Los hits cristalizados

El sábado pasado, en el Teatro del Libertador, la Orquesta Sinfónica de la Provincia, con lucimiento del pianista italiano Giulio Biddau como solista, abordó un repertorio organizado de manera cronológica, para enlazar a tres genios del romanticismo europeo como Robert Schumann, Johannes Brahms y Antonin Dvorak.

Por J.C. Maraddón
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Al reflexionar sobre la manera en que escuchamos hoy las composiciones del siglo diecinueve, resulta tentador imaginar cómo será percibida dentro de algunas décadas aquella música que iluminó la segunda mitad del siglo veinte. Y preguntarse si esas categorías tan generales con las que se cataloga lo “clásico” o lo “sinfónico”, sin discriminar etapas ni compositores, tendrán sus equivalentes dentro de un tiempo, cuando tal vez se hable de “rock” o “pop”, sin entrar en detalles acerca de los nombres de los artistas ni de los subgéneros, esas etiquetas que tan importantes nos parecen en la actualidad para entender de qué estamos hablando. En aquella época de grandes compositores, cuyo talento ha sobrepasado los límites que impone la coyuntura para tornarlos inmortales, no existía aún una industria discográfica que difundiese las grabaciones de sus obras. Lo que circulaba, en todo caso, eran las partituras, para que diferentes cuerpos orquestales y solistas las interpretaran en los teatros. Era un circuito casi artesanal, que tiene muy poco que ver con lo que ocurrió en la pasada centuria, cuando los autores pasaron a ocupar un segundo plano, en tanto que los músicos que tocaban y cantaban las canciones fueron elevados al estatus de ídolos. Sin embargo, cuando ya dobla el codo la segunda década del siglo veintiuno, ese vínculo entre la gente y las expresiones musicales como el pop y el rock parece estar cambiando; y las bandas sonoras de algunas series y películas parecen demostrar cómo es el nuevo contrato que se establece entre quienes produjeron alguna vez esas canciones y quienes las consumen ahora. Son temas que evocan un momento determinado de la historia (colectiva o personal), aunque muchos de los que las disfrutan hoy no sepan muy bien cuándo se produjo su apogeo ni quién es el responsable de su versión original. Esto explicaría fenómenos en crecimiento, como las fiestas temáticas o las bandas tributo, que reúnen a un público juvenil, cuyo objetivo es la celebración de una circunstancia del pasado tan excitante que sus consecuencias todavía son dignas de aprecio. La propuesta no deja de parecerse a un concierto sinfónico: quienes asisten no son contemporáneos de los compositores de esa música y hasta pueden ignorar los detalles acerca del contexto en que fue creada, pero se entregan al embeleso de la recreación de esas piezas y participan de la ceremonia atraídos por el magnetismo de un espectáculo que alguna vez fue la manifestación más excelsa de su tiempo. El sábado pasado, en el Teatro del Libertador, la Orquesta Sinfónica de la Provincia, con lucimiento del pianista italiano Giulio Biddau como solista, abordó un repertorio organizado de manera cronológica, para enlazar a tres genios del romanticismo europeo como Robert Schumann, Johannes Brahms y Antonin Dvorak. De este último, se escuchó completa la “Sinfonía N° 9”, conocida como “Del Nuevo Mundo”, escrita durante la permanencia del autor de origen checo en la ciudad de Nueva York. Según el propio Dvorak, allí se aprecian influencias de los folklores de su tierra natal, además de los negro spirituals y canciones aborígenes estadounidenses. Es decir, aquello que en la actualidad entendemos como algo cristalizado en una partitura a la que los instrumentistas deben ajustarse estrictamente, alguna vez fue un sonido vivo, producto de intercambios culturales que en ese momento carecían de la velocidad de la que ahora nos provee la web. Se puede suponer entonces que a esos hits que tarareamos porque nos acompañaron en momentos clave de nuestras vidas, tal vez les espera un destino parecido. Y que algunos de los atisbos de ese proceso de congelamiento ya se advierten con solo repasar la agenda de actividades de los fines de semana.



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