Peronismo licuado para un peronismo fuerte

De la Sota fue alejando al PJ de sus símbolos hasta dar origen al partido moderno detrás del sello Unión por Córdoba.

Por Alejandro Moreno
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José Manuel de la Sota perdió una elección por la Intendencia de Córdoba y otras dos por la Gobernación hasta conseguir la gran victoria que anhelaba. En su camino fue descubriendo que en una provincia con un antiperonismo muy acentuado, la clave para ganar era atenuar sus atributos de justicialista. Paradójicamente, con esa estrategia convirtió al PJ cordobés en un partido sólido y de poder, dos características de las que el peronismo careció, en simultáneo, desde 1946.
El proceso de licuación de la simbología peronista se advierte en las estructuras políticas con las que De la Sota fue compitiendo electoralmente con el paso de los años.
El 30 de octubre de 1983, De la Sota, con el sello del Partido Justicialista, disputó la Intendencia de la ciudad de Córdoba contra el radical Ramón Bautista Mestre. Era la lista 2, la de los dedos en V, la de la Marcha y los emblemas más tradicionales del peronismo. De la Sota hizo campaña con algunas propuestas que luego llevaría a cabo como gobernador (como el boleto estudiantil gratuito o el concepto del “nuevo estado”), pero también apoyado sobre la herencia industrialista del primer peronismo y el discurso de la “liberación” setentista. Perdió.
Tras romper con el entonces jefe provincial Raúl Bercovich Rodríguez, el 6 de septiembre de 1987 fue candidato a gobernador por el Frente Justicialista de Renovación, una alianza que conformaron el PJ y el Partido Demócrata Cristiano. De la Sota no solo sumó un socio político que lo obligó a inscribirse con una denominación más digerible para los cordobeses (la palabra “renovación” siempre es optimista), sino que llevó como compañero de fórmula a un extrapartidario, el empresario Enrique Gastaldi. Algunos fantasmas históricos del peronismo podían alejarse de las urnas, habrá pensado. No pudo frenar la reelección de Eduardo Angeloz, pero quedó a una distancia menor a cinco puntos sobre los votos positivos.
El 8 de septiembre de 1991 intentó por segunda vez desbancar a Angeloz y volvió a fallar por un margen mayor que cuatro años antes (a los cordobeses les cuesta recordarlo pero votaron el tercer mandato de l radical con una mayoría del 52 por ciento de los votos positivos). El PJ construyó un abanico de aliados que, desde la derecha y hacia la izquierda, incluyó al Partido Federal, a Acción Para El Cambio y al Movimiento Patriótico de Liberación. El revoltijo fue la Unión de Fuerzas Sociales, etiqueta que ya no tenía ninguna referencia al partido fundado por Juan Perón. Nuevamente el candidato a vice fue un extrapartidario, aunque no surgido de la industria sino del sector rural, Carlos Briganti.
El 20 de diciembre de 1998 De la Sota logró su objetivo: ganar la Gobernación. Su rival ya no fue Angeloz, sino Mestre, quien lo había vencido 15 años antes por la Intendencia. Para esa elección, cerró una alianza con el partido que representaba la derecha cordobesa, la Unión de Centro Democrático, y otra vez con Acción Para El Cambio. La marca de la sumatoria fue Unión por Córdoba, sello que repitió en sus triunfos de 2003 y 2011 con distintos socios de mucha menor relevancia que la Ucedé heredera del viejo Partido Demócrata. La campaña publicitaria fue novedosa y muy desprendida de las insignias del peronismo tradicional. La larga permanencia del radicalismo en el poder hizo crisis y De la Sota estuvo atento para capitalizarla, pero para seducir a los votantes antiperonistas despejó todo lo que pudo al PJ del centro de la escena, que la ocupó con la nueva alianza.
Con menos peronismo en las marquesinas, De la Sota consiguió que los cordobeses compren lo que les ofrecía, que no fue otra cosa que el peronismo, con su flexibilidad ideológica (prometió privatizaciones y achicar el Estado, pero no lo hizo) y sus espectacularidades de campaña (la ganchera aunque regresiva propuesta de rebaja impositiva del 30 por ciento).

Prehistoria e historia
Más allá de las opiniones que generen sus tres gestiones en el gobierno provincial, es indudable que De la Sota quedó en la historia como el constructor del peronismo moderno. Es el mismo papel que le tocó desempeñar en la Unión Cívica Radical a Amadeo Sabattini, fundamentalmente desde que en julio de 1935 derrotara en la interna a Agustín Garzón Agulla y en la general de noviembre al demócrata José Aguirre Cámara. Para los radicales, la época anterior a Sabattini es la prehistoria, e incluso muchos de los principales dirigentes de entonces son ignorados. La UCR previa a Sabattini, cuando le tocó gobernar, terminó en el desorden y sufrió la intervención política del jefe nacional, Hipólito Yrigoyen. Eufrasio Loza asumió en 1916 y renunció un año después enfrentado a su vice Julio Borda; Enrique Martínez abandonó la Gobernación para ser vice de Yrigoyen y su reemplazo, José Ceballos, cayó por el golpe de 1930. Sabattini le dio definitivamente a la UCR el perfil laico, republicano, con democracia interna, gestor y popular al cual se remiten los radicales cuando buscan un modelo.
La prehistoria peronista es igualmente traumática. El primer gobernador, Argentino Auchter, fue elegido en 1946 e intervenido por la Nación un año después en medio de un escándalo político con su vice, Ramón Asís. El segundo, Juan Ignacio San Martín ganó las elecciones de 1948 en medio de las denuncias de los radicales porque carecía de domicilio en la provincia de Córdoba. La gestión le interesó menos que asumir como ministro de Aeronáutica cuando Perón lo llamó a hacerlo. Atilio Antinucci completó el mandato y luego fue el turno de Raúl Lucini, quien fue desplazado por la Revolución Libertadora de 1955. En todo ese tiempo, el partido en Córdoba estuvo intervenido. En 1973 asumió Ricardo Obregón Cano, quien perdió la Gobernación con el Navarrazo que bendijo Juan Perón.
De la Sota es el fundador del peronismo moderno en la provincia de Córdoba. Despejado de mucha de la simbología tradicional -concepto que incluso profundizó su continuador, Juan Schiaretti- el peronismo se hizo fuerte en una provincia que incluso en esta época de restauración del populismo en todo el país, resiste como una isla anti-K.
Finalmente su muerte, inesperada, lo convirtió a él mismo en el primer prócer partidario de ese peronismo moderno.



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