Derecho crece pero no cede Decanato a la Manzana Jesuita

Hace ya más de un cuarto de siglo que la Manzana Jesuita fue declarada por la Unesco Patrimonio de la Humanidad, pero el despacho del decano es la única oficina que funciona dentro de este “monumento”, sin contar que también despliega allí sus actividades el Colegio Nacional de Monserrat. Aunque el caso de este instituto educativo es muy distinto porque es una piedra angular en la historia y formación de la manzana; es parte del “monumento”.

Por Gabriel Osman
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derechoLa Facultad de Derecho no deja de crecer en modernas instalaciones en pleno microcentro de Córdoba. Con la reciente inauguración de nuevas aulas sobre calles Caseros, ya lleva levantados más de 15 mil metros cuadrados cubiertos en la manzana ubicada entre las calles Obispo Trejo, Caseros, Independencia y Duarte Quirós. Sin embargo, aún no ha entregado el despacho del Decanato que ocupa en la Manzana a Jesuita.

Hace ya más de un cuarto de siglo que la Manzana Jesuita fue declarada por la Unesco Patrimonio de la Humanidad, pero el despacho del decano es la única oficina que funciona dentro de este “monumento”, sin contar que también despliega allí sus actividades el Colegio Nacional de Monserrat. Aunque el caso de este instituto educativo es muy distinto, porque es una piedra angular en la historia y formación de la manzana; es parte del “monumento”.

La más reciente inauguración son las instalaciones construidas sobre calle Caseros, donde antiguamente funcionaron canchas de paddle. Cuentan con nuevas aulas equipadas con wi-fi, aire acondicionado, recursos multimediales didácticos, departamentos de Notariado (escribanía), Concursos, Dirección de Informática y salas multiuso.



Cuando la UNC se asomó al ciclo que inauguró la reinstitucionalización del país y de más larga vigencia del cogobierno de la Reforma del 18, allá por 1983, el único inmueble propio de Derecho eran las aulas que dan a Obispo Trejo. Luego, en años sucesivos, compró inmuebles colindantes adquiridos con recursos de la UNC.

En el primer edificio adquirido primero funcionaron dependencias de, entonces, la recientemente creada Facultad de Ciencias Químicas. En ese mismo edificio, en las primeras décadas del siglo XX funcionó, para escándalo del centro de la ciudad, albergue-burdel, con un “plantel permanente” de mujeres que desde los balcones, que aún existen, trataban de tentar a los viandantes con invitaciones previsiblemente lascivas.

El progreso inmobiliario de la Facultad, después de aquella primera compra para Químicas, fue durante la presidencia de Carlos Menem. En parte de la década menemista, Derecho contó como decano a Rafael Vaggione, peronista como el riojano. El decano pergeñó una maniobra para conquistar la voluntad de Menem y también la del entonces gobernador de Córdoba, Eduardo Angeloz: darles a ambos una medalla de oro y un diploma de “egresados distinguidos”, una categoría de homenaje creada por el “Rafa” para la emergencia.

El rector de la UNC era el radical Francisco Delich, que se oponía  a la táctica de Vaggione, al punto que sumó a su postura al propio Angeloz, que rechazó el homenaje. No así Menem, que lo aceptó gustoso y también el pedido del decano al gobierno nacional de un subsidio para comprar más inmuebles colindantes.

Vaggione viajó a Buenos Aires –con una delegación de profesores nutrida de radicales, valga aclararlo- en la que el decano le planteó a Menem la difícil situación edilicia de la Facultad donde el presidente se había recibido de abogado y le formuló el pedido de un aporte extraordinario de $ 2 millones (en años de la convertibilidad, eran pesos/dólares), que el presidente rápidamente diligenció. El ministro de Educación, Antonio Salonia, terminó otorgándole la suma requerida, con la sola restricción de que no fuera usada para otra cosa que no fuera la construcción del nuevo edificio, y así ocurrió.

Si bien es cierto que hay una mora de Derecho en entregar la oficina del Decanato –hasta el mismo Rectorado de la UNC se mudó al Pabellón Argentina-, debe reconocerse que esta Facultad no tiene doble sedes, en el centro y en la Ciudad Universitaria, como otras unidades académicas. El caso menos explicable es el de Lenguas: tiene un flamante edificio en el campus y retiene su sede en la segunda cuadra de Vélez Sarsfield, donde se dictan clases para tecnicaturas pagas de pregrado. Estos ingresos son más que la “caja chica” de la Facultad, que distrae un módico porcentaje para el Rectorado y al resto lo embolsan las autoridades de lenguas y el staff de profesores. Estos ingresos rozan la figura de peculado, por supuesto sin distraerse por un momento del principio de autonomía universitaria y gratuidad de la enseñanza.



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