Baglini invertido tensa la cuerda entre gobierno y oposición

Las urgencias de un gobierno en su ocaso, y las necesidades de un gobierno que aún no amanece, reformulan el teorema de Baglini y empujan la polarización a sus extremos.

Por Javier Boher
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En un par de horas, y sin mucho disimulo, Macri y Fernández dejaron en claro que no tienen intenciones de encarar el último tramo de la carrera con responsabilidad. El deseo de ayer transmutó en la desilusión de hoy.
Como si estuviesen en un proceso de medir al rival (algo ilógico para la fase de campaña en la que hemos entrado) las chicanas y las exageraciones parecen haberse apoderado de los más fundamentalistas dentro de cada bando.
Ayer a la mañana Macri anunció medidas paliativas de neto corte electoralista, en línea con eso de “poner plata en el bolsillo de los argentinos” que reclamaba Alberto. Como si este último fuese gobierno, rápidamente la oposición descubre que esa idea pone en riesgo los delicados números de la economía nacional que pretenden conducir en algunos meses.
En una extraña reversión del teorema de Baglini, el kirchnerismo que quiere ocupar el gobierno debe morigerar el tenor de sus promesas, sabiendo que probablemente llegue. Como contracara, un gobierno que debe contener las expectativas y reordenar los números pasa a prometer como los candidatos sin chances de llegar al enfrentarse a su virtual retirada (transformando su manotazo de ahogado en una riesgosa política que puede convertirse en la tierra arrasada que dejó Belgrano cuando ordenó el éxodo jujeño).
Esa maniobra de irresponsabilidad fiscal (como la que reconoció haber puesto en marcha Cristina Fernández para ganar las elecciones de 2015) lleva al extremo la contradicción discursiva del Frente de Todos y Juntos por el Cambio. Los primeros se quejan horrorizados por el anuncio de medidas con lo que prometían hasta hace menos de siete días.
Los segundos, por su parte, doblan sus mandamientos tecnocráticos en un intento de recuperar la iniciativa para ganar en octubre, sabiendo que su núcleo duro antikirchnerista está dispuesto a tolerar esa claudicación doctrinaria para dar pelea y evitar la retirada.
En lugar de llamar a la cordura para garantizar la paz social y cambiaria, todos siguen actuando como candidatos de una elección que parece definida, dejando de rehén a toda una población que no conoce de signos políticos cuando llega el momento de aguantar las consecuencias de la crisis.
Tras dos días de pedir que el macrismo se comporte según las normas del institucionalismo anglosajón primermundista y llame a Alberto Fernández, ante la insinuación presidencial de que se pondría en contacto con él, el candidato del Frente de Todos aseguró que no hay nada que hablar, ya que tienen en mente dos modelos de país diferentes.
Quizás algo de trato cordial por compromiso democrático sea mucho pedir a la actual cara visible de un espacio que rechazó entregar los atributos de gobierno hace cuatro años. Aunque el presidente luego anunció por twitter que se pudo comunicar con su principal rival, poco se conoció de esa conversación más que lo que cada uno estuvo dispuesto a compartir, un relato ficcionalizado que en realidad no deja tranquilo a nadie.
La polarización no cedió, y aunque la mayoría de la gente se pronunció por dejar atrás esa divisoria de aguas, las minorías intensas de cada espacio han avanzado en una peligrosa dialéctica de negarle entidad (bajo justificaciones de supuesta falta de humanidad o racionalidad) a las aspiraciones, deseos o visiones de país que tiene su rival, todo en un contexto de incertidumbre política. En una actitud incomprensible, los mismos que dicen que con su conferencia Macri le puso una pistola en la cabeza a la ciudadanía, lo torean con que no se anima a apretar el gatillo. Demencial.
Mientras el dólar sigue escalando y las medidas anunciadas llegan con algunos meses de demora, nadie parece estar a gusto con la situación actual. Paradójicamente, todos abrazan con pasión su posición, empeorando la situación colectiva y agotando las opciones de salida a la crisis. La actitud infantil, caprichosa y soberbia de dos líderes que pretenden tener las riendas de un país en permanente conflicto marcan el ritmo al que marchan sus huestes de redes sociales.
Lamentablemente, nada parece augurar un buen futuro, especialmente porque aquella máxima del general Perón de que el enemigo no merece ni justicia se ha convertido en bandera tanto de seguidores como de detractores. Tristemente, todos saben que las víctimas siempre terminan siendo las que no militan en ningún bando, cosa que hasta ahora tampoco parece importarle a nadie.



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