenómeno de ventas. En aquel entonces, se atribuyó gran parte del mérito al toque mágico de Pharrell, que ya venía acertando bastante con su trabajo de productor y que luego terminaría de cerrar el círculo cuando a comienzos de 2014 una de sus composiciones, “Happy”, reportara como un suceso mundial y lo consagrase también como intérprete.
Recién a mediados de septiembre de 2013, el resonante “Roar” de Katy Perry logró quitarle a “Blurred Lines” la corona del número uno, aunque eso no impidió que el tema siguiera sonando una y otra vez, como si su rotación nunca encontrara fin. En Argentina, durante ese verano no hubo fiesta ni discoteca donde no se escuchara esa pieza, que además venía acompañada de un provocativo video, donde tres modelos bailaban sensualmente alrededor de los vocalistas. En la versión light, las chicas aparecían apenas vestidas, pero en la variante hot se las veía en topless, lo que llevó a Youtube a restringir el acceso de menores a esas imágenes.
A poco de trascender “Blurred Lines”, los herederos del cantautor Marvin Gaye, fallecido en 1984, demandaron a Thicke porque sostenían que se había apropiado de partes del tema “Got to Give It Up”, grabado por Gaye en 1977. La justicia les dio la razón dos años después y el nombre del malogrado ídolo del soul debió ser agregado en los créditos, además de otorgársele una retribución de más de 7 millones de dólares por derechos de autor a sus herederos. El impacto que había causado la canción de Robin Thicke saltaba así de lo musical a los estrados judiciales.
Pero, además, hubo en aquellos meses denuncias que subrayaban la misoginia latente en el mensaje de “Blurred Lines”, donde la voz masculina afirma saber “lo que ella quiere”, aunque la aludida no lo manifieste expresamente. Se desató entonces una campaña para impedir la difusión del hit, alegando que promovía las relaciones no consentidas. Pharrell, como su autor principal, defendió su obra y adujo que se trataba de un juego, pero el desempeño de las modelos en el correspondiente videoclip no ayudaba a suavizar las críticas que empezaban a ser cada vez más virulentas.
Y ahora, seis años después, el propio Pharrell Williams ha salido a reconocer que se arrepiente de haber defendido aquellos versos y que, viéndolos a la distancia, comprende que comportaban un contenido sexista y que podría interpretarse como que avalaban una violación. Todas estas contrariedades, sin embargo, no han logrado apagar el encanto de un single muy apreciado por la industria musical, pese a su discurso misógino en consonancia con lo que mostraba el video. Paradojas de un negocio que, como tal, intenta maximizar las ganancias, aunque luego se avergüence del método que ha utilizado para alcanzar su meta.