Concejo: el cupo trans va y vuelve a comisión

En una sesión agitada, el oficialismo logró aprobar la cuenta general del ejercicio 2018. El cupo laboral trans y las modificaciones a la ordenanza de centros vecinales volvieron a comisión. Durante el tratamiento del cupo hubo peleas no sólo entre los colectivos trans afines al oficialismo y a la oposición, sino también entre ediles de una y otra bancada.

Por Felipe Osman

El Concejo Deliberante vivió una sesión, cuanto menos, agitada ayer, en la que el oficialismo insistió, entre otros asuntos de menor importancia, con tres iniciativas: la aprobación de la cuenta general del ejercicio 2018, la sanción de un nuevo marco regulatorio para el régimen electoral de los centros vecinales, y la instauración del cupo laboral trans. La efectividad de la bancada mayoritaria: 1 de 3. Se logró la aprobación de la cuenta general; los otros dos proyectos volvieron a comisión y fue votada su preferencia para ser tratado en la sesión del 24 de noviembre.
En realidad, estos últimos dos proyectos van y vuelven constantemente de la comisión al recinto. Tal es el mecanismo al que la bancada de Juntos por Córdoba ha decidió apostar para afrontar los últimos compases de su gestión: insistir con las mismas iniciativas hasta que una composición de la cámara le resulte accidentalmente favorable y le permita aprobarlas. O en criollo, esperar a que un día falten varios concejales de la oposición.
La aprobación de la cuenta de balance es un asunto importante y rutinario a la vez. Importante porque implica el respaldo que el Legislativo municipal hace de la ejecución del presupuesto realizada por el Ejecutivo. Rutinaria porque el oficialismo cuenta, gracias a la cláusula de gobernabilidad impuesta por la Carta Orgánica, con la mayoría necesaria para aprobarla.
Desde luego, el asunto dificulta cuanto no se puede aunar la tropa, y tal es lo que -hasta ayer- venía sucediendo en Juntos por Córdoba, que recién consiguió dar el visto bueno al Palacio 6 de Julio después de que la iniciativa volviera dos veces del recinto a la comisión de Economía. La tercera fue la vencida. Una performance respetable si se compara con la que el oficialismo viene mostrando para sancionar la modificación al régimen electoral de los centros vecinales.
Si se pone el foco en esta iniciativa, la efectividad de Juntos por Córdoba cae estrepitosamente de 1 de 3 a 0 de 5. El proyecto que busca licuar las facultades de la Dirección de Asuntos Vecinales y de los propios centros vecinales en sus procesos electorales poniéndolas en cabeza de jueces y fiscales electorales municipales fue tratado cinco veces en el recinto y las cinco veces volvió a la comisión de Legislación Social. En dos semanas volverá a tratarse en el Concejo, por sexta vez, después de recibir en cada oportunidad el rechazo no sólo de las autoridades de más de 200 centros vecinales, sino el del propio Jaime Juaneda, director de Políticas Vecinales del Palacio 6 de Julio.
Pero el plato fuerte de la sesión llegó con el tratamiento del cupo laboral trans. La iniciativa, propia de Nadia Fernández (PJ), fue luego usurpada por la concejala Miriam Acosta (UCR), que la convirtió propiamente en un cupo del 3 por ciento de los empleaos de planta en el municipio. Antes de esto, el proyecto diseñaba un marco de contención diferente.
El asunto es que el oficialismo no contaba con los votos necesarios para aprobar la iniciativa tal y como fue modificada por la comisión de Género presidida por Acosta, con lo cual la oposición pidió su regreso a comisión.
Las primeras quejas se escucharon desde el fondo del recinto, donde los colectivos partidarios de la aprobación del proyecto en los términos ofrecidos por el radicalismo -con Katrina “Kitty” Quispe, subdirectora de Políticas de Género de la Municipalidad a la cabeza- hicieron escuchar su reclamo a viva voz.
A esto respondieron no ya los concejales, sino los colectivos trans afines al peronismo que también seguían la sesión desde el fondo del recinto y que apoyan la iniciativa original formulada por Fernández. Hubo gritos y empujones, el presidente del cuerpo pidió que se pasara a un cuarto intermedio hasta que volviera el orden y, acto seguido, se pidió a la guardia policial que intercediera para recuperar la calma. Sin embargo, y con un inusual tacto, los agentes prefirieron dejar que el asunto se reencauzara por sí mismo. Su intervención, acertaron al adivinar, podría empeorar muchísimo la situación.
Al cabo de media hora los ánimos se calmaron y el Concejo decidió que el asunto pase comisión, votando, eso sí, la preferencia para el tratamiento de la iniciativa para la sesión del próximo 24 de octubre.
Del otro lado de la barandilla que separaba a los asistentes de los concejales también hubo entredichos. Ediles del oficialismo y de la primera oposición tuvieron algunos duros cambios de palabras, que en el marco de una transición a la que restan menos de dos meses no estuvieron lejos de generar entreveros peores.