Que venga lo que viene

La semana pasada, en un bar de barrio Güemes, se realizó un encuentro podcastero cordobés promovido por la plataforma local Parque, dedicada a producir y distribuir contenidos de ese formato, al que se le adjudican propiedades inigualables que le garantizarían una inminente popularidad.

Por J.C. Maraddón
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Hace 50 años, cuando la misión Apolo 11 posaba por primera vez al hombre sobre la superficie lunar, las conjeturas acerca de futuros viajes espaciales se dispararon hasta conformar la fantasía favorita de los soñadores. Mucho había colaborado la ciencia ficción en esa tarea, a través de libros y películas que imaginaban a terrícolas habitando colonias en la Luna, en Marte o en cualquier otro cuerpo celestial que les diera albergue. Se creyó en aquel entonces que el paso de esas utopías al plano de lo real era inminente, una suposición que el tiempo se encargó de desmontar con su crueldad habitual.
La misma Guerra Fría que había alentado la competencia entre el bloque soviético y los Estados Unidos para ver qué bandera flameaba (es un decir) primero en nuestro satélite, derivó luego hacia una amenaza nuclear que exigió la fabricación de arsenales y el establecimiento de escudos de protección que absorbieron un enorme porcentaje del presupuesto bélico de ambas potencias. Las naves tripuladas que partían hacia el espacio exterior abandonaron el centro de la escena y, aunque siguieron surcando la galaxia, perdieron aquel encanto que había encandilado a la humanidad, con sus promesas de llevarnos al infinito y más allá.
Así, en el último medio siglo se desdibujó una epopeya que, se creía, iba a mantenernos en vilo a lo largo del tercer milenio. Y de la misma manera que tal desilusión caló hondo en la credibilidad de esas profecías futuristas de mediados de la pasada centuria, hubo posteriores deslumbramientos que encendieron luces de esperanza y que, tiempo después, quedaron desactivados debido a órdenes superiores o a los avatares de la cruda realidad. Y es que los avances teconlógicos obran de formas misteriosas, al punto que el desarrollo hoy omnipresente de internet y de la telefonía celular, no llegó a ser predicho con antelación.
Por supuesto, también han existido casos de flujo y reflujo. Por ejemplo, los viajeros de excursiones marcianas reclutados por Elon Musk nos retrotraen a aquellas crónicas que vislumbró en su momento Ray Bradbury, de la misma manera que los autos inteligentes elaborados por la compañía de ese magnate parecen surgidos de un relato fantástico de varias décadas atrás. Nada indica que aquellos antiguos destinos de grandeza, que quedaron truncos por razones varias, no puedan ser retomados luego, para volver a representar una meta deseable, de manera idéntica a lo que alguna vez significaron en el imaginario de la gente.
Tal vez por habernos prefigurado tantas veces un futuro que luego terminaba siendo desechado, cuesta tomar en serio ciertas opiniones que anticipan “lo que se viene”, como si hubiera una dirección irreversible en la evolución de las cosas. Y algo de eso sucede con el formato del “podcast”, al que se le adjudican propiedades inigualables que le garantizarían una inminente popularidad. Esos archivos de audio sobre temáticas diversas, que existen desde hace casi 20 años, han ingresado en los últimos meses en una dinámica de crecimiento cualitativo y cualitativo que los ubica como el soporte mediático que mayor potencial posee.
La semana pasada, en un bar de barrio Güemes, se realizó un encuentro podcastero cordobés promovido por la plataforma local Parque. El objetivo era relevar la incidencia regional del fenómeno, dimensionar su magnitud y encontrar puntos de contacto entre todos los que producen y escuchan este tipo de propuestas. A juzgar por la cantidad de gente que se dio cita, entre la que se destacaba una mayoritaria presencia juvenil, podría pensarse que el podcast está en condiciones de satisfacer las expectativas que ha desatado. Pero quizás lo mejor sería tener paciencia y esperar que la tan mentada explosión podcastera se concrete.



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