Schiaretti, presionado a definirse por fórmula F-F

Todos los gobernadores peronistas han adherido, antes o después del 11 de agosto, a las fórmulas F-F, por lo que la excepcionalidad existe en la postura distante del gobierno provincial en la puja presidencial.

Por Gabriel Osman

Si las adhesiones de Juan Schiaretti han sido tutelando lo intereses de la provincia, el novedoso y sorprendente escenario que sobrevino al 11 de agosto lo debería llevar a repensar su estrategia de neutralidad formal en las elecciones presidenciales. Neutralidad formal decíamos porque una pública y un tanto ampulosa cena con Mauricio Macri había mellado su prescindencia, fundamentalmente si se la compara con la ausencia de un hasta protocolar pocillo de café con su reunión en El Panal con Alberto Fernández.
Pero la provincia no debería ser una ínsula en las elecciones generales del 27 de octubre y, menos todavía, en el ciclo institucional que se abrirá el 10 de diciembre. La expresión “Córdoba es una isla” fue acuñada por Eduardo Angeloz cuando era gobernador pero en formato reivindicativo. Lo que se dice isla en términos de confinamiento fue durante los ocho años de Cristina Kirchner en el poder.
Todos los gobernadores peronistas han adherido, antes o después del 11 de agosto, a la fórmula F-F, por lo que la excepcionalidad existe en la postura distante del gobierno provincial en la puja presidencial. Sin ser decisiva como lo fue en 2015, Córdoba sigue siendo macrista, como lo indica el porcentaje y el diferencial más alto del país (48 y 18 puntos porcentuales en uno y otro caso). Esto autoriza la neutralidad de Schiaretti. Pero ¿hasta cuándo?
En la primera semana tras la derrota de Cambiemos, el Banco Central perdió 3.900 millones de reservas, el riesgo país llegó al récord de 1.900 puntos, el Merval cayó 48% en la jornada posterior al comicio (la segunda caída más grande en 70 años) y varios etcéteras más. Lo que va a pasar en las semanas sucesivas hasta las elecciones del 27 de octubre o hasta el 10 de diciembre podría ser color negro caoba. El escenario, en resumen, es tan distinto que obliga a repensar estrategias. Entre ellas, la neutralidad del gobierno provincial.
El más reciente golpe de timón lo dio el gobernador de Misiones, Hugo Passalacqua. Lo empujó el triunfo de A. Fernández pero también el costoso experimento que allí tuvo la lista corta que presentó el mandatario bajo el manto de abstención en la pelea presidencial: 85 mil misioneros (sobre un padrón de 800 mil electores) votaron la oferta electoral de los Fernández, que también pusieron en el sobre la lista corta del gobernador. La consecuencia fue que se anuló el tramo de diputados de las dos boletas.
¿Que prevalecerá? ¿La duradera amistad de Schiaretti con el presidente o la lectura de los intereses de Córdoba? Se supone que la segunda alternativa, quedando abierto el formato: un alineamiento formal y expreso o una adhesión tácita, dejando hacer al ideólogo del ensamble, el presidente del Partido Justicialista cordobés, Carlos Caserio.
Es que, como se sentencia en ajedrez, en posiciones inferiores no hay jugadas buenas. Encima, Macri le ha sumado torpezas a su posición, denunciando fraudes y afirmando que hasta ahora prácticamente no ha pasado nada, sin contar que los mercados votan todos los días. “He entendido el mensaje”, dijo escuetamente Felipe González tras su primera derrota electoral a manos del Partido Popular allá por lo ’90. Vidal declaró el lunes 12 algo parecido. El presidente, todo lo contrario.
Macri no sufre el síndrome del “pato rengo”, salvo que está cojo de las dos piernas. Las PASO no definieron formalmente casi nada, tampoco la profundidad de la crisis del macrismo. Un prestigiado periodista le llamó “alienación” al estado en que se encuentra Macri. Clínicamente puede ser una calificación certera. En lenguaje político el diagnóstico podría ser más severo.



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