Guiñazú y su despedida con un “partido político”

El “Cholo” convocó a una fiesta en su homenaje tras su retiro del fútbol profesional, con una puesta en escena poco habitual pero con aspectos para destacar desde lo comercial, diplomático y social. Perfil ideal para ser tentado desde la política y Talleres así lo entiende.

Por Federico Jelic

Fue una fiesta lo mismo. No con las luces y el fulgor que se presumía en la previa y con las figuras estelares que se anunciaban dentro de las invitaciones, pero lo mismo quedará en el recuerdo de la sociedad futbolera y la general. El tema es ahora entender cómo quedará parado Pablo Horacio Guiñazú, último gran ídolo de Talleres, quien en su partido de despedida dejó en claro que a pesar de no tener la convocatoria presumida en estrellas del firmamento deportivo en el partido homenaje, lo mismo puede ser una marca de respeto, dentro y fuera de la cancha.

Y eso va dentro del ámbito deportivo hasta lo político. Su alcance en lo social superó fronteras imaginadas, por su perfil de maestro, solidario y consejero, aunque también por otros alcances que puede llegar a tener a nivel contactos y en sectores de influencias. Solidaridad, carisma  y política pueden ser armas letales dentro de cualquier contienda.

En Talleres así lo entendieron y por eso dieron apoyo al evento. Es que el escudo del club iba a estar representado en todo sentido, desde con futbolistas del actual plantel profesional que compartieron vestuario con el “Cholo” hasta con viejas glorias de la institución que se acercaron al adiós profesional. Y de hecho, parte de las entradas tenían privilegio para socios a la hora de la adquisición, aunque el criterio del partido era invitar a hinchas de todos los colores de Córdoba. Igual, indefectiblemente Talleres se robó la escena, como se esperaba.



¿Qué será de la vida de Guiñazú a partir de ahora? Ya dejó en claro que no desea ser entrenador ni DT ni manager. Se lo vinculó con algunos sectores empresarios, con vocación de ser representante de jugadores y hasta con algún cargo de formación en las divisiones inferiores. ¿Y tendrá participación también en la vida política de Talleres? Recursos sociales y ahora también empresariales tiene como patrimonio intangible si desea lanzarse. La plataforma se le arma sola.

¿Fue el cotejo despedida de Guiñazú un “partido político”?. Valga la redundancia, algunos así lo interpretaron. De hecho fue casi empresarial y mercantil: el  propio “Cholo” cedió la organización y explotación del homenaje a la empresa Ten Productions, de Buenos Aires, a cambio de un importante monto económico. Y desde aquellas latitudes continuaron la logística general, las invitaciones y la producción. Sobre todo comercial. Quedó en evidencia esa arista justo esa noche en el Mario Kempes, con casi 30 mil personas, cuando irrumpió en escena la primer gran irrupción publicitaria de Uber, sistema de transporte  con plataformas virtuales, en todo el campo de juego. Con esa modalidad ingresó Guiñazú a la cancha, lo mismo que los cambios de los jugadores hasta la pista de Atletismo, antes de entrar a jugar. Sospechoso, sobre todo por el escándalo que se armó al otro día, cuando el sistema “debutó” en Córdoba ante la rebelión de taxis y remises en oposición a la aprobación municipal y los permisos. El “Cholo” lo tuvo antes que todos.

Eso dejó en claro el  Guiñazú: cuando se mueve, puede conseguir lo que se proponga. Lejos de querer pertenecer en el corto plazo a la estructura de Talleres, buscó un alcance más nacional de su imagen y marca, que tantas veces ponderaron desde la Superliga. No solo en rendimiento deportivo, sino en mensajes y  sabiduría. ¿Le dará vuelo a su vocación de intermediario? Pareciera que tenerlo en un cargo de profesor de divisiones inferiores es como escaso dentro de todo lo que puede generar y alcanzar.

Dicho sea de paso, más allá de comerciar los derechos de su partido homenaje, se puso la camiseta de su partido y fue a la caza de la audiencia-convocatoria. Visitó todos los programas de televisión y radio, posó para miles de campañas y no dejó a nadie sin invitar. Bien político. Y bienvenida sea su moción de otorgarle gratis el acceso al partido a los empleados de Talleres  de todas las áreas y a las divisiones inferiores, sin importar categoría. Un acto político, una medida “populista”, que nació en sinónimo de agradecimiento pero que lo mismo se puede emparentar con una demagogia, si uno se pone el traje de “abogado del diablo”.

Es que claro está que algo quedó dentro del cortocircuito con el club. Con algunos jugadores que lo relacionaron con su ascendencia para ser representados por algún allegado suyo. Y también con su intempestiva salida del vestuario para darle forma a su retiro, justo al otro día de la eliminación por Copa Libertadores  ante Palestino y toda la parafernalia que trascendió en el vestuario a la vuelta de Chile (y en Chile).

De todas maneras, desde Talleres el propio presidente Andrés Fassi lo considera como para futuro vicepresidente (ahora el estatuto modernizado habla de cinco miembros con esa función institucional) o embajador deportivo. A pesar de la distancia (tensa en algún momento, sutil cuando hay entendimiento) para  el hombre fuerte de Pachuca la imagen del “Cholo” le representa un paraguas, un escudo, un aliado en pos de contentar al corazón del socio. Será cuestión de ver qué rédito puede sacar Guiñazú de esa nueva relación. Por lo pronto, con su partido despedida, la organización (con algunos detalles que sí mostraron falencias logísticas), la convocatoria de figuras (a pesar de que no llegaron Neymar, Agüero, Serna, pero estuvieron José Pekerman, Diego Forlán y Juan Pablo Sorín, por ejemplo) dejan en claro que tiene su propia marca y  escuadra como para hacerse valer. Al partido “político” lo ganó y no fue de despedida, sino de lanzamiento.



Dejar respuesta