Manejar la novedad

“Pequeña Victoria”, la tira diaria que se empezó a ver esta semana en las noches de Telefé, se adentra en la problemática de la subrogación de vientre e incorpora también entre los protagónicos a un personaje transexual y a una mujer que trabaja como chofer de Uber.

Por J.C. Maraddón
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UberAunque se supone que su contenido debe ser pasatista y que debe poner énfasis en el entretenimiento, el formato de la telenovela suele salirse de ese molde para entrometerse un poco más en la realidad cotidiana de los espectadores. Hasta en los clásicos romances donde la pareja principal está conformada por alguien de la aristocracia y alguien de barrio, como fue el caso de la legendaria “Rolando Rivas, taxista”, aparece un componente social que contextualiza la historia de amor y la dota de un atractivo especial para aquellos que están dispuestos a identificarse con alguno de los personajes de la tira.

Han trascurrido muchos años desde que los culebrones batían récords de audiencia en el prime time de la televisión abierta y eran seguidos todos los días a la misma hora por la familia entera. En cualquiera de los segmentos de la programación, cae en picada el rating de esos medios que tan poderosos fueron durante el siglo veinte, batidos a duelo por las plataformas de streaming y por el atractivo de las otras pantallas –además del viejo televisor- que hoy capturan el interés de las nuevas generaciones. Parece un fenómeno irreversible que terminará abjurando de aquello que durante largas décadas fue el artefacto mimado de los hogares.

Sin embargo, entre los programas que todavía pelean a capa y espada por no perder seguidores, se cuentan las telenovelas, que en medio de la debacle logran porcentajes dignos de encendido y, de paso, mantienen la fuente de trabajo para actores, guionistas, técnicos y realizadores. Junto a los ciclos de preguntas y respuestas, es uno de los rubros que formó parte de la etapa fundacional de la televisión y que ahora, cuando todo indica que el apocalipsis hace sonar sus trompetas, se mantiene en forma con más o menos los mismos recursos argumentales que le dieron origen.



Como han cambiado los tiempos, es lógico que las temáticas de adapten a la actualidad y que se incorporen las perspectivas más recientes sobre cuestiones de género y sobre la maternidad. En ese sentido, “Pequeña Victoria”, la tira diaria que se empezó a ver esta semana en las noches de Telefé, se adentra en la problemática de la subrogación de vientre e incorpora también entre los protagónicos a un personaje transexual, que es interpretado por la cordobesa Mariana Genesio, dentro de un elenco estelar del que participan Julieta Díaz, Natalie Pérez, Inés Estévez, Luciano Castro y Facundo Arana.

Con este enfoque diferente, la novela ha conseguido una difusión extra y, al mismo tiempo, se ha ubicado dentro la vertiente testimonial del formato, aunque esté presentada en tono de comedia y caiga en algunos de los lugares comunes que caracterizan a este tipo de productos. Pero su apego a la cosmovisión que hoy impera, distrae la atención del análisis de un detalle que, por muy menor que parezca, no deja de ser sintomático de los tiempos que corren. Inés Estévez, en su papel de Selva Antúnez, compone a una chofer de Uber. Y eso sí que resulta novedoso.

Mientras la irrupción de esa empresa en  de transporte en las principales ciudades argentinas genera protestas y pleitos judiciales, que una ficción televisiva incluya entre sus roles centrales a una mujer que trabaja con la famosa aplicación, no parece ser un dato inocente de la trama. Puede pensarse que es tan sólo otra manera de ambientar el relato en el más estricto presente. O que es una acción de marketing destinada a familiarizarnos con una novedad que también causa polémica, por más que su trascendencia esté muy lejos de alcanzar los niveles que poseen la aceptación de la diversidad sexual y de la gestación subrogada.



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