Pintar las pasiones

A los 72 años, falleció el sábado pasado en Madrid el cantante melódico español Camilo Sesto, y con él se despiden los recuerdos de un tiempo en que hablar de amor se había convertido en una de las formas de escaparle a la censura dictatorial, tanto en España como en Argentina.

Por J.C. Maraddón
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Con sólo señalar el papel central que le da Quentin Tarantino en la banda de sonido de “One Upon A Time In Hollywood” a la versión de Los Bravos de “Bring A Little Lovin’”, basta para dimensionar la importancia global que esa banda de rock española tuvo a mediados de los años sesenta. Su vocalista, Michael Kogel, era alemán, muchos de sus hits eran interpretados en inglés y la mayoría de sus grabaciones fueron producidas desde Francia, pero eso de ninguna manera le resta a la península ibérica el mérito de haber aportado al panorama rockero de esa época una formación por demás recordada.
Sin embargo, la dictadura de Francisco Franco, que no dejaba nada librado al azar, iba a tratar también de mantener sujeto a sus caprichos a ese movimiento musical que afiebraba a los jóvenes en todo el mundo y que resultaba un peligro para ese régimen gobernado por el Generalísimo desde 1939. Por eso, más allá del deslumbrante éxito internacional de Los Bravos (y algo de sus contemporáneos Los Brincos), no se registran otros grandes aciertos dentro de este género que se hubieran originado en España, hasta que la movida engendrara una camada que sacudiría esa modorra y devolvería a los rockeros españoles la difusión internacional.
Pero durante esos años intermedios, lo que caracterizó a la música española fue el continuo aporte de voces melódicas que conquistaban el mercado Iberoamericano y que en algunos casos se proyectaban hacia el resto de Europa. Canciones románticas, que ponían el acento en cuestiones de amores antes que en la denuncia social, conformaban lo más granado del repertorio de estos vocalistas, cuya repercusión en la Argentina fue notable en aquel tiempo. Sólo comparables en cuanto al suceso a sus pares italianos del mismo periodo, esos artistas marcaron a varias generaciones y venían con frecuencia a actuar a la Argentina.
Algunos díscolos, como Joan Manuel Serrat, Luis Eduardo Aute o el legendario Paco Ibáñez, manifestaban en diverso grado en su lírica la oposición al autoritarismo franquista. Pero el resto de estos cantautores, como Raphael, Dyango, Julio Iglesias o José Luis Perales, por citar sólo algunos nombres más conocidos, preferían referirse en sus letras a las infinitas sensaciones suscitadas por los vpinculos amorosos, a través de historias y reflexiones que despertaban una identificación universal. Y si alguna vez ampliaban su discurso hacia otros horizontes, lo hacían detrás de conceptos abstractos como la libertad o la felicidad, con el objetivo de evitarse problemas ulteriores.
Como uno de los más notorios compositores e intérpretes de esa edad dorada de la música melódica española, Camilo Sesto ha sido responsable de varias piezas claves en la memoria discográfica de quienes hayan atravesado la década del setenta en su recorrido vital. “Algo de mí”, “Melina”, “Jamás”, “Fresa salvaje”, “Vivir así es morir de amor” o “¿Quieres ser mi amante?” han sido, a lo largo de distintos momentos de su carrera, dardos sonoros que dieron en el balnco del gusto popular y que sonaron muchísimo en esta parte del planeta, donde las radios de amplitud modulada reproducían esos temas una y otra vez.
A los 72 años, Camilo Sesto falleció el sábado pasado en Madrid, y con él se despiden los recuerdos de un tiempo en que hablar de amor se había convertido en una de las formas de escaparle a la censura, en España y también en Argentina. Como Camilo Blanes, su verdadero nombre, firmó no sólo sus propias canciones, sino también las que escribió para José José, Ángela Carrasco, Manolo Otero o Miguel Bosé. Y, en esos raptos de inspiración, pintó a su manera los afanes sentimentales tal como se los concebía en aquel cada vez más lejano siglo veinte.



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