A los Arcioni no se los vota

La crisis de Chubut suma un nuevo capítulo por el incomprensible pedido de su gobernador para duplicarse el sueldo, pese a que el paro docente ya lleva casi dos meses.

Por Javier Boher
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No parece que sea tanto tiempo, pero ya pasaron doce años desde que asesinaron a Carlos Fuentealba. Fue en abril de 2007 que la policía de Neuquén le quitó la vida mientras formaba parte de un reclamo por el salario docente. Al poco de conocerse la noticia se viralizó un texto que Mex Urtizberea tituló “A los maestros no se les pega”.
Como algunos dirigentes políticos padecen una muy conveniente dislexia, esa máxima mutó en “a los maestros no se les paga”. El gobernador de Chubut, Mariano Arcioni, ganó las elecciones otorgando un aumento de sueldo al que luego no pudo hacer frente, despertando la ira de los docentes chubutenses.
Con la que se acaba de iniciar, ya son nueve las semanas de paro en la provincia patagónica, lo que significa un 25% del total del ciclo lectivo. Aunque la nación ha girado aportes para resolver el problema, el gobernador sigue empecinado en cumplir el mandato que se ha autoimpuesto, que se contradice con lo que prometió para ser reelecto hace pocos meses.
La mala gestión ha llevado a Chubut por el camino de ese extraño vicio de las provincias patagónicas, que no es otro que el de quebrar pese a tener un subsuelo rico en petróleo, lo que les significa un chorro de dinero en regalías. Córdoba no tiene un equivalente por ser el corazón sojero de la patria, y sin embargo administra mejor los recursos de los que dispone.
Pese al llanto lastimero del gobernador por las carencias de su provincia, el ex dasnevista, ex kirchnerista, ex massista y hoy albertista decidió que su sueldo no está a la altura del descollante papel que ha desempeñado al frente del ejecutivo provincial.
Por tal motivo (y para cubrirse ante la terrible inflación que lo golpea como a los maestros, los albañiles o los peones) decidió remitir a la legislatura un proyecto para recomponer su sueldo a través de un aumento del 100%. Ni un correambulancias es tan carancho como el supuesto amigovio de Luli Salazar.
No solamente pidió duplicar su sueldo, sino que además pretende atarlo a un cálculo que lo ubica cinco veces por encima del máximo sueldo de empleado de planta. O estos están explotados y ganan muy poco (cuando finalmente cobran) o Arcioni pretende ganar mucho más que sus comprovincianos. En cualquier caso es una vergüenza, de esa que te enseñan las abuelas cada vez que te repiten que “vergüenza es robar”.
Así, mientras los docentes están de paro y las patotas de los petroleros van a romper los piquetes porque no quieren que se frene la actividad en su sector, los responsables de que los sueldos se paguen de manera escalonada sienten que deben ser premiados por su labor.
Por supuesto que no va a faltar el tiempo de que las personas que sufren las consecuencias de un grupo de bandoleros disfrazados de funcionarios vayan a protestar a Buenos Aires, como hicieron los docentes chubutenses hace unas semanas.
Quizás Horacio Rodríguez Larrea tenga la clave para que Arcioni pueda cumplir con las obligaciones salariales, o tal vez Macri y Frigerio tienen el teléfono para hacerle un llamado y contarle que el lío ya es tan grande que pudo viajar a través de dos provincias hasta llegar a la CABA.
Lo que más llama la atención, sin embargo, es que un político con tan poco sentido común pueda haber sido reelegido hace tan solo un par de meses. Si es tan poco empático como para querer duplicarse el sueldo mientras los docentes llevan 45 días sin clases, asusta pensar lo que podría llegar a hacer si no lo moviera la indiferencia por los trabajadores, sino el rechazo o el desprecio liso y llano.
A fin de cuentas -y después de ver tan patéticas situaciones- si a los maestros no se les pega o no se les paga termina siendo anecdótico. Lo único que debería salir de acá como un aprendizaje básico, por la frecuencia con la que vemos que estas historias se repiten, es que a los políticos así no se los vota. Nunca.



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