Sea cine… o no

En sentido inverso a la tendencia imperante, pese a aportar un estreno suyo a la oferta de Netflix, el director Marin Scorsese se reclama como defensor del séptimo arte, al mismo tiempo que les quita a las películas del universo Marvel la chance de pertenecer al género cinematográfico.

Por J.C. Maraddón
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Así como alguna vez Martin Scorsese habló a favor de las series que se ven por streaming y así como negoció con Netflix para que su próximo filme se vea a través de esa plataforma, ahora ha levantado polvareda en la industria al asegurar en una entrevista que la saga de las películas de Marvel “no es cine”. Las repercusiones que tienen sus palabras cada vez que habla en público, denotan la importancia que ha adquirido este realizador de 76 años, quien viene imprimiendo su sello creativo en Hollywood desde hace medio siglo y siempre es visto y escuchado con atención cuando reflexiona sobre el presente de la industria. A pesar de su edad, Scorsese había mantenido hasta ahora una postura por demás abierta con respecto a las nuevas perspectivas cinematográficas, sobre todo en cuanto a la renovación de soportes tecnológicos y a la aparición de diferentes canales de distribución y exhibición de películas. Formado y consagrado en aquel cine de pantallas y salas enormes que albergaban a miles de espectadores, no ha tenido empacho en diagnosticar de manera positiva el avance de formatos digitales y en adaptarse a los cambios, pese a contar con pergaminos más que suficientes para no salir de su zona de confort. Al aceptar que su filme “The Irishman” sea presentado al gran público a través de Netflix, se ha sumado de manera implícita al grupo de los que señalan que el arte de la cinematografía no requiere de la proyección en la oscuridad como requisito indispensable para consumarse. La polémica al respecto, que estalló el año pasado con las candidaturas al Oscar que cosechó “Roma” de Alfonso Cuarón, lo tiene ahora a Scorsese como uno de los abanderados de la novedad, en oposición a quienes pretenden que las producciones para el streaming no sean incluidas entre las postulantes a ganar una estatuilla. Pero resulta que ahora aquel veterano cineasta que tan progresista se había mostrado, se despacha con una descalificación contra los largometrajes de Marvel, a los que sitúa más cerca del negocio de los parques temáticos que de la industria audiovisual. Y con esa opinión tan vehemente se termina ganando el abucheo de los fans de la casta de superhéroes que, sin duda, constituye hoy el fenómeno de taquilla más trascendente. Hasta James Gunn, director de “Guardianes de la galaxia” y confeso admirador de la filmografía de Scorsese, se ha sentido defraudado por el modo en que trató a sus producciones. Cabe la posibilidad, como siempre, de que en el fragor del diálogo con la revista Empire, el legendario realizador haya ido más allá de su propia voluntad al enjuiciar de forma tan terminante a esos productos surgidos del comic. Pero lo más factible es que su impresión deba ser tomada literalmente y que, como tal, requiera ser analizada sin fanatismos, ni por Scorsese ni por Marvel. Porque, en su desesperación por no perder espectadores, la fábrica de sueños ha apelado a todos los recursos a su alcance para llevar gente a las salas. Y podría ser que, tras ese objetivo haya perdido su eje. Con la autoridad de su experiencia, Scorsese se arroga el derecho a separar lo que es cine de lo que no lo es. Y, en sentido inverso a la tendencia imperante, pese a aportar un estreno suyo al streaming, se reclama como defensor del séptimo arte, mientras le quita a las piezas del universo Marvel la chance de pertenecer al género cinematográfico. Está claro, entonces, que la discusión gira en torno a redefinir qué consideramos como expresión artística en este siglo veintiuno. Y preguntarnos qué tiene de malo que nos guste algo que sólo se propone entretenernos, ya sea cine… o no.



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