Hubo debate, pero ninguna sorpresa

Los vimos defendiendo sus puntos de vista, pero no mucho más. Cada uno habló a los suyos, sin emociones ni épica. Sin ganador claro, todos tuvieron lo que esperaban.

Por Javier Boher
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debate¡Buen día amigo lector! Qué gran momento para agradecer. Fin de semana largo, dejando el calor subsahariano de la semana pasada para pasar al frío de país desarrollado del norte de Europa (que me disculpen los nuestroamericanistas bolivarianos tropicales).

Este clima es maravilloso para hacer cualquier cosa, incluso un debate presidencial. Preste atención, amigo lector, porque voy a hacer un acto de adivinación para saber quién cree usted que ganó el debate. Sin lugar a dudas, el mejor expositor fue el que usted quiere votar, ¿o me equivoco?. Esto suele ser siempre más o menos así, salvo que haya sentido que alguno le sorprendió (lo que sería en realidad una especie de salida del closet).

Sin lugar a dudas, el debate no dejó muchas sorpresas respecto a lo que le anticipé el viernes. Lo primero, que todos hicieron fila para pegarle a Gatricio. Parecía la cola que se arma en el correo los días que se cobran las asignaciones. Faltó que lo critiquen por la ropa, porque le dieron por todos lados, pero especialmente cobró porque todos creen que tiene menos huevo que flan light.



Quizás haya que ir haciendo un repasito de uno en uno, como cuando se le pone puntaje a los jugadores después del partido, aunque le aviso que esta vez los puntajes son todos más o menos como los que se suelen llevar los jugadores de Belgrano en este campañón del ascenso.

JJ Dos Vidas dejó en claro que ya está grande para estas cosas. Aunque todos hubiésemos pensado de antemano que el geronte de las sandalias iba a ser el candidato de los jubilados, el ex combatiente de Malvinas bien podría encargarse de armarles el tour por las Termas. Sólo faltó verlo gritarle a las nubes como el abuelo Simpson y cartón lleno.

Para ser el candidato que se quiere robar los votos de la derecha, tuvo menos fuerza que rastrojero en subida a la salida del mercado. Si logró convencer a alguien con ese carisma, claramente el resto tiene que haber sido muy malo. Además ofrece un producto muy de nicho, más difícil de vender que gaseosa sabor a cola (de la que tenemos todos, digamos).

Lo último, menos manejo del tiempo que reloj de cotillón de casamiento: hay que desconfiar de la gente a la que no le alcanza el tiempo para explicar lo que se supone que sabe, amigo lector.

El que le peleó la cima del podio de la copa María América González por el orgullo de los jubilados fue Roberto Lagaña, con un desempeño más bien soporífero. Por momentos patinaba más que el Diegote, con una mar de eeeeeeees que me hacía acordar de los alumnos que no estudiaron para ir a rendir coloquio. Siendo que siempre se las rebuscó para vivir del Estado, me imaginaba a alguien más ducho para convencer, no un señor con más dudas que la defensa de Los Pumas.

Dentro de las dudas, el que las despejó a todas fue Nico Sin Baño: no quiero decir que es un imbécil, pero es un misterio cómo un tipo que no sabe hablar fue capaz de ganarle una interna a un tipo tan formado como Jorge Altamira. Arrancó hablando de su historia “de pibe”, sinónimo de bajo C.I., sólo salvado porque estaba hablando y no podía decir “lxs pibxs”.

En lo estético, debería haberse puesto una corbata “rojo octubre” o una “verde aborto”, no un look de camisa abierta propio del dressing code macrista que definieron el hombre niño y el gurú de pelo azabache.

Hay que hacer una mención al momento del aborto y su posición con el pañuelo verde: hombre grande, de 39 años, haciendo cosas de adolescente más caliente que techo de chapa a la siesta. Si a esta altura no tuviste suerte para “depositarla”, quizás sea hora de dejar de tratar con esas cosas, amigo.

Se lo dije el viernes, amigo lector: el que mejor aprovechó que estaba jugando gratis fue José Luis Espert, que pegó y prometió como quiso, sabiendo que no va a ganar nunca. Con training de panelista, supo meter palabras fuertes para parar la oreja, que rompieron un poco la monotonía del debate. Faltó que tratara a los candidatos con apodos, que se riera de las parejas o hijos, cosas propias de trump o Bolsonaro, los candidatos que va a tratar de imitar (desde ya le voy avisando).

El Capitán Beto salió a hacer la segura: venís liderando la carrera, no vas a pisar el acelerador para desbarrancar en la última curva. Aunque le pegó al gobierno por todo lo pésimo que ha hecho, también escondió a la compañera de fórmula como a la fea con la que te agarran a la salida del cheboli con el primer sol de la mañana. Aunque te de vergüenza te la estás comiendo, maestro.

Para cerrar, es muy difícil estar en el lugar de Gatricio: no le podes pegar a ninguno, sino vender lo que hiciste. Si bien le dedicó algunas palabras al candidato del Frente de Toddy, su mayor esfuerzo fue para que la gente compre lo que hizo hasta ahora, aunque por la calidad del trabajo en estos cuatro años es imposible no acordarse del “Ecce Homo”, ese fresco que arruinó la viejita que lo quiso arreglar.

Seguramente nos quedaron algunas cositas para mencionar, como lo del curro de los derechos humanos, la ideología de género y demás, aunque eso es un poco más de lo mismo, una muestra de que la agenda va girando a la derecha, aunque a muchos no les guste. Pese a todo, fue una linda entrada en calor. Ahora, a esperar el domingo que viene. Crucemos los dedos para que levanten la vara.