La expectativa apunta a más controles de cambio

En los últimos 40 días se perdieron US$18.000 millones de reservas y en que se espera una emisión de alrededor del 18% de la base monetaria en los últimos meses para cumplir con compromisos, por lo que habrá más pesos que pueden irse al dólar. Un dólar a $60 es funcional a las exportaciones, pero más alto complicaría.

Por Gabriela Origlia

Cada vez son más los analistas económicos que entienden que los controles cambiarios podrían profundizarse en las próximas semanas para cuidar las reservas. La hipótesis se fundamenta en que en los últimos 40 días se perdieron US$18.000 millones de reservas y en que se espera una emisión de alrededor del 18% de la base monetaria en los últimos meses para cumplir con compromisos, por lo que habrá más pesos que pueden irse al dólar.

En Córdoba, la economista Marina Dal Poggetto -participó de la VI Jornada de Infraestructura- abonó la posibilidad de más controles y recordó, para dar una magnitud de la pérdida de reservas que previo a la crisis de 2001, en ocho meses, la baja fue de US$22.000 millones.  Además, desde las PASO hasta ahora, de los bancos se fueron el 35% de los depósitos en dólares; con todo, el sistema “sigue sólido”.

El dólar actual a $60 es de los más altos, en términos reales, de la gestión de Cambiemos; sólo lo supera el de un año atrás cuando Luis Caputo fue reemplazado en el Banco Central por Guido Sandleris; entonces fue de $63,6 a valores actuales. La diferencia, claro está, son los controles cambiarios.



«El tipo de cambio libre y flotante no va más, se usa en el mundo moderno y estable, pero Argentina no lo es, no estamos para eso», dijo hace poco Carlos Melconian sobre los controles de cambio que aplica el Gobierno.

Frente al escenario electoral, sostuvo que «falta bastante para la transición, y hay que ver cómo se llega. Estamos con la idea de llegar de la manera más armada posible con los temas de control de cambios, el reperfilamiento de la deuda y los depósitos en dólares».

Para su colega Dal Poggeto la gran duda es que si la elección se define el 27, puede aparecer la coordinación el día después o hay que esperar hasta el 10 de diciembre. “Se necesita ya mismo un plan de estabilización. De hecho, lo necesitabas hace más de un año cuando arrancó la corrida y fuiste al FMI. Ahora, con menos instrumentos, la necesidad es aún mayor», planteó.

La economista, en su presentación cordobesa -en la que dio por ganador de la elección a Alberto Fernández- se refirió a las propuestas del candidato; indicó que un acuerdo de precios y salarios es necesario, pero es “apenas” una parte del plan de estabilización. “Sólo con política monetaria no podés frenar esta inflación, como ya hemos visto, y sólo con un acuerdo de precios y salarios, tampoco».

En ese contexto, apuntó que se va a requerir de un acuerdo rápido sobre la deuda; de consistencia monetaria y fiscal, de una desindexación del gasto previsional y de hacer algo con las retenciones que se están licuando. Y volvió sobre los controles cambiarios: “Algo más rígido con controles que funcione como semiancla, para lo cual necesitas recrear la confianza que evite que se dispare la brecha cambiaria». Todo eso, describió, debería enmarcarse en una renegociación con el Fondo Monetario Internacional (FMI)

La Unión Industrial en sus propuestas a los candidatos reclamó sostener un tipo de cambio competitivo, es decir, alto para favorecer las exportaciones. Si se toma el «tipo de cambio real multilateral» (tomar el precio de cualquier momento, traerlo al presente y ajustarlo por inflación), los $60 equivalen a $93 de la salida de la Convertibilidad; a $70 pesos de la asunción de Néstor Kirchner en 2003; a $40 de diciembre de 2015 y a $45 de cuando Cambiemos eliminó el cepo.

Es decir, el Gobierno que venga tendrá un dólar competitivo -las consultoras coinciden en uno de $70 en diciembre- que lo favorecerá para evitar los desequilibrios de la cuenta corriente del balance de pagos y reducir los gastos en dólares. Pero, a la vez, hay un lado negativo del dólar alto por el nivel de la deuda (76% de la deuda pública está nominada en esa moneda) y el traslado de las devaluaciones a precios con la consecuente aceleración de la inflación.