Los empresarios y el Fondo miran al 11 de diciembre

Por Gabriela Origlia

El ministro Hernán Lacunza recién se reunirá con el Fondo Monetario Internacional (FMI) el 24 de este mes y hasta entonces -según indica la lógica- habrá que seguir con la incógnita de si llega a o no el desembolso de US$5400 millones pautado. El vocero del organismo Gerry Rice, definió como “complejas” las condiciones del mercado. “La incertidumbre que hace la situación difícil. Pero estamos comprometidos, nuestras discusiones continúan”. Una frase que no da garantías. Cada vez son más los trascendidos de que el organismo esperaría hasta después de las elecciones.
El Gobierno asegura que se cumplieron con las metas fiscales y monetarias previstas para que se gire ese monto; pero con todo hay dudas de que el directorio ejecutivo apruebe porque la proyección a futuro de la deuda no es optimista. Esperarían a negociar con quien resulte electo.
Con los controles de cambio se recuperó algo de tranquilidad en los mercados, pero todo es día a a día. Sin el giro del FMI al Gobierno le faltarían todavía unos US$ 1500 millones para cerrar el programa financiero de este año.
Mientras tanto en la semana que pasó el Banco Central y la Comisión Nacional de Valores establecieron más controles para que el “nuevo negocio” argentino, el “rulo” (bicicleta financiera), se contuviera. Si bien el desangre de reservas perdió dinámica, no se frenó. Sigue a goteo. La liquidación del campo se sigue haciendo esperar. Por eso hay especulaciones sobre que podría haber una nueva vuelta de tuerca a los controles de cambio.
El Gobierno, para cumplir con los tiempos institucionales, avanzó en el diseño de un presupuesto para 2020, una iniciativa que nace condenada a morir. No sólo porque hay cada vez más dudas de que este Gobierno sea reelecto sino porque ya hubo cambios en la política fiscal y de la monetaria tampoco se puede adelantar mucho porque el “reperfilamiento” de deuda todavía no comenzó. Lacunza lo presentará hoy a los legisladores.
Sin ninguna certeza para los próximos 40 días es casi un acto de fe creer en un diseño para el año que viene. Los últimos presupuestos quedaron en letra muerta en buena parte de su redacción porque se fueron instrumentando nuevas medidas por la crisis: pasó en 2018 y también este año.
Por su lado, Alberto Fernández se presenta con gremios y con la cúpula de la Unión Industrial. En las conversaciones volvieron sobre un tema que no es ajeno a la historia argentina, un pacto social que incluiría el acuerdo de 180 días para congelar precios, salarios y despidos. Todos los enunciados son frágiles e inciertos; el equipo económico del candidato tiene varios voceros y no siempre (casi nunca) coinciden en los temas de fondo.
Lo cierto es que ya entre los empresarios la atención está puesta más en Fernández que en Macri. Más allá de las preferencias personales e institucionales, miran a después del 10 de diciembre y la mayor incertidumbre es el rol que jugará Cristina Fernández. El cabeza de fórmula, por su lado, se esfuerza por mostrar su lado más dialoguista. En ese rol se lo verá esta semana en Córdoba un territorio que le sigue siendo adverso.
El economista Carlos Melconián -quien fue parte del equipo de Mauricio Macri y se reunió también con Fernández- enunció una duda que es la que comparte la mayoría del mundo económico local. “No sé qué camino tomará en caso de asumir la Presidencia: si el de la moderación o el timón populista”, planteó.
Usó una figura muy didáctica: “La situación financiera del país es como una teta de la que maman tres terneros. Uno de los terneros es la dolarización de portafolio, los ahorristas que guardan en dólares y transaccionan en pesos, y del cual salen 300 millones de dólares por día. El segundo ternero es la deuda, tanto local como internacional, en dólares y en pesos, que se nutrió de la leche que mandaba el fondo (FMI). Quedaban por entrar US$5.400 millones de acá a fin de año y está por verse”.
“El tercer ternero son los dólares que sacaron los ahorristas de su casa por miedo a que se los roben y los metieron al sistema bancario, y en estos momentos agarra miedo de no saber dónde dejarlos. “La leche no alcanza y hay que decidir a qué ternero se la das”, definió.



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