Una larga marcha a la altura de octubre

La marcha a favor del gobierno fue el evento más importante del fin de semana, aunque a esta altura ya parece que van más a buscar una derrota digna que la victoria.

Por Javier Boher
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¡Buen día, amigo lector! ¿tuvo tiempo para ver algo de política el fin de semana o decidió aprovechar el solcito para no prestar atención a nada de lo que está pasando? Después de una semana corta que no ahorró en dichos, cruces y chicanas, lo felicito si eligió lo segundo. Si eligió lo primero, seguro la movilización del sábado no se le pasó por alto.
Parece que la gente que apoya al gobierno decidió ponerle algo de épica y de sangre a la campaña de oficinista que diseñaron el Hombre-niño y el gurú de pelo azabache. No sé cómo será en Ecuador, pero acá hay que ejercitar los músculos en la calle, porque si te dejás estar con eso el peronismo te pone entre dos panes y te almuerza con chimi.
Hace dos años lograron parar la bronca saliendo a la calle y terminó convertido en el triunfo de medio término. Capaz esta vez se confiaron de más y esperaron a que los sacaran a pasear como a pariente de visita para darse cuenta de que las ilusiones necesitan más que spots de políticos sin corbata tomando mate en una casa de piso de tierra.
Hay que ser claros: la plaza llena es en la capital nacional del macrismo, su bastión de resistencia, no en un pueblo del medio del Reino de Formosa, en el que si no votás al monarca absoluto te sacan hasta el revoque de las paredes. Aunque allá no se movilicen, capaz ver un video de la plaza llena les sirve para animarse a un pequeño acto de desobediencia al orden feudal.
Quizás se minimiza el efecto porque fue en el puerto cosmopolita, pero la Muda del Frente de Todos metía un acto por semana con el aniversario de la inauguración de la canilla de plástico o por la caja de manzanas que regalaban como cuna, pagado con la plata de los hospitales, para que pareciera que la gente la amaba.
Pese a esa cuestión tan local, los votantes del gobierno desparramados en el país necesitaban un mimo para no sentirse solos. Algunas veces alcanza con un caramelito, tanto para endulzar el día como para salir a fiscalizar en octubre: si es verdad que faltaron fiscales en dos de cada diez mesas, no sé qué esperan para despedir al responsable del área. El utilero de la selección de basquet femenino fue más digno: reconoció el error que les valió la eliminación y renunció. Teléfono para vos, Peña.
Aunque esto les levante la moral a los cambiemitas, es como encontrar plata en un bolsillo a día 25 de mes: capaz te alegra el finde y te comprás un asadito, pero el sueldo va a seguir sin alcanzarte hasta que cobres de nuevo. Así de pobre está hoy el gobierno en su camino a las generales. Pese a todo, la marcha inyectó algo de vida en esa golpeada facción del electorado.
Además, accidentalmente volvió a marcar una línea entre los dos bandos que están a cada lado de la grieta. Bastaba leer algunos comentarios de los sesudos intelectuales pro Alberto para darse cuenta de que meten más pose pobrista que las supermodelos que van a sacarse fotos con nenes desnutridos usando remeras de Unicef.
Es notable la gerontofobia que cargan algunos, que se reían del promedio de edad de la concurrencia. Está claro que se parecía más a un recital de Raúl Lavié que al Lollapalooza, pero eso tampoco quiere decir que valga menos. De hecho, la última vez que lo revisé, el artículo 37 de la constitución seguía diciendo que el voto es universal, igual, secreto y obligatorio. Capaz los viejos sólo les gustan como consigna de campaña, no como sujetos de derecho.
Además hay otra cosa que les molestó bastante a los divinos adoradores del progresismo clasemediero intelctualoide: la plaza “es del pueblo”. ¿Qué se supone que es la gente que sale a la calle? ¿aristócratas? ¿marcianos?. Esa compulsión por definir como pueblo sólo a las clases populares es uno de los tics autoritarios que tiene parte de nuestro espectro político, que a través de una parte de la clase dirigente ama apropiarse de los consumos y la renta de las clases altas para decirles que son los responsables de todo lo malo que tiene el país.
También hay que reconocer que daba algo de ternura ver los tuits de dirigentes de izquierda diciendo que sólo la clase obrera puede movilizarse. Después no pasan el 3% de los votos, pero son la vanguardia revolucionaria que pretende obligar al sindicalismo peronista a convocar a un paro general y al gobierno a cancelar el trato con el FMI. No quiero sonar cristinista, pero por lo menos ganen una elección fuera de un centro de estudiantes, camaradas.
Qué quiere que le diga, amigo lector. Para mí esto no va a tener mucho futuro en las urnas, pero quién sabe. Remontar 15 puntos en el país y 20 en provincia de Buenos Aires es como tener que ir a la altura de La Paz a remontar un 2 a 0 de local. No es imposible, pero sí es muy poco probable. Tal vez esta movilización fue como esas mochilas de oxígeno o el viagra que les dan a los jugadores para que corran un poco más: o lo dan vuelta o terminan muerto de un infarto. Esperemos a ver qué pasa en octubre.