Manipular la voluntad

Netflix acaba de estrenar “The Family”, una serie que desentraña el funcionamiento de una organización vinculada a intereses religiosos, cuya particular interpretación de los preceptos cristianos induce a sus miembros a contactarse con el más alto nivel de la clase política.

Por J.C. Maraddón
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El cimbronazo provocado por la elección presidencial de 2016, en la que se impuso Donald Trump, es algo que la sociedad estadounidense todavía no consigue digerir, aunque ya han pasado tres años de aquello, y por más que el mandatario ya ha superado un bienio ejerciendo su magistratura. Que alguien llegado desde fuera de la política, con propuestas contrarias a la corriente de corrección en el pensamiento que parece predominar hoy, esté al frente del Ejecutivo y sea el responsable del rumbo del gobierno, ha generado la inquietud de conocer cómo es que semejante despropósito ha podido suceder en una de las naciones más poderosas del mundo.
Uno de los sectores desde donde mayor oposición se ha planteado en contra de Trump es el de la cultura, que es también donde se forja la imagen que desde el exterior tenemos acerca de la potencia norteamericana. La avalancha de música y de producciones audiovisuales estadounidenses que consumimos a lo largo de nuestra vida, termina por delinear en nuestro imaginario la construcción de cómo es ese país y cuáles son las costumbres de quienes lo habitan. Sin haber pisado jamás su territorio, podemos hacernos así una composición aproximada de sus características esenciales.
Que sea ese ámbito el que nos brinde los elementos para comprender la idiosincracia estadounidense, nos condena a permanecer perplejos ante un fenómeno como el de Donald Trump, que de ninguna manera encaja dentro de los parámetros de respeto a las libertades individuales y tolerancia que solemos ver reflejados en las películas que miramos y en las canciones que escuchamos. Lo más probable es que nos estén faltando datos de esa Norteamérica profunda a la que el sueño hollywoodense no acostumbra a reivindicar, y que es de donde quizás provienen los votos que en su momento consagraron la candidatura del multimillonario.
En la oferta de contenidos vía streaming se ha hecho más visible esa paradoja, a partir de documentales que posan una mirada crítica acerca del sistema que posibilitó el acceso a la presidencia de Donald Trump; y de varios de sus predecesores que no llegaron a tener tan mala prensa. En mayo nos despabilábamos con los pormenores del mecanismo electoral en los Estados Unidos con “Knock Down the House”, una película acerca del rutilante ascenso de Alexandria Ocasio-Cortez como representante demócrata en el Congreso. Y más recientemente, “The Great Hack” alimentó la paranoia generalizada, al develar cómo el big data busca intervenir para torcer la opinión pública.
Ahora, Netflix acaba de estrenar “The Family”, una serie de cinco capítulos que desentraña el funcionamiento de una organización vinculada a intereses religiosos, cuya particular interpretación de los preceptos cristianos induce a sus miembros a contactarse con el más alto nivel de la clase política. No conforme con captar en su seno a dirigentes de los dos partidos mayoritarios, esta fraternidad invisible ha extendido su influencia hacia el exterior, a través de una prédica espiritual que encontró oídos atentos en líderes de diversos continentes, sin reparar en que sus gobiernos tengan un origen democrático o dictatorial.
Por supuesto, Donald Trump figura allí como el último eslabón de una cadena de favores, que según “The Family” involucra a casi todos los presidentes, desde los años cincuenta hasta la actualidad. Sería esta otra manera de explicar el estelar desembarco de Trump en la Casa Blanca, de la misma manera que antes habíamos conocido el lado oscuro de la maquinaria electoral y la inescrupulosa recopilación de nuestros datos en la web. Tal vez, lo que restaría develar sea cómo la democracia más consolidada del globo ha sido permeable a todos estos manejos. Es decir, cuánto puede ser manipulada la voluntad mayoritaria, que es la base del sistema representativo, por obra de la tecnología… o de la fe religiosa.



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