La danza del perdedor

A través de una letra que es un canto a la resiliencia, la canción “That’s Life”, grabada por Frank Sinatra en 1966, sirve como marco sonoro ideal para las desventuras de Arthur Fleck, el antihéroe encarnado por Joaquin Phoenix que protagoniza la película “Guasón”, de Todd Phillips.

Por J.C. Maraddón
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En la segunda mitad de los años sesenta, la casta de los crooners aún le daba batalla al empellón rockero que, desde comienzos de los cincuenta, había entronizado a una nueva camada de ídolos entre la juventud. Mientras el rocanrol evolucionaba hacia un sonido experimental que incluía álbumes conceptuales, una instrumentación eximia y unas letras muy elaboradas, las eternas canciones de amor seguían siendo reivindicadas por esos intérpretes de voces melosas, entre quienes empezaba a figurar el propio Elvis Presley, quien cedió su trono como Rey del Rock para abordar ese repertorio melódico que fue tan característico de su última etapa artística. En el ámbito familiar y entre ciertos sectores sociales, todavía surtía efecto el estilo de esos vocalistas atildados, de cabello con fijador, que cantaban al amparo de grandes orquestas y que no componían su material, sino que apelaban a autores de probado profesionalismo, cuyo suceso consistía en dar lo mejor de sí para que otros se lucieran. Un aceitado mecanismo de producción extendió durante mucho tiempo la bonanza de este formato musical estandarizado, a pesar de que los tiempos cambiaban de raíz y los jóvenes rechazaban a esos astros de saco y corbata que parecían provenir desde un pasado lejano. Un sobreviviente de esa elite, que tuvo la virtud de reinventarse para no ser arrollado por las nuevas tendencias, fue Frank Sinatra, prototipo de esta clase de cantantes que había saltado al ruedo en el apogeo de las grandes bandas de jazz de salón y que conservaba la pompa de aquel sonido, por más que la distorsión de las guitarras eléctricas viniera degollando. Sospechado de vínculos mafiosos y arrinconado como una rémora de una sociedad que había quedado atrás, Sinatra se las arregló para mantenerse vigente y para grabar algunas de sus piezas más recordadas, más allá del contexto adverso. Con su olfato infalible, en 1966 le pidió a su hija que gestionara los derechos para hacer una versión del tema “That’s Life”, que había sido compuesto dos años antes por la dupla de Dean Kay y Kelly Gordon, para la cantante Marion Montgomery. Aunque en ese momento no ingresó a los charts, Sinatra lo escuchó en la voz de O.C. Smith y se propuso incluirlo en su siguiente disco. Según cuenta la leyenda, el tono enérgico que él emplea en ese registro se debe a que el productor Jimmy Bowen lo obligó a hacer una segunda toma, algo que él detestaba. A través de una letra que es un canto a la resiliencia, donde se descuenta que aunque las cosas vayan mal, siempre puede cambiar la suerte, “That’s Life” sirve como marco sonoro ideal para las desventuras de Arthur Fleck, el antihéroe que protagoniza la película “Guasón”, de Todd Phillips. Y los arreglos orquestales, sumados a la interpretación majestuosa de Frank Sinatra, ubican al tema como la piedra angular de la banda sonora de esta historia cuya ambientación parece tener lugar en una metrópolis estadounidense de los años sesenta, aunque sólo sabemos que se trata de la fantasiosa Ciudad Gótica. La canción, además de enmarcar las desgracias de la vida del personaje encarnado por Joaquin Phoenix, brinda al actor el acompañamiento musical para que a través de movimientos cuidados y expresivos, ponga de manifiesto todo ese resentimiento que lo corroe por dentro y que lo sitúa a mitad de camino entre la acción suicida y el liderazgo mesiánico. Si la danza es un elemento ético y estético en el desarrollo de “Guasón”, no menos trascendente es el rol que se le otorga a esa canción grabada por Frank Sinatra hace más de medio siglo, cuyo mensaje insufla esperanzas en el alma de un hombre al que ya no le queda nada por perder.