Albertismo cordobés, una estrella en ascenso (sin líder local)

El Frente de Todos cosechó en las PASO 30 puntos en Córdoba. Más del doble de lo que el FpV logró en las primarias de 2015. Este crecimiento se explica en diversos factores, y entre ellos uno de los principales es la figura de Alberto Fernández, que ofreció a los cordobeses una entrada “más amable” a la oferta K. Pero ¿quién tomará el timón del albertismo en la provincia?

Por Felipe Osman

El sábado 18 de mayo todo el país se levantó asombrado por una jugada inesperada que sacudió el tablero de la política nacional. Cristina Kirchner anunció a Alberto Fernández como su compañero de fórmula, al tiempo que avisaba ella misma bajaría al segundo escalón de la boleta. Ignacio Fidanza definió el movimiento como un “enroque de reina”. CFK aportaba, por lejos, el mayor capital político (por no decir todo). El ex jefe de gabinete contribuía, por su parte, con su perfil de hombre de diálogo. De articulador de consensos. De centro.
Fernández se convertía así en la puerta de entrada a la oferta electoral K para todos los que no estaban dispuestos a pagar el precio de una capitulación ante Cristina, pero que necesitaban concentrarse en torno al principal centro de gravedad del justicialismo para retener sus feudos. Llámense gobernadores, llámense intendentes del Conurbano Bonaerense, llámense Sergio Massa.
Pero a esta apertura –impostada o no, se verá pronto- del kirchnerismo, se sumó el rechazo que la administración de Mauricio Macri ha acumulado en el último año, incluso en una provincia tan proclive a acompañarlo como Córdoba. Y Alberto Fernández, que leyó esto, prestó especial atención a Córdoba, viajando cuatro veces a la provincia durante la campaña.
El surgimiento de un incipiente anti-macrismo en Córdoba, la estructura que Carlos Caserio facilitó a Fernández en el interior por medio de un armado del que participó nutrido grupo de intendentes, y la perseverancia del precandidato para sumar en la provincia encontraron como resultado un capital político considerable amasado (casi) de la noche a la mañana, duplicando las cifras del Frente para la Victoria en las PASO de 2015.
Ese capital político, del que ahora el presidenciable bien puede presumir, se encuentra sin embargo huérfano de un liderazgo local.
El albertismo se asienta en Córdoba sobre el partido Parte, cuyo titular a nivel local es el ex legislador Enrique Asbert. Cuenta, además, con el apoyo de un puñado de gremios que integran su mesa sindical, y con dos grupos de profesionales/académicos que colaboran con el armado de la campaña y la fiscalización, y fungirían de semillero para cargos en reparticiones nacionales de confirmarse el triunfo que la fórmula F-F consiguió el pasado domingo en octubre.
Más allá de esta pequeña estructura, el albertismo no cuenta en Córdoba con una organización de envergadura y, más grave aún, no cuenta con un referente con peso propio, con un líder local alrededor del cual construirla.
Aún así, desde Buenos Aires destacan que el espacio no responderá a un comando múltiple, y esperan construir (o encontrar) un liderazgo fuerte en torno al cual deberá articularse. Lo contrario -entienden- sería repetir el mismo error que el kirchnerismo cometió en Córdoba, en donde las tribus k jamás lograron cohesionarse detrás de un abanderado.

Grupos
Aunque la campaña está formalmente en suspenso hasta el 7 de septiembre, en el Frente de Todos se profundiza una diferencia discursiva entre sus componentes.
Mientras las agrupaciones más identificadas con el kirchnerismo puro y duro entienden que tras la victoria lograda el 11-A es momento de intensificar las críticas hacia el Gobierno Nacional, dos grupos que integran el albertismo cordobés, el grupo Bulevar y el grupo Montevideo, integrados por académicos y profesionales respectivamente, tendrán a cargo difundir un discurso más moderado, reflejando la imagen de un Alberto Fernández comprometido con aportar gobernabilidad a la actual administración.



1 Comentario

  1. Si tuvieramos que tomar a los resultados de las PASO como una tendencia, se podría anticipar que
    Alberto Férnandez sería ungido como Presidente y Cristina Fernandez su vice. Ahora, el domingo por la noche en el local de festejos Porteño del Frente de Todos, se observó una curiosa situación. Por un lado enfervorizados Kirchneristas gritaban «¡Volveremos, volveremos!», pero por otro lado el GANADOR de las elecciones PASO, decía enfàticamente en su discurso que…..: «NO VENIMOS A REINSTAURAR UN REGIMEN, SINO A CONSTRUIR UNA NUEVA ARGENTINA». Es decir que consideraba al gobierno pasado como UN REGIMEN y que no tenía intenciones de REINSTAURARLO. ¿Que van a hacer los que quieren «volver»? ¿Estaremos ante una nueva «grieta»?
    Por otra parte Diosdado Cabello, ninguneó a Alberto Fernández, cuestionando su LEGITIMIDAD ya que considera que el VERDADERO PODER lo ostenta OTRA persona. Ante esta actitud despectiva a la imagen del eventual presidente, no se ha visto u oido a NADIE del espacio Frentre de Todos y ni siquiera de su «mentora» politica, Cristina Fernández desmintiendo y salvando la imagen de Alberto Fernandez como eventual jefe de gobierno. ¿Será que el dictador Diosdado Cabello, sabe ALGO que los Argentinos no sabemos?Basta recordar que Alberto Fernandez considera al gobierno de Maduro como AUTORITARIO Y VIOLADOR DE LOS DDHH a la luz del informe de Bachelet al que el adhirió expresamente. ¿Hay disidencias respecto a Venezuela? Al final se apoya o no a esa dictadura.

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