Itinerario del Inspector General de Minas (Segunda Parte)

Por Víctor Ramés
[email protected]

Buenos Aires vista desde la Boca del Riachuelo. Litografía coloreada de 1860. J. D. Dulin.

Seguimos traduciendo directamente de A Mining Journey across the great Andes, relato del viaje del ingeniero en minas Francis Ignacio Rickard publicado en 1863, al no tener a la vista la traducción que hizo César Aira del libro para editorial Emecé, en 1999.
Para conocer el modo de viaje de Rickard cuando atravesaba las postas cordobesas, leemos los arreglos que el ingeniero británico había hecho en Mendoza, al dar inicio el viaje a Buenos Aires:
“Todos los martes un coche que transportaba el correo partía de Mendoza hacia Rosario, camino a Buenos Aires. Aunque uno adore montar a caballo, un galope de mil millas es bastante fatigoso. Y cuando se puede viajar en el coche de tanto en tanto, el resto se vuelve más soportable. Por este motivo aseguré un asiento en el vehículo, y otro para mi sirviente, un francés que hacía las veces de valet y cocinero. El coche pertenece a la misma compañía que une Mendoza y San Juan.”
Tras dejar la primera posta cordobesa, Achiras. entrando al sur de la provincia por el oeste, Rickard alternaba la montura con el asiento del coche, cada tanto. En la siguiente parada tendrá la grata sorpresa de encontrar a un británico.
“El siguiente día de viaje nos llevó hasta Tambito, una estancia y casa de postas que era propiedad de los señores Green, Nicholson and Co., de Liverpool y Buenos Aires. Me sentí feliz de encontrar a un compatriota a cargo del establecimiento, cuya esposa bajita, pulcra y ordenada nos hizo una buena cena y fui acomodado en una habitación principal, la primera civilizada en que dormía después de muchos meses.”
El avance regular del grupo de viajeros le permite seguir uniendo etapas entre la salida y la puesta del sol, y así llegan a una posta que anteriormente se conocía como Paso de Ferreira. Fue un centro importante hasta la fundación de Villa María, pocos años después del paso de Rickard.
“Otra jornada de viaje nos llevó hasta Villa Nueva, entonces el cuartel general del ejército argentino, un lugar moderno y agradable. Fui presentado al Gral. Paunero, Comandante en Jefe de las fuerzas, un gran veterano que tenía la estampa de un soldado español de la Conquista de América.”
El cambio de paisaje es lo próximo que anota el irlandés en su libro, referido a las inmediaciones de Villa Nueva:
“Desde aquí el país abandona su carácter de pampa, al aparecer hermosas arboledas, con amplios espacios abiertos intermedios, cubiertos por una pastura verde brillante parecida al suelo que rodea a una vieja mansión inglesa. De hecho, en cada curva uno esperaba dar con una maravillosa casa, debido a lo civilizada que era la vista.”
Una tormenta nocturna en la pampa es otra estampa que deja anotada el irlandés:
“La noche de nuestra llegada a Villa Nueva fue una de las más tempestuosas que me tocó presenciar en la llanura. La atmósfera estaba muy cargada de electricidad y en el cielo se veía un continuo resplandor de relámpagos. La lluvia cayó a torrentes y los truenos eran tan estruendosos como para intimidar hasta a los indios salvajes. Estas tormentas eléctricas son frecuentes en la pampa a comienzos del verano y a veces pueden ser fatal tanto para hombres como para animales. Pese a la lluvia, estuvimos en camino al día siguiente al clarear y llegamos a Las Tres Cruces a las siete de la tarde.”
Cuando llegan, Rickard y los demás viajeros encuentran que la última posta se hallaba desbordada de visitantes.
“Aquí ya había tres coches grandes atestados de pasajeros y cada pie cuadrado de la habitación de la casa estaba ocupado. Por consiguiente, nos vimos obligados a ubicarnos a la intemperie, junto al coche y sobre el suelo húmedo. Esto fue pasable hasta que, próximo el amanecer, comenzó a llover a cántaros y debimos ponernos a cubierto precipitadamente en la choza más próxima (de las tres que había en el lugar), para sobresalto de los internos que tuvieron que correrse como pudieron sobre el piso. Pude identificar en la Babel de voces varios “Santos Cristos” y otras que indicaban la presencia de italianos, y resultó que había una veintena de frailes dominicos que estaban siendo trasladados a un nuevo asentamiento entre los indios del norte de Salta. Eran muy novicios, en todo sentido, para la vida dura de la pampa. Y como se trataba de hombres pacíficos, no mostraron ninguna resistencia a nuestra entrada forzosa. Más bien se levantaron los que quisieron para permitir que nos acomodásemos como nos fuera posible.”
El camino lleva a Rickard a una posta que el irlandés escribe como “Las Batones” y no es otra que la de Lobatón, a la que arribaron los viajeros “sin ningún incidente extraordinario”. Pero allí aparecen señales de alarma:
“Era una casa de posta fortificada, a poca distancia de la frontera de los indios y próxima al lugar donde mi amigo había sido asaltado por una partida. Encontramos el lugar desierto, por lo que tomamos posesión este y llevamos todo adentro excepto el coche, asegurando la puerta por precaución ante un posible ataque. Estábamos convencidos, al ver la posta abandonada, de que los ‘pieles rojas’ no se hallaban muy lejos. No nos equivocamos, según supimos pocos días más tarde. Pasamos la noche perfectamente a salvo y partimos la siguiente mañana a las tres en punto. Pero no habríamos andado más de dos horas cuando 4.000 guerreros indios cayeron sobre la posta y la destrozaron por completo, quemando la casa y demoliendo la fortificación. La escena de la destrucción fue vista a la distancia por un ‘bombero’ o explorador, quien de inmediato dio la alarma a la fuerza militar más próxima. Las tropas del gobierno marcharon a enfrentar a los pieles rojas pero tardaron demasiado y estos se habían llevado unas 40.000 cabezas de ganado de la provincia de Córdoba, dejando desolación y ruina a su paso.”
Y concluye el ingeniero irlandés, llegando al final de su paso por esta provincia: “Se han tomado activas medidas por el presidente, General Mitre, para mantener a raya a esos clientes conflictivos.”



Dejar respuesta