Alberto ante los empresarios: aprobó pero no arrasó

El candidato habló con traje de presidente en la Fundación Mediterránea y se ubicó por encima de la grieta. Deuda, exportaciones, consumo y educación, algunos de los tópicos. Ingresó al almuerzo flanqueado por Roberto Urquía.

Por Bettina Marengo
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Sin la andanada de aplausos que supieron prodigarle a Mauricio Macri en su mejor momento, durante la campaña electoral del 2015, el empresariado cordobés escuchó con interés y algunos adjetivos positivos el mensaje del candidato presidencial del Frente de Todos, Alberto Fernández, en el almuerzo de la Fundación Mediterránea.
“Sólido” y “sensato” fueron dos calificativos enunciados por sendos empresarios de primer nivel que hablaron con el diario Alfil: uno de ellos ex referente de la Mediterránea y con gran ascendente entre sus pares. Aunque a continuación deslizaron algunas objeciones (“esperábamos más definiciones”, “no recordó que cada derecho tiene un costo y que alguien lo paga”, señalaron, por ejemplo, los hombres de negocios), los albertistas dejaron el hotel Holliday Inn donde se realizó el hasta ahora evento político-empresarial más importante del año, con una sonrisa en la cara. Había pasado un examen difícil. Los casi 500 comensales habían escuchado respetuosamente al presidenciable y lo habían despedido con un aplauso módico pero significativo.
Alberto Fernández ingresó al salón de eventos del hotel junto al empresario más importante de la provincia, Roberto Urquía, titular de la multinacional Aceitera General Deheza y ex senador K, quien permaneció cerca del candidato durante todo el evento. Un espaldarazo muy importante que no pasó desapercibido para nadie en el mundo empresarial. Urquía habría sido uno de los gestores del encuentro en la Fundación (es uno de sus vocales), aunque también habría tallado para que el almuerzo se haga posible (y con la magnitud que tuvo) el propio gobernador Juan Schiaretti, que tiene una relación histórica y personal muy cercana al think tank cordobés que fundó Piero Astori y otros empresarios en 1977. Un posible gesto de acercamiento del gobernador que, sin embargo, ayer se fue a la provincia de San Juan y evitó la foto conjunta con el candidato.
Políticamente menos prescindente que electoralmente, lo que quedó expuesto por la presencia de varios ministros de la Provincia en el evento. Tal como anunció este diario el miércoles, estuvo el ministro de Finanzas, Osvaldo Giordano (“bien”, respondió cuando se le preguntó cómo le había caído el discurso del presidenciable) y el titular de Obras Públicas y Financiamiento, Ricardo Sosa, casi un alter ego de Schieratti. Además, se vio al ministro de Agricultura, Sergio Busso, entre otros. Otro dato que llamó a la lectura política fue la presencia del histórico peronista Jorge “Zurdo” Montoya, dirigente de la mesa chica de Schiaretti, junto a los intendentes peronistas.
En tanto, según dijo Alberto Fernández a los medios con los que conversó luego del almuerzo, el miércoles se comunicó telefónicamente con Schiaretti. En esa charla, el propio candidato le adelantó que no estaría ayer en Córdoba por compromisos previos.

Qué dijo
El presidenciable habló con tono de jefe de estado a la flor y nata del empresariado cordobés que, como se dijo, tal vez esperaba más definiciones operativas. Se ganó un punto con ellos cuando afirmó que “hay que animarse a ser empresario en Argentina”, y se cuidó de fustigar individualmente a Mauricio Macri, el dirigente que la mayoría de los presentes abrazó hace cuatro años y por cuya posible pérdida están de duelo. Se mostró por encima de la grieta y por encima de las fuerzas políticas. En todo caso, focalizó las críticas a Macri en el tema endeudamiento y la “producción de pobres”, dos problemas tan ostensibles que ni al más acérrimo amarillo puede enojar su mención. “Magnífico, llamativo, impresionante nivel de endeudamiento del último año”, señaló Fernández, y comparó el pasivo que dejará este gobierno con el que recibió al asumir. Sostuvo que la deuda es un “gran condicionante” para el crecimiento de la economía, y si bien insistió con que no hay margen para no cumplir con las obligaciones externas o pedir “quitas”, se mostró confiado en que no habrá dificultades para estirar los plazos de los pagos, al estilo del modelo Uruguay, mientras la Argentina crece.
En lo que fue un trazo grueso de sus ideas económicas, ubicó la llave de la solución a la falta de dólares al aumento de las exportaciones, tema que prometió cuidar. Exportaciones de materia prima, petroleo, gas e industrializados, sostuvo. En ese punto coincidió con lo presentado previamente por el economista de la Fundación, Marcelo Capello. Sin embargo, dijo que consumir en el mercado interno y exportar no son procesos autoexcluyentes y que Argentina consume el 70% de lo que produce. Ahí regresó a la idea de pacto social: consideró imperioso fomentar el consumo evitando picos inflacionarios. Otra dicotomía que rechazó fue “campo-industria”, aunque destacó que la segunda crea más puestos de trabajo.
Como no sólo de economía vive el candidato, Alberto le dedicó un tiempo a la educación pública y a la necesidad de apostar a las universidades estatales y a la ciencia y la técnica. Enseguida, la oportunidad lo valía, destacó a la UNC y a la bandera reformista del 1918. Al hablar de pobreza y del “fin de los desencuentros”, mencionó al fallecido expresidente Raúl Alfonsín (“aunque se enoje Mario Negri”, chicaneó) y su “ética de la solidaridad”, lo que le valió uno de los dos aplausos que recibió durante su discurso.

Gremios
Por la mañana, junto al titular de la CGT Héctor Daer, Alberto participó del congreso de los trabajadores de la Sanidad que se realizó en el hotel de ATSA en la ciudad de La Falda.