A luchar se enseña enseñando

La idea de que alumnos sin clases aprenden algo es un autoengaño digno de brutos y desconsiderados. Los alumnos sólo aprenden cuando hay docentes enseñando.

Por Javier Boher
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enseñaHace un par de años el periodista Javier Cámara escribió un artículo en el que relataba la historia de un interno de la cárcel de Bouwer que había logrado escolarizarse gracias al tiempo que había pasado allí dentro. Una parte del título me quedó grabada a fuego: “a la escuela para comer; en la cárcel para estudiar”.

A la luz del paro docente en Chubut (que se intenta expandir a otras provincias) esa idea volvió a mí. ¿Tanto se ha corrido de lugar la escuela como para que todo el mundo elija ser cómplice de que hoy no cumpla su función primordial?

Ayer se conoció un audio en el que se escucha hablar a uno de los líderes de la protesta docente de Chubut que volvió a dejar en claro que la escuela argentina ha perdido por completo el norte.  “No se pierde el año, quédense tranquilos que todos los compañeros y los estudiantes van a aprender a luchar, que es muchísimo más importante que sabre la raíz cuadrada de un montón de cosas”.



Santiago Goodman, el líder sindical que pronunció la desafortunada frase, parece olvidar todo lo que conlleva el paro. Si los docentes no van a la escuela, los chicos no aprenden, no interactúan con sus amigos y -en muchos casos- no comen. Los padres deben ver cómo resuelven el problema de tener a los chicos en casa, toda una logística que afecta al propio trabajo.

Básicamente, defiende que el derecho de los alumnos sea avasallado por el reclamo de los docentes. Que no se malinterprete: los maestros tienen que ganar bien (siempre que hagan bien su trabajo) para ayudar a que la educación sea de buena calidad.

Pese a ello, el paro no parece ser una buena forma de lograr los cambios que pretenden. La razón es simple: viven en una provincia que paga poco y escalonado, que no intentó revertir el problema por el que no hay clases hace dos meses y en la que el gobernador sale a pedir aumento para la planta política antes que para los docentes. La educación no es su prioridad y la lucha de los docentes no les mueve un pelo. Es más ¿cuántas veces sí lo hizo?

Tengo anécdotas reales sobre la importancia de la formación básica. Por ejemplo, de un pariente político con secundario completo que me pidió que lo ayude a calcular cuántos cerámicos necesitaba para el piso de su habitación, tema de segundo año. Ahí podés usar una raíz cuadrada, Goodman.

También me acuerdo de algún alumno que al nombrarme las provincias puso San Thiago del Estero, o de otro que confundió Chaco con Chubut, como si los yacarés y los pingüinos fuesen intercambiables. Eso sí, todos se saben de punta a punta los reglamentos para faltar cuando hay paro, porque la lucha es más importante que el pensamiento abstracto, la biología, la lógica o la educación cívica.

Hace ya algún tiempo alguien dijo que la constante de “la lucha” en la educación seguía expulsando gente desde los colegios públicos a los privados. Aunque no sea exclusivamente por eso, es real que en muchos lugares los padres prefieren apostar por la educación no como un consumo, sino como una oportunidad de crecimiento personal y ascenso social (gracias Sarmiento por tu persistencia en el éter educativo).

La consecuencia lógica de que las familias que tienen los medios económicos pongan a sus hijos en escuelas privadas (o públicas de gestión privada) es que los que tienen menos recursos para reclamar permanecen rehenes de sindicalistas docentes que extorsionan a políticos de cuarta hipotecando el futuro de los chicos, aumentando la brecha entre los que pueden pagar y los que no.

La lucha dignifica cuando no se comete la indignidad de usar a los estudiantes en beneficio propio, como una herramienta política inerte, sin derechos. Cuando los docentes dejaron de ser educadores para pasar a ser trabajadores de la educación cometieron el error de proletarizarse, adoptando las prácticas, discursos y estética de los que habitualmente le ponen el pecho a las luchas, pero que rara vez las ganan.

Tal vez podrían volver a las aulas -como hicieron con la nefasta operación de adoctrinamiento de Santiago Maldonado- a contarle a los chicos cómo se calcula un presupuesto, cómo se lo ejecuta, cómo se obtienen recursos genuinos para solventar el funcionamiento del Estado, cuáles son los canales para expresar el descontento, qué se elige, cuándo se elige y cómo se elige cuando llegan las elecciones.

En lugar de educar, prefieren luchar. En la lucha, siempre alguien pierde. Si los que luchan son los docentes contra los políticos, al final los únicos que pierden son los chicos.



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