Mendoza: un triunfo que posiciona a Cornejo, no a Macri

El radicalismo de Mendoza logró un triunfo memorable a pesar de Mauricio Macri. El candidato oficialista e intendente de la ciudad de Mendoza, Rodolfo Suárez, se impuso ante la envalentonada pretendiente del Frente de Todos, la senadora Anabel Fernández Sagasti, sin que la difícil situación económica hiciera mella en su performance.

Por Pablo Esteban Dávila

El radicalismo de Mendoza logró un triunfo memorable a pesar de Mauricio Macri. El candidato oficialista e intendente de la ciudad de Mendoza, Rodolfo Suárez, se impuso ante la envalentonada pretendiente del Frente de Todos, la senadora Anabel Fernández Sagasti, sin que la difícil situación económica hiciera mella en su performance.

La victoria tiene un demiurgo: Alfredo Conejo. El actual gobernador, sin derecho a reelección porque la constitución mendocina no lo permite, señaló a Suárez como su continuador aun cuando éste no era parte de su círculo de confianza. A comienzos de año era vox populi que Cornejo prefería transmitir el poder a Martín Kerchner Tomba, su ministro de Economía y aliado desde tiempos inmemoriales, pero las encuestas le señalaron que esta no era la vía adecuada para garantizar el poder una vez concluido su mandato. Con gran realismo se decantó entonces por el ahora gobernador electo, quién también contaba con el antecedente de una gestión municipal bien valorada.

Quienes lo conocen sostienen que Cornejo es el más peronista de los radicales y que a él le encanta ese mote. En los cuatro años que lleva al frente de la gobernación ha dado sobradas muestras de que el poder le sienta bien. Supo tomar decisiones duras y mantenerse en sus trece frente a las críticas, imponiendo un estilo propio en una provincia esencialmente conservadora. El radicalismo, en general, le ha respondido a pie juntillas y, durante todo este tiempo, la preeminencia del partido por sobre sus socios del PRO ha sido indiscutible.



Es claro, entonces, que Suárez le debe buena parte de su conquista al gobernador, apoyado sin fisuras por la mayor parte de los mendocinos, y también a la decisión, tomada tan temprano como en febrero, de desdoblar las elecciones provinciales de las presidenciales. En las PASO pudo verse en toda su perspectiva este acierto. El 11 de agosto pasado, y no obstante de que Cornejo encabeza el tramo de diputados nacionales del oficialismo, la lista de Cambia Mendoza cayó derrotada por dos puntos ante la del Frente de Todos. Si las elecciones locales hubieran sido unificadas en octubre es muy probable que el resultado no hubiera sido tan favorable para quienes hoy están de festejos.

Este acierto estratégico fue prorrogado por otro de orden táctico y de idéntico sentido: la campaña oficialista renunció a toda referencia al presidente de la Nación. Sólo los rostros Suárez y de su valedor Cornejo sonrieron desde los afiches en la vía pública y los spots televisivos. Consistente con el distanciamiento programado, el propio Suárez negó a Macri un par de veces al estilo Judas, aduciendo que “no debería haber sido candidato” y que, como se vive una crisis importante, “la gente votó con el bolsillo y en castigo al presidente”. Esto logró el efecto de que la oferta radical se pareciera más a la de un partido provincial antes que a la de una coalición que ocupa la Casa Rosada, al igual que lo sucedido con Gerardo Morales en Jujuy en junio pasado.

Aunque todo esto pudiese haber molestado a Macri, lo cierto es que en la noche del domingo cualquier agravio fue perdonado. El gobierno necesitaba una victoria que mostrar dentro del desierto electoral en el que se encuentra inmerso y Mendoza le dio una alegría importante. Debe tenerse en cuenta que ésta es una provincia afamada y que, al igual que Córdoba, tiene un estilo propio que gusta de mostrar al resto del país. Su electorado está lejos de ser del tipo clientelar y la imposibilidad de reelección de sus gobernadores hace que su clase política se renueve con frecuencia, sin la amenaza de un caudillo omnisciente que practique el populismo con los recursos públicos. Triunfar aquí siempre es prestigioso, especialmente cuando el distrito pertenece, al menos nominalmente, a Juntos por el Cambio.

Sin embargo, ningún operador macrista se hace muchas ilusiones sobre que esto sea el comienzo de una marcha decisiva hacia la reelección. Se puede sugerir ante los micrófonos algún optimismo elíptico, pero será sólo un placebo mediático. Lo único cierto es que ésta fue una elección provincial difícilmente homologable a las presidenciales, y que está bien que así sea. Acótese que en un país federal la diversidad política – territorial siempre es aspiracional, con independencia de lo que ocurra a nivel nacional. Unificar elecciones es privar al sistema político de innovación y alternativas, más allá de las tradicionales monsergas sobre el costo de los comicios o la molestia que supone votar muchas veces en un año.

Queda, sí, una consecuencia importante para Macri derivada de este éxito, que no es otra que la candidatura de Cornejo a diputado. Dentro de poco menos de un mes el gobernador deberá demostrar que él también puede ganar en un contexto adverso y a pesar de tener que hacer campaña, forzosamente, con el presidente. El triunfo, dentro de su sistema de visión periférica, será simplemente superar a los pretendientes del kirchnerismo, revirtiendo la original derrota en las primarias. La pregunta de si acaso podrá hacerlo sobrevolará, desde hoy, a toda la provincia.

Chances tiene. Amén de su prestigio como administrador se le suma el hecho de que, en las elecciones generales, se acercan a votar más electores que en las PASO. Las pruebas a mano son conclusivas en señalar que estos nuevos votantes son, en su gran mayoría, simpatizantes del macrismo o, cuanto menos, no peronistas. Dada que la diferencia entre el Frente de Todos y Juntos por el Cambio para el tramo legislativo fue de apenas 9.200 votos, es posible concluir que el gobernador podría darse el gusto de cantar victoria una vez más, con prescindencia de la suerte de Macri en el resto de los distritos.

Por lo tanto, si Cornejo militase activamente para sí mismo arrastraría al presidente en sus afanes y daría origen a otra externalidad positiva para la Casa Rosada, cual es la de reclamar por la utilidad del voto a Macri. Este valor es indispensable porque refiere a la probabilidad percibida por un elector de alterar efectivamente el rumbo de las cosas con su sufragio y abandonar, de tal suerte, otras opciones políticas con menores chances de llegar al poder. Dado que en Mendoza el voto a Roberto Lavagna y a José Luis Espert fue relativamente importante (8,2% y 6,3% en las PASO, respectivamente), el líder radical deberá convencer a sus comprovincianos de que deben abandonar alternativas aparentemente en la vía muerta y jugárselas todo por él y, en segundo término, por la reelección del presidente.

En resumidas cuentas, los laureles radicales en Mendoza suman aire al presidente, pero lejos están de constituir el anuncio de ninguna epopeya para su causa. Quizá el único -además de Suárez, como resulta obvio- de sacar chapa con lo sucedido sea el actual gobernador, de quien no podrá discutirse sus pretensiones dentro del partido y, de sobrevivir, también en el armado de la coalición que sostiene al gobierno, cualquiera que fuese su destino luego de octubre. Imposibilitado de continuar siendo profeta en su tierra, tal vez Cornejo opte por predicar en el resto de la Argentina.