En soledad, Rosenkrantz defiende la Constitución

El entorno cristinista insiste con la necesidad de reformar la Carta Magna y el juez le envió mensajes. Dijo que el cambio de 1994 fue exitoso porque “no se hizo en cualquier circunstancia”.

Como en otras oportunidades, el presidente de la Corte, Carlos Rosenkrantz, se pronunció en disidencia con sus pares en los últimos decisorios resonantes de la Máxima Instancia: el fallo que admitió el planteo de 15 provincias por la reducción del IVA y la exclusión de la totalidad de la clase pasiva de la obligación de tributar Ganancias.
En la primera causa, sin el voto de Elena Highton ni acuerdo de Rosenkrantz, los supremos Juan Maqueda, Ricardo Lorenzetti y Horacio Rosatti dispusieron cautelarmente que el Estado Nacional afronte los costos de la aplicación de los decretos y de las resoluciones generales del Fisco cuestionados por Entre Ríos, Catamarca, Chubut, Formosa, La Pampa, La Rioja, Misiones, Salta, San Juan, San Luis, Santa Cruz, Santa Fe, Santiago del Estero, Tierra del Fuego y Tucumán, en el entendimiento de que las medidas que tomó el Gobierno luego de las PASO podrían erosionar la masa coparticipable.
En soledad, Rosenkrantz sostuvo que las provincias no tienen derecho ni expectativa alguna sobre un determinado nivel de recaudación y que como las variaciones en la materia son previsibles no pueden dar lugar a la presunción de que les provoquen un daño irreversible a la hora de ejecutar sus presupuestos.
En tanto, en el segundo expediente volvió a manifestar su desacuerdo con la declaración de inconstitucionalidad de la manda que releva a los jubilados de abonar Ganancias, cualquiera sea el monto que perciban mensualmente.
Esta semana, aislado de sus pares, el ministro apeló a la prudencia a la hora de hablar de la posibilidad o de la necesidad, según el caso, de modificar la Carta Magna.
Al exponer en un un ciclo sobre los 25 años de la reforma le envió mensajes al entorno de la fórmula Fernández-Fernández, al manifestar que el cambio de 1994 fue muy exitoso porque “no se hizo en cualquier circunstancia” y porque el aspecto central que había que mejorar era “expresar más y mejor” el compromiso con la democracia.
En la misma línea, dijo que “en momentos tan divisivos y confrontativos” la cultura constitucional “es un producto cultural de enorme delicadeza y fragilidad” que “se rompe fácil”.
“La Constitución se puede romper sin la necesidad de cambiarla”, disparó, acotando que para menoscabarla “basta meramente con ignorarla o moldearla y hacerle decir aquello que a nuestros intereses le gustaría que diga”.
Bajo esas premisas, argumentó: “Más allá del impacto que pudo haber tenido o no en el diseño de las instituciones, la Constitución solidificó el sentido de que nuestra sociedad es un emprendimiento colectivo. La reforma sirvió para reavivar la lealtad a la Constitución. Solo la lealtad nos permitirá vivir a la altura de los ideales que nos constituyen”.

Grieta
Por su parte, el abogado y titular de la Asociación Argentina de Derecho Constitucional, Daniel Sabsay, advirtió que la reforma de 1994 “fue el único gran acto constitucional de la historia argentina que partió de un trabajo transaccional” y recordó que “no hubo derramamiento de sangre previo ni hubo grieta”.
El especialista recordó que participaron en el proceso “desde Aldo Rico a Graciela Fernández Meijide” y que el resultado “fue votado por unanimidad”.

Agenda
No es la primera vez que Rosenkrantz alude a agenda de algunos referentes del Frente de Todos en materia legislativa.
En junio, sin medias tintas, valoró que expresiones como las del ex integrante de la Corte y ferviente cristinista, Eugenio Zaffaroni, sobre la necesidad de revisar las causas por corrupción que involucran a ex funcionarios del kirchnerismo (“presos políticos”, según la lectura del gurú del abolicionismo) son profundamente irrazonables.
También salió al cruce de los proyectos que alientan la virtual supresión del Judicial como poder independiente del Estado y opinó que son anti republicanos.
Lo hizo al hablar en las XXV jornadas Científicas de la Magistratura, cuando en su breve discurso fustigó la noción de “jueces militantes”.
Aunque no nombró a los voceros y probables arquitectos de las medidas que podrían implementarse si el kirchnerismo vuelve al poder, el ministro fue terminante y sostuvo que su ideario va en contra de nuestra historia y del desarrollo de las instituciones del país.
“La democracia constitucional y republicana exige distinguir entre entre aplicar el derecho y hacer política”, enfatizó.
Además, argumentó que desde la visión de los intelectuales K, dado que no hay una diferencia entre juzgar y politiquear, se formula una propuesta “extrema y radicalizada” como prescindir del Judicial y reemplazarlo por órganos de representación popular.
Además, tal como planteó al abrir el año judicial, Rosenkrantz les pidió a sus colegas que excluyan ideologías y que resuelvan según principios “aunque el resultado sea impopular o antipático”.
Cabe recordar que en marzo les exigió a los magistrados una línea de continuidad en su labor. Paralelamente, les reclamó que no claudiquen en lo que calificó como un camino largo.
“Para ser coherentes se paga un precio alto”, vaticinó el supremo que podría dejar su sillón en la Corte si el actual Gobierno pierde las elecciones.