Luciana Salazar, curiosa portavoz del Frente de Todos

Las primicias de la vedette y bailarina la convirtieron en objeto de la conversación de la última semana, con valiosa información obtenida de primera mano.

Por Javier Boher
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Se nos está poniendo dura la cosa, amigo lector. Los politólogos, sociólogos, podólogos, todólogos y analistas de diversa índole erramos fiero en los pronósticos de las últimas elecciones. Las encuestas funcionaron con la precisión de un GPS, pero de los que salen en las noticias cuando mandan a los turistas por cualquier lado para que terminen sodomizados en una favela.
Los que estuvieron más cerca fueron los economistas, que siempre dicen que todo va a estar peor en el futuro. Para ellos es bastante más fácil predecir resultados en este país: no importa qué pase en el medio, cada vez que nos descuidemos vamos a ser un poco más pobres y un poco menos felices. Así parece funcionar la cosa por estos lados.
Pese a que todos los analistas erraron peor que Maldonado tratando de cruzar el río, hubo una señora que tuvo todas las primicias antes que el resto. Arrancó el domingo de las elecciones, unos diez minutos antes de que se den los primeros datos oficiales. Luciana Salazar, Luli Pop, tiró los resultados antes de que Frigerio dé la cara.
Con tanta gente haciendo sus interpretaciones sobre el “fraude” (que no fue otra cosa que mala fiscalización), ese datazo de que el Capitán Beto estaba 15 puntos arriba de Gatricio (y que el Mini Sandro economista le estaba sacando un poco más a la Heidi de Hierro gracias a los votos del Congourbano) pasó más desapercibido que Wally en un banderazo de Instituto.
Eso sí, cuando el sábado todo el mundo estaba terminando el almuerzo y se preparaba para el cafecito, mandó un tuit que levantaron rápidamente los operadores: “Me acaban de informar que importante gobernador se sumara al proyecto FF. Guarden este tweet!!”.
La rubia vedette estaba anticipando una primicia que esperaba todo el mundo desde el mismísimo domingo a la noche: el gobernador de Córdoba estaba precalentando para meter el garrochazo al bando de los Fernández bis.
La sobrina de Palito Ortega se anticipó a los medios especializados, a las cuentas oficiales, a los periodistas que salieron a pedir la cabeza del hombre-niño Peña e incluso a las tarotistas de Villa El Libertador. “An inside job”, dirían en esas películas en las que huelen un infiltrado.
La gran incógnita ahora es de dónde partió esa información, porque en ese ambicioso entrecruzamiento entre el mundo de la farándula y el de la política es esencial determinar quién está con quién, qué es lo que busca largando ese dato y a quién va dirigido, todo para saber quién se lleva los porotos por el rating del affaire.
La vedette-cantante-modelo se las rebusca para seguir con su circo habitual de no decir con quién está saliendo, una escenificación que en dos décadas sólo se interrumpió cuando anunció que estaba con Martín Redrado.
Que sea la ex novia del ex presidente del Banco Central -eyectado del mismo al negarse al pago de deuda usando reservas- generó todo tipo de elucubraciones sobre un posible reencuentro, especialmente porque el Ken ensamblado en la Salada aprovechó para echarle toda la culpa del cimbronazo del lunes al mal humor de Miauri, que en un arranque despótico habría querido hacer pagar a los argentinos su falta de lealtad.
Aparentemente eso es historia antigua, por eso ahora se anda diciendo que su “saliente” es un personaje del Frente de Toddy. La danza de nombres se puso más frenética que cuando hay que definir los 23 para la lista del mundial, un poco para buscar culpables y otro poco para darle una palmada en la espalda.
El primer nombre que tiraron fue el de quien gobierna el pago chico sarmientino, Sergio Uñac. Otros apuntan a Kicilove, y se pasan por alto que está casado (y que seguramente no le gustan las rubias pulposas después de la pregunta de Virginia Gallardo en Polémica en el Bar).
No importa tanto quién se ha robado ese frívolo corazón, sino que está decidido a operar a través de una mediática que tiene llegada a más de 1,3 millones de personas en sus redes sociales, tanta gente como una ciudad de Córdoba de analfabetos funcionales de la política.
Si la primicia de la Mata Hari justicialista es real (permítame la licencia, porque aunque técnicamente no sería una espía queda bien el paralelismo con la bailarina y meretriz europea, sin abrir juicio de valor sobre esas prácticas) todo lo que se desprenda del salto del hombre de la campera roja va a ser de lo único que se hable en los próximos días.
Quizás la información provista sería mejor si estuviese acompañada por fecha del garrochazo, negociaciones en torno a la lista corta, confección de listas negras o cómo lidiarían con el tema de una virtual futura vicepresidenta que se ha peleado con casi todos los que la apoyan para que ocupe ese excelentísimo trono que lleva cuatro años sin uso (porque Gaby Michelin siempre se lleva el suyo).
Ya le digo, amigo lector, que esto era lo único que nos faltaba en una campaña que tiene todos los ingredientes para convertirse en un juego de mesa de esos de intriga, en los que hay que adivinar quién es el asesino: hay espías, periodistas conversos, vedettes, políticos acomodaticios, injerencia de poderes extranjeros, guitarristas, bonos, acciones, dólares, cárceles, impuestos y no sé cuántas cosas más.
Si hasta acá la cosa deparó sorpresas, después de ver todas esas fichas, actores y escenarios, mejor ni detenerse a imaginar todo lo que nos falta. Vamos a esperar que Luli tuitee de nuevo pronto.



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