El derecho a recordar

El insólito regreso de Soda Stéreo, que fue anunciado hace algunos días por el bajista Zeta Bosio y el baterista Charly Alberti, quizás no debería ser medido por su trascendencia artística, sino como un producto más dentro de los tributos al pasado que nos ofrece la industria del entretenimiento.

Por J.C. Maraddón
[email protected]

Ya nos hemos referido en varias ocasiones a las bandas tributo, esas formaciones que encabezan espectáculos bajo la consigna de emular a otras que son o han sido muy famosas e influyentes. Y hemos practicado una clasificación entre dos vertientes: las que acometen versiones que se arriesgan a modificar lo ya conocido, adaptándolo a nuevas formas, y las que basan su éxito en replicar con pelos y señales la música y la puesta en escena del grupo tributado. En este último caso, los aplausos aumentan cuanto más parecida es la copia al original. Y el mayor elogio consiste en la frase: “Son iguales”.
A quienes se amontonan en este segundo grupo, cuesta asimilarlos como practicantes de la creación artística, salvo que se valore como hecho cultural sublime a la imitación. Su mérito es simular ser quienes no son. Y cuando logran que el público crea que está viendo y escuchando lo que ellos pretenden duplicar, sienten que han triunfado en su propósito. Cada tanto, esta costumbre de tributar vuelve a ponerse de moda, y se constituye en un excelente negocio, en el que nadie podría reclamar que ha habido fraude, porque todos saben que no se está en presencia de un artista auténtico, sino de replicantes.
En cuanto a quienes reversionan obras de otros a manera de homenaje, está claro que realizan un esfuerzo extra para dotar de arreglos distintos a una pieza famosa. Por eso, adquieren un prestigio que los sitúa por encima de los meros imitadores, más allá de que también estemos hablando de reproducir algo que no les pertenece. El delicado trabajo de retocar una canción sin que pierda su esencia, representa un aporte que suele ser convenientemente valorado, porque posibilita apreciar una joya sonora desde una perspectiva diferente a la que había tenido cuando se la escuchó por primera vez.
Sin embargo, hay ocasiones en que las cosas se complican y el análisis es más arduo. Como, por ejemplo, ocurre con Queen, que sigue adelante con dos de sus miembros originales y un cantante en reemplazo del fallecido Freddie Mercury. No es una banda tributo, porque tanto Brian May como Roger Taylor tienen todo el derecho del mundo a usar el nombre e interpretar aquellos grandes éxitos. Pero, sin la arrasadora presencia de Mercury, la sensación es que se está ante un sucedáneo y no ante aquel grupo que durante un par de décadas cosechó un suceso inigualable.
Y algo por el estilo podría acontecer con el insólito regreso de Soda Stéreo, que fue anunciado la semana pasada por el bajista Zeta Bosio y el baterista Charly Alberti, integrantes de aquel trío que era liderado por Gustavo Cerati, quien murió en 2014. Que los sobrevivientes cuenten con la prerrogativa de usar el nombre del grupo y que inviten a cantar a Chris Martin y una pléyade de vocalistas para una gira internacional, no implica que esta iniciativa vaya a estar a la altura del recuerdo que Soda Stéreo ha dejado impreso en la memoria de sus fans.
Como el emprendimiento ha sido transformado por Bosio y Alberti en un homenaje a Gustavo Cerati, no sería desatinado considerarlo una expresión grandilocuente de ese fenómeno que orbita alrededor de los tributos a los grandes valores del pasado. De ser así, no estaríamos hablando de un evento que deba ser medido por su trascendencia artística, sino como un producto más que nos ofrece la industria del entretenimiento. No habría, entonces, engaño alguno. Quien quiera oír que oiga a este Soda Stéreo sin Cerati. Y quien no esté dispuesto a hacerlo, que entonces siga viendo viejos videos en Youtube y dando a play a sus álbumes en Spotify.



Dejar respuesta