No sólo por amor al arte

Invitado para una entrevista abierta en el marco de la Feria del Libro y el Conocimiento, el escritor Sergio Olguín, quien también se desempeña como guionista, invitó a sus colegas cordobeses a sumar apoyos para la flamante Asamblea Autoconvocada de Escritores.

Por J.C. Maraddón
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En la industria del cine estadounidense, que representa el corazón de ese negocio multimillonario a escala mundial, se verificó un antes y un después de la huelga de guionistas que se extendió a lo largo de tres meses entre noviembre 2007 y febrero de 2008. Dos sindicatos de escritores, que nucleaban a doce mil afiliados, motorizaron esta medida de fuerza para conseguir mejoras en los términos de sus contratos, en una decisión que tenía como antecendente un planteo similar en 1988. Sólo que en los inicios del siglo veintiuno, a las puertas del boom de las plataformas de streaming, las consecuencias fueron trascendentales.
Para el ámbito cultural,las derivaciones de los últimos avances en el campo de la tecnología han posibiltado el establecimiento de conductas monopólicas por parte de aquellos que ahora se arrogan el manejo de las principales vías de distribución de los contenidos. Y es contra esa fuerza avasallante que los artistas, nunca demasiado afectos a las demandas colectivas, se han visto obligados a hacer oír su voz, para no quedar afuera del reparto de las ganancias provenientes de un circuito productivo del que ellos son el engranaje inicial, pero donde a la vez suelen ser el eslabón peor retribuido.
Hoy los grandes estudios saben que, para hacerse de los servicios de los guionistas más cotizados, deberán respetar las condiciones económicas que regulan los nuevos acuerdos, con montos que se estipulan por tratativas entre las empresas y los representantes gremiales. Más allá de que siempre son los directores y los actores protagónicos de las películas y las series los más cotizados en cuanto al cachet, en la actualidad está claro que para garantizar la continuidad de una tira o la taquilla de un filme, es fundamental la tarea de guionar esas historias que luego atraparán al público.
Pero, a pesar de los avances que han significado las protestas de este tipo en el reconocimiento de la tarea de aquellos que aportan historias por escrito en un mundo dominado por lo audiovisual, todavía sigue siendo ingrata esa profesión, ya que los autores literarios generalmente no gozan de los derechos básicos que trabajadores de otros rubros hace rato disfrutan. Y si eso no ocurre en Hollywood, cabe preguntarse cuánto menos satgisfactoria será la situación de esos creadores en este extremo del planeta, donde la crisis económica ha arrasado incluso con las conquistas laborales que llevaban décadas de vigencia.
Invitado para una entrevista abierta en el marco de la Feria del Libro y el Conocimiento, el escritor Sergio Olguín, quien también se desempeña como guionista, invitó a sus colegas cordobeses a sumar apoyos a la flamante Asamblea Autoconvocada de Escritores, que lanzó un petitorio refrendado por numerosas firmas. Dirigido “al futuro Presidente de Argentina”, el escrito puntualiza reclamos como la restitución del Ministerio de Cultura, la creación del Instituto Nacional del Libro, la promoción de la lectura y la revisión de las condiciones tributarias, previsionales y de seguridad social de los profesionales de la pluma.
Por el momento, tres referentes literarias locales como María Teresa Andruetto, Eugenia Almeida y Perla Suez, han manifestado su respaldo, aunque Olguín puntualiza que es necesario que se profundice el carácter federal de esta convocatoria. En asambleadeescritores.blogspot.com/ se receptan las adhesiones a esta iniciativa, que viene a sumarse a otras dirigidas en el mismo sentido: la necesidad de que todos los estamentos de la cultura cuenten con las garantías legales para que vivir de su trabajo no sea una utopía. Y para terminar de una vez por todas con ese mito que obliga a muchos profesionales a dar muestras de su talento sólo por amor al arte.



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